
El co-líder de Water From your Eyes consolida su proyecto paralelo This is Lorelei con una de las joyas de la cosecha americana de este año, The singer in my band. Al guitarrista denveriano afincado en Brooklyn Nate Amos no le basta con coliderar uno de los fenómenos más potentes del rock alternativo de los últimos años (así es como los define el New York Times), la banda de querencias experimentales Water From Your Eyes. Desde 2024 ha publicado dos discos con un proyecto paralelo en solitario que demuestra tres cosas: que no puede evitar ser un poco cursi con los nombres, que tiene un rango de gustos e influencias amplísimo y que nunca falla. Porque The singer in my band, el tercer disco que This is Lorelei sacan el próximo 11 de septiembre, es tan radicalmente distinto a su otra banda como los dos anteriores, y tan bueno o incluso mejor.
He leído que este es un disco escrito en la carretera cien por cien.
Sí, se gestó en los momentos de aburrimiento estando de gira, en esos momentos que esperas un avión o te quedas mirando por la ventana de la furgoneta, soñando despierto, imaginando músicas y letras. La gran mayoría de las canciones las compuse de forma interna, por así decirlo, en mi mente, sin usar instrumentos ni ordenadores, cosa que nunca había hecho. Antes siempre empezara con un sonido, un patrón, lo que fuese. En esta ocasión lo hice imaginándolo todo en mi cabeza.
Pero eso suena demasiado intangible.
Sí, es difícil de explicar porque fue un proceso inusual, raro, si quieres. Lo normal es coger la guitarra y empezar a buscar la forma de plasmar las ideas que te van viniendo a la cabeza.
¿Pero tomabas notas o grababas cortes de audio para tener alguna referencia cuando entrases a grabar?
A veces. Pero casi siempre, las ideas de letras que me venían se me quedaban tan incrustadas que no me dejaban en paz (risas), y la música que imaginaba para acompañarlas se convertía en melodías recurrentes que iban y venían a lo largo del proceso. Dejaba que todo eso fluyera libremente por mi mente durante días, y solo muy al final ya las escribía en papel, como para catalogarlas, para hacer “oficial” que estaba trabajando en ellas.

¿Y dirías que el resultado final de las canciones construye un hilo argumental que da sentido al disco?
No de una forma literal. Hay un hilo común para las canciones, pero creo que está presentado de forma que será interpretado de formas muy diferentes al escucharlo. De alguna manera reflejan un viaje al pasado, usando las emociones físicas del presente para describir emociones mentales de ese pasado. Fue curioso, porque las hice estando en la gira más larga que he hecho, es decir, desplazándome físicamente constantemente, pero a la vez, mentalmente, creo que fue la época más estática de mi vida. Las canciones de alguna forma también reflejan la búsqueda de la conexión entre ambas cosas.
Creo que tus letras abordan cuestiones emocionales complejas, pero siempre, o casi siempre desde un punto de vista irónico, alejado del melodrama, sin llegar a ser cómico, pero sí con mucho sentido del humor.
La mayoría de los problemas que sufrimos, esos a los que no le vemos solución o vía de escape, si conseguimos verlos con humor, se vuelven menos problemas. Siempre está esa forma de afrontar las cosas, alejándote del drama. Para mí el humor es importante, de hecho, la música es graciosa. Ser cantautor es una cosa bastante graciosa si lo piensas. Se te ocurren unas pequeñas ideas, coges una guitarrita y las cantas delante de miles de personas. Sí. Para mí, ser cantautor es algo inherentemente gracioso. No diría que cómico, pero definitivamente, es inherentemente “no serio”. En mi vida no trato de afrontar todo con humor, pero sobre todo lo que no hago es tomarme las cosas demasiado en serio, a la tremenda.
No hay nada peor que un cantautor tomándose a sí mismo demasiado en serio.
Exacto. Es muy difícil tomarse en serio sin caer en una especie de alienación. Para mi, escribir canciones es comunicarme, romper barreras con el oyente, y una de las mejores formas para romper el hielo en cualquier proceso comunicativo, es utilizar el humor. Todo se vuelve instantáneamente más real. Si un cantautor hace canciones sobre sí mismo sin una intención comunicativa, es cuando el oyente acaba diciendo “oh Dios, este tío es insufrible”.
Hay algunas guitarras en el disco que me recuerdan a grandes momentos acústicos de Led Zeppelin. ¿Es Jimmy Page una influencia importante para ti?
Totalmente. Creo que si tuviera que elegir a mis dos guitarrista favoritos serían Jimmy Page y Robert Fripp. Hace poco fui a un concierto de la gira de Beat (banda formada por los ex King Crimson Adrian Belew y Tony Levin), con Steve Vai sustituyendo a Robert Fripp, y a Danny Carey (de Tool) en lugar de Bill Bruford. Fue bastante loco (risas).
