Encuentros

José Domingo, cuando la psicodelia toca tierra

 

Paisajismo sonoro, folclore mediterráneo, psicodelia y libertad creativa. En ‘Ses dones d’aigua’, José Domingo construye un álbum de múltiples capas que bebe de la tradición balear para reivindicar una música pausada, orgánica y ajena a cualquier fórmula. Un disco que crece con cada escucha y confirma uno de los momentos más inspirados de su trayectoria.

En tu disco hay algo que me llamó mucho la atención: pequeñas capas de sonido, grillos, olas, aviones… casi como si el paisaje también formara parte de las canciones.

Yo eso lo llamo paisajismo sonoro. En cada canción añado una capa de ambiente para que sea más inmersiva. Si oyes unos grillos sabes que es de noche; si pasa un avión o un coche, entiendes dónde estás. Trabajamos esas capas para que cada tema tuviera una identidad no solo musical, sino también paisajística. En el fondo he intentado que este sea un disco muy mediterráneo.

¿Ese paisaje aparece antes incluso que la propia música?

Cien por cien, por eso lo del paisajismo sonoro. Imagino una escena, por ejemplo, estar en la playa con mi pareja y escuchar pasar un avión. La canción cuenta una historia y el paisaje sonoro reconstruye esa imagen. Todo junto acaba explicando mucho mejor lo que quiero transmitir.

Has dicho alguna vez que el folclore nace del trance.

Es una teoría que reivindico. El folclore viene del trance y su evolución es la psicodelia. La repetición acaba llevándote al éxtasis, a la psicodelia. En este disco hay pequeñas jams que juegan con esa idea, sin convertirlo en el centro del álbum, pero sí como un guiño.

Ese carácter mediterráneo también conecta con toda la tradición musical de Mallorca y lo lleva a un sonido muy internacional.

En los setenta hubo una escena muy importante en Deià, en la Serra de Tramuntana. Allí se refugiaron artistas internacionales y convivieron con músicos locales como Pau Riba, Bibiloni o mi tío, Pep Laguarda. Ese tipo de música, tan de folclore local, es lo que nos diferencia del indie o del pop rock inglés. Yo he crecido escuchando todo aquello y supongo que lo llevo en el ADN. Este disco sale en un sello inglés precisamente porque han entendido esa idea de llevar algo muy local hacia lo universal. Es mucho más interesante hacer música que hable del lugar del que vienes que intentar parecer los Rolling Stones.

También hablas de la importancia de geolocalizar la música.

No creo que sea una responsabilidad, pero sí es bonito que un artista exprese el entorno donde vive. Respirar un lugar, olerlo, verlo… Todo eso está plasmado en este disco.

De hecho, el álbum nació casi como el reverso de ‘Tu piel es la galaxia’.

Los hice a la vez durante la pandemia. Uno era un disco muy conceptual y estructurado; este era todo lo contrario, caótico, te diría. Mientras uno era aire, ciencia ficción, el otro era tierra, más folclórico. Cuando nos cansábamos del primero nos dejábamos llevar con este. Creo que esa libertad creativa es precisamente lo que hace atractivo el disco.

Y esa libertad también se nota en la grabación.

Mientras el anterior estábamos grabándolo de una forma más seria, este nuevo lo hicimos por sesiones. Casi todo son primeras tomas. Había muy pocas reglas. Íbamos quitando capas de las demos, improvisando y dejando que cada músico aportara cosas, incluso tocando instrumentos que nunca había tocado antes, que no sabría ni cómo repetir. Queríamos dejar abiertos ciertos espacios para que pudiéramos expresarnos todos, todo el rato que nos diera la gana. Está muy poco editado. Queríamos conservar esa sensación de espontaneidad.

Da la sensación de que entiendes el estudio casi como una celebración conjunta.

Exactamente. Como cuando unas abuelas se juntan con un pandero a cantar. Eso es el folclore. Gente reuniéndose para tocar. Nosotros lo hicimos dentro del estudio, con un poco más de orden, pero la idea era la misma: dejar que la música respirara sola.

Has hablado muchas veces de la búsqueda de la atemporalidad. ¿Qué papel juega ahí el folclore?

Hay ciertas cosas que son atemporales. El folclore es una cosa educacional. Tú has nacido, has crecido y vivirás con esa raíz. Es inevitable que te influya. He hecho conciertos de folk en los que la gente ha llorado porque se ha acordado de su madre o de una comida familiar. Si sabes por dónde vas, puedes favorecer esas emociones. Una canción, por ejemplo, «Mediterráneo», puede acabar convirtiéndose en un himno generacional o incluso eterno para la historia de un país. Ahora hay artistas que trabajan de nuevo en eso. La gente está valorando que la raíz y lo que hacía su abuela tenían una autenticidad muy importante para la identidad.

Hay una canción, “Nacimiento del alien” que casi parece dialogar con ‘Tu piel es la galaxia’.

El otro día un chico me dijo: «¿Y este nacimiento del alien qué quiere decir? ¿Que el alien de Tu piel es la galaxia, que era una relación entre un terrestre y un extraterrestre, ha tenido un hijo?». Y me quedé flipando. Pensé: «Pues quizá sí». A lo mejor tiene algo que ver. Yo voy haciendo discos muy distintos y me gusta ser ecléctico. A veces pienso que quien disfrutó ‘Tu piel es la galaxia’ tiene que ser muy libre para aceptar este nuevo. Pero eso también es bonito.

‘Almería’ fue un disco clave dentro de tu trayectoria.

‘Almería’ fue una declaración de intenciones. Ahí quise hacer un autorretrato de quién soy y del lugar donde vivo. Quería que sonara mediterráneo, árabe, del sur de España, incluso turco. Era una manera de geolocalizar al personaje y de dejar claro el camino que quería seguir.

Screenshot

También has recuperado esa idea desde la imagen. Las portadas tienen casi el mismo peso que la música.

Hacía muchos años que no pintaba. Me pidieron la portada y, como el amigo al que se la había encargado no pudo hacerla, la terminé haciendo yo el día antes. Tenía claro el concepto: una parte figurativa, tradicionalista, y otra psicodélica, igual que la música del disco. Cogí lo que tenía por casa, hasta un cigarro para pintar. Si no te cortas demasiado, salen cosas bonitas. Al final hice tres o cuatro ilustraciones y ahora incluso vamos a sacar una edición impresa y una exposición con ellas.

¿Y cómo se traslada todo eso al directo?

Hay dos propuestas. Una más festivalera, rock, eléctrica, mezclando canciones de otros discos con algunas nuevas. Y otra en teatros y salas pequeñas, tocando casi entero el disco en acústico. Me gusta que la gente pueda escuchar en silencio, casi sin amplificación. Vamos cinco personas, con contrabajo, guitarras, melódica y percusiones, sin batería. Es algo muy diferente y, de momento, está quedando muy bonito, muy hippie.

Texto: Víctor Terrazas

 

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