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Festival Altaveu – Sant Boi de Llobregat (Barcelona)

La Perra Blanco

El festival de Sant Boi de Llobregat llegó a su última jornada volviendo a anotarse un éxito de convocatoria (más de veinte mil personas pasaron por los diferentes escenarios durante los tres días de actuaciones). Su heterogénea programación volvía a poner en valor propuestas arriesgadas combinadas con artistas consolidados, pero interesantes en ambos casos. Darse una vuelta por la ciudad durante el certamen es todo un gustazo si tienes interés en la música, ya que se podía visitar una exposición dedicada a las tribus urbanas, pasear por la feria del disco o encontrarte con la presentación de un libro. Que la muestra no tenga más incidencia en el ecosistema musical de Barcelona responde más al ombliguismo de los que creen que solo se cuecen cosas en el centro de la ciudad condal, que a la falta de atractivo.

Nuestra primera parada nos llevó al pequeño teatro de Cal Ninyo. Un bonito espacio para realizar conciertos de aforo reducido, con una magnífica acústica, donde queríamos encontrarnos con Juana Everett, que venía a presentar su excelente nuevo trabajo Past Lives in California, editado por esos buscadores de joyas que son Great Canyon Records (que fueron unos de los galardonados en los premios Altaveu de este año). La madrileña salió a escena acompañada por el exquisito Pere Mallén a la otra guitarra, un show que se iniciaba con la esplendorosa «Bring Me Back», pero un problema técnico hizo que no brillara como se merecía, algo anecdótico teniendo en cuenta lo que vendría después: una Everett en su esencia de americana radiante, folk rock de Laurel Canyon y acústico noventero.

Juana Everett

Llevándonos a un viaje por su última obra con paradas en la serpenteante oscuridad de «One Million Dollars», en la solidez de «Roulette» o en lo bien desnudada que quedó «The Janitor». Un set desde lo orgánico, regado por la exquisitez de cada nota, arreglo o slide con que trufaba Mallén cada canción. Otro punto a favor fue que Juana realizase una pequeña contextualización del porqué de la existencia de cada composición; le dio un toque enriquecedor. Brilló la adaptación del estándar «Long Black Veil», popularizado por Johnny Cash, The Band, Joan Baez… —aunque ella misma confesó que su versión preferida es la de The Chieftains con Mick Jagger— y el colofón con un homenaje a Dolly Parton, arrancándose con el «Jolene» para cerrar un notable repertorio que refuerza la credibilidad de la propuesta de Juana Everett.

Una hora más tarde, nos dirigimos al escenario central en la Plaça de l’Ajuntament para presenciar una apuesta segura en cuanto a música en directo se refiere: La Perra Blanco. Su poder de convocatoria ha ido creciendo desde la publicación de su última obra (Love & Fears) y quedó patente desde el primer momento, ya que el espacio estaba prácticamente lleno. Subió al escenario al ritmo de «Raining Love», rhythm & blues soulero, para enrolarse primero con su voz y posteriormente enchufar su guitarra en el punteo bluesero que significaría el chispazo que iba a encender toda la actuación. Porque actualmente Alba Blanco conforma un cáustico (ahora) quinteto que es puro fuego encima de las tablas, donde sabe controlar los tempos: puede abrirse en canal para sus destellos más soul, como sacar las garras para abarcar la quintaesencia del rockabilly.

No puedo dejar de destacar el crecimiento de sus nuevas composiciones en vivo, como la aguerrida «Devils in my Bed» o la ambientación fronteriza que consiguieron en «Sin Amor» con una monolítica percusión, dejando espacio al desparrame de sus inicios con la canónica «It’s Fun But It’s Wrong». La andaluza pudo desplegar todo su arsenal de virtuosismo, fraseos desbocados, bajar al público… todo gracias a unos acompañantes que la llevan bien arropada, donde destaca el equilibrio entre el garbo del saxo de Gerard Vercher y el brutal desarrollo técnico del contrabajo de Guillermo González. Los aullidos de «Supersonic Lover» marcaban el final de los sesenta minutos, suficientes para una plena conexión con el público. La Perra Blanco sigue con un show efectista que atrae a curiosos y foráneos del estilo, que consigue complicidad, sudor y baile, y que, elucubraciones estilísticas aparte, ¿no va de esto el rock’n’roll?.

091

El concierto que cerraba el festival era café para muy cafeteros: 091, una de las formaciones básicas para el asentamiento del rock en castellano, que, por encima de su propia obra, desde su Granada natal, definieron una nueva e influyente senda para entender el rock que posteriormente mucha gente asimiló a pies juntillas. Este 2026 siguen siendo noticia al brindarnos un valioso nuevo trabajo (Espejismo nº 9) y una gira en la que están recibiendo una excelente respuesta. Con puntualidad santboiana, el quinteto saltó al escenario con su característica elegancia y sobriedad a ritmo de «2000 Locos» y «Zapatos de Piel de Caimán». Un sonido perfectamente pulido, pero afilado, una oda a la válvula y a la analogía, tan real y vivo que podía llegar a abrumar.

Huyendo de la nostalgia de saldo, la primera parte del concierto tuvo como protagonista su última obra, donde canciones como «No Tiene Sentido Escapar» o «Antes de que Salga el Sol» encajan perfectamente en un set list tan valioso como el que atesoran los nazaríes, y cortes como «Algo Parecido a un Sueño» ya directamente entran en su olimpo compositivo, con una intro en la que Jose Ignacio Lapido nos abrazó con cada rasgueo que daba. Tampoco se arrugaron con un medio tiempo como «Vestida de Nube», en la que Jose Antonio García volvió a mostrar su pericia vocal. Pocos vocalistas pueden cantar bien, modular perfectamente y dar sentido a unos textos con tanta enjundia como los de 091. Tampoco había que olvidar que habían venido a repasar su historia: «La Calle del Viento», «Este es Nuestro Tiempo» y la aclamada «Qué Fue del Siglo XX» cerraban el set. Posteriormente salían solos a escena Lapido y García para empezar una desprovista de artificio y cadenciosa versión de «La Canción del Espantapájaros», para a continuación unirse el resto de la banda y acabar la fiesta con «La Vida que Mala Es». La formación granadina volvió a demostrar la importancia dentro de la historia musical patria, pero con una declaración de intenciones clara: que no son esclavos de su legado y que tienen mucho que ofrecernos todavía.

Texto: Vicente Merino

Fotos: Ray Molinari

 

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