
Jack Browning llega a su segundo álbum con la carretera ya convertida en una parte esencial de su vida. El músico y pintor londinense ha pasado los últimos años cruzando el Atlántico, tocando en Europa y Estados Unidos y compartiendo escenarios con nombres como Asleep At The Wheel, Corb Lund, Vincent Neil Emerson, JP Harris o Willi Carlisle. Su debut, Red Eye Radio (2023), fue creciendo desde el boca a boca hasta llevarle a festivales como Red Rooster, Black Deer, TakeRoot o Ramblin’ Roots. En 2025 llegaron más conciertos con entradas agotadas, una actuación en Country2Country y una aparición en el Healing Appalachia junto a Tyler Childers, Chris Stapleton y Lukas Nelson.
Ahora, instalado en Nashville como nuevo fichaje de Too Fine Records, Browning publica Painted Skies, doce canciones en las que vuelve a moverse con naturalidad entre country, folk, blues y rock and roll. El disco ha sido producido por Dan Lucas en The Joplin House, en Kent. Browning vuelve a reivindicar allí una grabación orgánica, con espacio para los pequeños errores, la interacción entre músicos y todo aquello que sucede cuando una banda toca junta en una habitación. Browning asegura sentirse más seguro de su voz, aunque al mismo tiempo está dispuesto a mostrarse más vulnerable.
Además de músico, Browning es pintor. Sus trabajos han pasado por exposiciones en Estados Unidos y han compartido espacio con artistas como Mark Maggiori, Glenn Dean o Jeremy Lipking. Dos disciplinas que, para él, nacen de un mismo impulso. Trabajar, probar, equivocarse y esperar a que las ideas terminen apareciendo. Hablamos con él sobre Painted Skies, la vida en la carretera, sus primeros viajes por Estados Unidos, la influencia de la construcción en sus canciones, la relación entre música y pintura y ese extraño equilibrio entre sentirse cada vez más seguro y saber que en esta profesión nunca existen garantías.
Painted Skies llega después de dos años de intensa actividad a ambos lados del Atlántico ¿Cómo ha cambiado Jack Browning, como persona y como compositor, desde Red Eye Radio hasta este nuevo álbum?
Bueno, tengo algunas líneas nuevas en la cara, algunas cicatrices más, pero creo que soy un poco más sabio y, afortunadamente, también más feliz. Estoy casado y tengo un montón de historias increíbles, y muchas de ellas bastante divertidas. Todo eso se ha reflejado, por supuesto, en mis canciones. Creo que ahora estoy más seguro de mi voz y de lo que quiero decir. Pero también diría que me estoy permitiendo ser más vulnerable y confiar más en mi propio proceso.

El álbum habla mucho de la vida en la carretera, pero también de la familia, la identidad y las experiencias que nos forman ¿Hasta qué punto las giras constantes han cambiado tu manera de entender quién eres?
Ha sido algo a lo que he tenido que acostumbrarme mucho. Y no solo yo, también mi familia y mis amigos. Pero, sobre todo, me ha permitido ganar perspectiva para saber qué es importante y qué no. Eso me ha ayudado a eliminar mucha negatividad de mi vida, de mi círculo y de mi manera de ver las cosas. Ahora sé con mayor claridad qué quiero hacer con mi tiempo. Valoro mucho los lugares que visito y los escenarios en los que toco, pero también cada momento que paso con la gente que quiero cuando estoy en casa. Además, he aprendido qué café de gasolinera merece la pena y cuál no. Y ahora nunca me fío de los pubs irlandeses de West Virginia…
«Speak Your Mind (But Ride A Fast Horse)» abre el álbum con una cuenta de batería sin editar y un sonido muy directo. ¿Querías dejar claro desde el principio que no buscabas una producción excesivamente pulida?
¡Ja, ja! Sí, exactamente. Muchas de las bases de mis canciones, y algunas de las cosas que terminan escuchándose en la grabación final, están registradas directamente desde la sala donde estoy tocando con los chicos. Y me encanta. Me entusiasman las imperfecciones de la música. Escuchar el crujido de una silla, una respiración o el sonido de una banda tocando junta y comunicándose.
En algunas canciones quería que la gente sintiera que estaba sentada entre Darren y yo, o de pie entre Rick y yo mientras nos gritamos indicaciones durante la canción. Eso no significa que no hubiera una intención detrás o que el disco no pudiera sonar pulido. Escuchas «High Hopes» y hay una producción increíble. Pero cuando recibí las primeras mezclas y escuché a Rick haciendo aquella cuenta, supe inmediatamente que así tenía que empezar el disco.
Ya que la citas, «High Hopes» habla de salud mental y de problemas que pasan de una generación a otra. La canción nació a partir de una antigua fotografía de tu infancia ¿Qué viste en aquella imagen para que terminara convirtiéndose en una canción?