This is Lorelei es completamente distinto a Water from your Eyes, pero ¿alguna vez te has visto escribiendo una letra sin saber para qué proyecto irá?
Eso ha cambiado mucho con el tiempo. Hace seis o siete años, usaba This is Lorelei como una herramienta para probar ideas que quería incorporar a Water from your Eyes. No fue hasta hace cuatro o cinco que los dos proyectos empezaron a coexistir cada uno con su identidad. Así que ahora mismo no hay ese ‘crossover’ entre proyectos, pero hace tiempo sí que robaba ideas de uno para dárselas al otro, si pensaba que podía encajarle bien. Ahora las metas de cada proyecto se están diferenciando mucho, y Water from your Eyes es cada vez más una banda experimental que intenta rechazar la tradición, mientras que This is Lorelei la abraza y parte de sus arquetipos. This is Lorelei no necesita que entiendas la música extraña, y en ese sentido, Water from your Eyes es más un proyecto para levantar muros, y Lorelei un proyecto para derribarlos.
¿This is Lorelei ha crecido por encima de tus expectativas?
Absolutamente, es una locura. Fundamos Water from your Eyes con la clara intención de construir algo que nos llevase a alguna parte, pero Lorelei nunca fue diseñado para eso. La idea era hacer música para mí y para mis amigos. Estoy muy agradecido por lo que está pasando, pero a la vez es un poco shock porque no tenía ninguna intención de que pasara. De hecho, fue un secreto durante mucho tiempo.
¿Sacar este tercer disco de This is Lorelei con Matador Records (que ha publicado los dos últimos de Water from your Eyes), es de alguna forma una validación de la seriedad del proyecto?
Sí, sí, da un poco de miedo porque es una gran oportunidad. Conozco bien al equipo de Matador y son geniales, se puede confiar en ellos y jamás han interferido en mis procesos creativos ni me han pedido que cambie nada de un disco. Respetan al artista y confían en su criterio, así que es una suerte estar con ellos.
A veces, cuando tu audiencia crece, el proceso creativo cambia inconscientemente. ¿Crees que puede pasarte?
Esa es una cuestión divertida, porque siempre he sido un tipo obsesionado con evitar eso. Cuando sacas música con un sello y haces promoción y demás, todo eso puede influir en tu forma de ver todo el proceso. Antes, yo componía música, la grababa, la subía a internet y eso era todo. Para mí, la diferencia que afecta al proceso creativo, más que el tener más audiencia, son los tiempos. Con los sellos tienes que respetar los tiempos, y a veces pienso que compongo tanto que voy a acabar con un montón de discos acumulados sin publicar. Así que intento encontrar un equilibrio.

¿Te apetece venir a España de gira con The Singer in My Band?
Sí, por supuesto. Aunque todavía no hay fechas, estaré por allí en algún momento. Hay una primera tanda de fechas europeas, pero las hemos acotado a Inglaterra e Irlanda porque había muchas ciudades que quería visitar, y si intentaba incluir más países no hubiera sido posible. Así que mi idea es volver a Europa en otro momento y dar todos los conciertos que me sea posible.
Cada vez tiene giras más largas, ¿lo disfruta tanto como el trabajo creativo?
En las giras largas a veces te puedes sentir un poco atrapado. Definitivamente prefiero crear música a estar de gira, pero los viajes también ayudan a crear situaciones que inspiran para componer. Las giras me cansan muchísimo, lo confieso, pero creo que merecen la pena en términos creativos, porque te obligan a lidiar con situaciones inesperadas que no ocurren en la tranquilidad de una habitación donde nadie te molesta.
Creo que durante la mayor parte de tu vida artística has compuesto usando el cannabis como una herramienta más, pero que hace un par de años lo dejaste. ¿Qué cambios has notado?
Fue hace algo más, tres o cuatro años. A veces fumo durante un par de meses y vuelvo a dejarlo. Y ¿sabes? Aprecio las dos formas de componer. La mayor parte de este nuevo disco se empezó a gestar en un periodo de tiempo en el que sí fumaba. Cuando fumo para componer me pongo más experimental, pero no se trata de colocarse y que surjan ideas triposas, sino de fumar para concentrarme. Pero también es interesante componer con la mente completamente despejada. Lo mejor es buscar un equilibrio entre las dos opciones, de forma que solo a veces puedas asegurar: “Wow, ahí sí que iba ciego” (risas).
Texto: Nacho Serrano






