
Torremolinos suele evocar turismo de playa, hoteles y todo lo que asociamos a la Costa del Sol. Sin embargo, durante los últimos días de agosto, la localidad se convierte en el escenario de uno de los festivales más singulares de España: Canela Party.
Esta fiesta de tres días, que nace en Málaga en 2007 y que el año próximo celebrará 20 años, tiene una forma de entender el público y la música que no se parece a la de ningún otro.
La edición de 2026 ha apostado fuerte por las guitarras, del punk al art-rock, al hardcore al noise, con nombres como Man/Woman/Chainsaw, Rufus T. Firefly, Basement, Speed o Deafheaven, aunque también abrió espacio al flamenco de Ángeles Toledano o al pop psicodélico de Melody’s Echo Chamber. Una combinación que podría parecer extraña, pero que funciona perfectamente dentro de un festival que hace de lo inesperado una de sus principales virtudes.

Y es que el Canela no destaca solo por el cartel. La lluvia de confeti que de repente explota en el aire y queda flotando sobre el público hace que todo parezca surrealista y mágico. El día de disfraces lleva ese espíritu lúdico todavía más lejos, convirtiendo el recinto en un desfile de personajes insólitos, con referencias que van del cine al arte y a la música: La cabina de Antonio Mercero, Yayoi Kusama, Viagra Boys, Devo, la portada de Mellon Collie and the Infinite Sadness, Angine de Poitrine, Super 8 de Los Planetas…
Un Carnaval musical en el que reconocer o preguntar por un disfraz y comentar cómo alguien ha conseguido realizarlo forma parte de la experiencia. Incluso en los pogos y el crowd surfing se mantiene ese ambiente de complicidad: mucha energía, pero también mucha amabilidad. Sin solapes, además, se pueden ver todos los conciertos sin tener que elegir entre uno y otro. En un panorama de festivales tan saturado como el actual, el Canela consigue crecer sin masificarse: con dos escenarios y 16.500 personas este año, mantiene la misma sensación de cercanía.

El jueves, Geordie Greep presenta su álbum solista The New Sound llevando el caos sonoro de black midi hacia terrenos más expansivos y sofisticados, entre jazz, samba, rock progresivo y disonancia. Friko, añadido de última hora, es el descubrimiento del día: fuzz, nervio, melodías abiertas y una versión de ‘Ceremony’ de Joy Division que confirma una referencia post-punk ya evidente. Maruja pasa de la intensidad a la apoteosis, con el saxo de Joe Carroll protagonista y un mensaje de amor, solidaridad y esperanza que atraviesa todo el concierto. A seguir, el industrial hardcore con ecos de Oriente Medio y letras sobre violencia, religión y racismo de Prostitute resulta especialmente impactante.

El viernes empieza de la mejor manera con Gazella, cuya mezcla de shoegaze, psicodelia y kraut crece especialmente bien en un escenario grande. FUET! lleva el hardcore al límite, mientras Weird Nightmare muestra la faceta más luminosa de Alex Edkins, lejos del noise de METZ. Mannequin Pussy alternan rabia punk y vulnerabilidad, con Marisa Dabice al frente en uno de los conciertos más intensos de la jornada. High Vis se mueven entre hardcore, nu-metal y melodías casi britpop, mientras su cantante habla con franqueza sobre sus propias dificultades relacionadas con la salud mental. La Paloma
gana cuerpo y volumen, con pogos que van creciendo hasta unir escenario y pista. Mala Gestión despliega su mezcla de punk, actitud macarra y sentido del humor y termina invitando a Las Petunias al ritmo de ‘Smack My Bitch Up’ de Prodigy para cerrar el concierto con una gran fiesta colectiva. MAQUINA. cierra la noche llevando krautrock, techno industrial, noise y punk a un terreno puramente físico, con un público completamente desatado que pide más cuando llega el final.

El sábado, día de disfraces, el punk directo y sin filtros de Sandré, vestidos como los excéntricos personajes de The Rocky Horror Picture Show, genera una sucesión de mosh pits y crowd surfing, con Dandy Piranha de Cervatana como invitado y Rosa Pagès que acaba saltando sobre el público. Wavves empieza más melódico de lo esperado, entre surf pop y garage, antes de estallar en una segunda mitad de guitarras rápidas y cervezas por el aire. El synth-pop de Nation of Language, disfrazados como el mago Merlín, lanza un hechizo de nostalgia ochentera que llena la pista de baile. Carolina Durante despliega un show ambicioso, con una puesta en escena de gran circo cuidada hasta el último detalle. Upchuck protagoniza uno de los conciertos más explosivos del día, con una mezcla de punk, hardcore, garage e hip-hop y la actitud abiertamente combativa de Kaila “KT” Thompson al frente.

Están los grupos, los escenarios, los disfraces y el confeti, pero lo que hace especial al Canela es una idea bastante sencilla: miles de personas que vienen a escuchar música y pasarlo bien. La gente es amable, en la entrada, en la barra, delante de los escenarios y por las calles de Torremolinos es fácil reconocerse entre “canelxs”; los organizadores están atentos a cualquier necesidad y el público parece entender perfectamente que se puede montar un mosh pit y seguir cuidando de quien tienes al lado. Quizá por eso, después de los frenéticos días del Canela Party, Torremolinos ya no parece un lugar tan improbable.
Texto: Ilaria Messina
Fotos: Meritxell Rosell