Incluso en mi trabajo como artista visual me interesa mucho la idea del paso del tiempo. Cómo envejecemos, qué cambia en nosotros y qué cambia en el mundo que nos rodea. La portada del single utiliza esa Polaroid. Es una foto de mi tío conmigo cuando yo tenía tres o cuatro años. Había estado pensando en cómo el mundo parece ir desgastando esa actitud de ojos abiertos que tenemos de niños.
Cuando somos pequeños sentimos que cualquier cosa es posible, sin importar el dinero, la clase social, nuestro origen, nuestro sexo o nuestra posición. Después crecemos y esas realidades empiezan a aparecer. A veces demasiado pronto. Nuestro horizonte se hace más pequeño y más «realista». Pensé en todas las cosas que quería hacer cuando era niño y que después quedaron frustradas por las circunstancias económicas o por acontecimientos del mundo. También en lo normal que resulta aceptar eso cuando crecemos y limitarnos a cumplir etapas o a hacer lo que los demás esperan de nosotros. Entonces pensé que, si yo estaba teniendo esos pensamientos, quizá aquel hombre mayor que estaba sentado frente a mí en el tren también los tenía. Y aquella persona. Y aquella otra. La canción salió prácticamente en el tiempo que se tarda en cantarla.
«Muhlenberg County Stars» está inspirada en tu primera gira por Estados Unidos ¿Qué descubriste de América durante aquellos primeros viajes que jamás habrías podido entender simplemente mirándola desde Europa?
Muchísimas cosas. El tamaño fue una de ellas. El tamaño de las bebidas, el tamaño del territorio… Pero también la inmensidad y la diversidad de cada condado, cada pueblo, cada estado y cada cultura. Es realmente fascinante como visitante, aunque yo ya había estado allí antes. Pero como músico de gira era un mundo diferente. Una de las cosas que descubrí al mirar al público cada noche fue que gran parte de toda esa mierda que se lanza de un lado contra otro en las noticias, todo eso de que un bando odia al otro, está amplificado por una minoría muy ruidosa.
En realidad, la mayoría de la gente parece estar de acuerdo en que tiene más cosas en común con sus semejantes que motivos para enfrentarse a ellos. He tenido la suerte de tocar y hacer muchos amigos en zonas rurales de Estados Unidos, especialmente en Appalachia, que, si somos sinceros, tiene una determinada imagen en Europa. Pero he visto a una persona de izquierdas compartir una cerveza con un hombre que llevaba una gorra de Trump. Allí parece existir una actitud que dice algo así como: «Si tú eres bueno conmigo y con los míos, podemos estar fundamentalmente en desacuerdo sobre algunas cosas y aun así compartir la mesa». Creo que hay mucho que aprender de eso.
Durante buena parte de su historia, aquella zona ha tenido que valerse por sí misma. Eso ha creado gente resistente y tenaz, pero también leal, acogedora y amable. Algunas de las personas más maravillosas que conozco viven en los hollers en los que he tenido la suerte de pasar mucho tiempo. Muchas cosas de allí contradicen la imagen que llega a la mayoría de los europeos.
En Painted Skies conviven country, folk, blues y rock and roll, además de algunos momentos más aventurados ¿Te preocupa que te encasillen dentro de un género concreto o prefieres mantener abiertas esas fronteras?
Creo que ese barco zarpó hace mucho tiempo, amigo. ¡Ja, ja! Me gusta cuando alguien viene y me dice que tengo un sonido único. Significa que es algo original y que estoy siendo yo mismo. Hay mucha falta de originalidad ahí fuera, así que creo que ser original y auténtico es algo muy valioso. Además, te permite dormir tranquilo por las noches. Nunca he encajado en un grupo concreto ni en un único género. Y me gusta que mis fronteras estén siempre creciendo y cambiando, igual que yo.
El disco está producido por Dan Lucas y grabado en The Joplin House, en Kent ¿Qué buscabas en aquel espacio y qué importancia tuvieron la habitación, la atmósfera y la interacción entre los músicos en el sonido final?
En realidad, el principal motivo para ir a The Joplin House es Dan. Hemos trabajado juntos en mis dos discos y parece que encajamos de una manera muy natural y efectiva. Somos muy diferentes en muchos aspectos y creo que ahí puede estar la magia. Al mismo tiempo, compartimos nuestro amor por la música de todos los géneros y una manera parecida de entender la grabación. Buscamos crudeza y honestidad. Además, Dan es un ingeniero extraordinario y un productor fantástico. Tiene, como yo, un hambre enorme por experimentar con instrumentos, grabaciones y procesos diferentes. Para los dos, el proceso es muy importante y también muy emocionante.
