
Uno de los valores del magnetismo escénico consiste en saber controlar el ritmo emocional de la audiencia que tienes delante, generando una interacción constante no solo a través del impacto sónico que recibe el espectador, sino también trazando una conexión verbal. Esas características forman parte del ADN de la formación de Albany, alejándose de la encorsetada presentación post-hardcore al uso y contando, además, con un valor añadido como su cantante, Patrick Kindlon, cuya comunicación está cargada de ironía y humor negro.
Tras 15 años de trayectoria, Drug Church debutaban en Barcelona, y también en los clubes de nuestro país, en una fecha que suponía el cierre de su recorrido europeo. ¿Encontraríamos a una banda motivada o agotada?

Previamente los barceloneses Nunnery se subieron al escenario entre la distancia del publico expusieron ese hardcore combativo de mirada agresiva y perfil melódico en el tratamiento de los coros, son veteranos y por lo tanto supieron mantener el tipo, y por supuesto disponen de una comunidad de fans que los arropó para crear la conexión con los que no prestaban interés, consiguiéndolo. Sonaron potentes y efectivos dentro del género.
Sonó un hit de Daft Punk y Drug Church aparecieron en escena. De primeras, se percibía esa sensación de encontrarse por primera vez, tanto para la banda como para el público. Patrick se sinceró desde el inicio sobre el estado de su maltrecha garganta y solicitó ayuda vocal por parte de los asistentes cuando la necesitara. Con ese parámetro se rompió la tensión de lo desconocido, arrancando con Million Miles Of Fun, Fun’s Over y World Impact del tirón, todas pertenecientes a su trabajo Hygiene (2022), un disco al que no volverían durante el resto de la noche.
PRUDE (2024) es su última referencia, pero no acaparó el protagonismo del set (en ese sentido, Cheer de 2018 salió vencedor), sino que actuó como parte de un hilo conductor entre lo alternativo y el post hardcore que nutre toda su discografía. Aunque, en parte por la ecualización escogida desde la mesa, optaron por la contundencia en detrimento de las estructuras más trabajadas y llenas de matices que albergan sus composiciones. Eso sí, salieron vencedores en cuanto a la respuesta del público: pogo y stage diving continuos, pero controlados.

La mezcla de agresividad, melodía y sentido del humor que caracteriza a la formación de Albany, asociada a unas letras que miran tanto a la sociedad como a cuestiones personales, nos lleva a la respuesta de la pregunta expuesta anteriormente, que no es otra que una mezcla de ambas opciones: una banda que dio todo lo que tenía después del agotamiento autoimpuesto por una larga gira.
Para finalizar, y en modo observador, me resulta imposible no hacer referencia a la camiseta de The Mighty Mighty Bosstones que lucía Patrick. Sin duda, es un buen momento para recuperarlos y valorarlos en su justa medida como una formación influyente.
Texto: Oscar Fernández Sánchez
Fotos: Álvar Luis Gabaldà