Creo que Painted Skies solo podría sonar como suena con Dan y en aquel estudio. Es un lugar muy particular y él está tan integrado en la banda que se convierte en otro miembro de ella. El espacio es precioso y el equipo es espectacular. La selección de amplificadores y la colección de guitarras son especialmente buenas. Pero Dan es la razón por la que volví allí para grabar este disco. Creo que el álbum es mucho más fuerte gracias a todas las horas que hemos trabajado juntos.
«Painted Skies», la canción, está coescrita con Mercy John y habla de seguir avanzando sin ninguna garantía de que las cosas vayan a funcionar ¿Refleja esa incertidumbre el momento en el que te encuentras ahora mismo, especialmente después de fichar por un sello de Nashville y vivir un crecimiento tan rápido?
Creo que sí, en muchos sentidos. Aunque también es el momento en el que más seguro me he sentido de mí mismo y de mi arte. Tengo un equipo a mi alrededor que ha sido elegido cuidadosamente para que todos nos complementemos. El hecho de que todos estemos empujando este disco ha supuesto otro salto adelante bastante evidente, al menos desde mi punto de vista.
Pero no hay garantías, como bien dices. Así que lo mejor que puedo hacer es ser yo mismo, mantenerme auténtico y seguir cuidando las relaciones personales y creativas con la gente que ha ido llenándome durante estos años. Mercy John es un buen ejemplo. Ha sido un amigo maravilloso, un compañero de composición y un mentor. Es un negocio muy loco. Creo que mientras puedas acostarte cada noche sabiendo que has dado lo mejor de ti, que has tratado bien a la gente y que has sido honesto con ellos y contigo mismo, nadie podrá decir que no lo intentaste de verdad.
Antes de convertir la música en tu profesión, trabajaste en la construcción ¿Qué queda de aquella etapa en tu manera de escribir canciones y de mirar a las personas y al mundo que te rodea?
Tuve mucha suerte de pasar un par de años cargando cosas y trabajando con mi familia. Estoy muy agradecido por muchos de aquellos días interminables junto a ellos. Una de las cosas que me quedaron fue esa sensación de necesitar sentir que me he ganado el dinero cada noche. Como si tuviera que asegurarme de presentarme cada día y ponerme a trabajar. También perdí el miedo a las alturas. ¡Ja, ja! Intento tratar bien a todo el mundo. Desde el limpiador hasta el director general. Creo que eso viene también de aquel mundo. Algunas de las personas más inteligentes, cultas, generosas, valientes y orgullosas que he conocido eran los mismos tipos a los que algunos despreciaban porque trabajaban en una obra. Detesto esa actitud. También trabajé como profesor y recuerdo perfectamente que un chico me dijo que le habían avergonzado por querer ser mecánico. Creo que por eso me gusta contar las historias extraordinarias de la gente «corriente». Todos somos increíbles si te tomas el tiempo necesario para conocer a las personas.
También eres un pintor reconocido, con obras expuestas en lugares como el Taos Art Museum y el Far West Show de Mark Maggiori ¿Te acercas a la composición de canciones y a la pintura desde el mismo lugar creativo o son procesos completamente distintos?
Hay muchas cosas que comparten. Esa sensación de entrar en un estado de concentración y también el hecho de meterte hasta el fondo, probar cosas y ver qué funciona. Uno de mis pintores favoritos, Logan Hagege, hizo hace unos años un podcast fantástico con Ed Roberson. Dijo algo parecido a que, si tuviera que esperar a que llegara la inspiración, nunca conseguiría hacer nada. Hay algo muy importante en presentarse ante el caballete o entrar en el estudio y ponerse a trabajar, tengas ganas o no en ese momento. La inspiración acaba llegando. Hasta entonces tienes que cebarla un poco. Lanzar ideas, probar cosas y hacerlo igualmente.
Tu carrera crece ahora a ambos lados del Atlántico y el fichaje por Too Fine Records supone un nuevo paso adelante. Cuando dentro de unos años mires atrás y escuches Painted Skies ¿qué te gustaría que representara este álbum dentro de tu evolución como artista?
Lo es, y estoy muy agradecido de trabajar con la maravillosa gente de Too Fine. Realmente creyeron en mí y en estas canciones. Todos se han dejado la piel para sacar el disco adelante y conseguir que estas canciones tengan la mejor oportunidad posible de llegar al mayor número de personas. Espero poder mirar atrás y ver a alguien más seguro de sí mismo y de su arte. Alguien que se estaba convirtiendo más en sí mismo que cuando grabó su debut, pero que todavía tenía mucho que decir y nuevos caminos que explorar. Espero que sea el segundo de muchos discos.
Me gustaría poder mirar algún día atrás y contemplar estos álbumes como quien mira las páginas de un diario. Son una especie de marcador de una etapa de mis veintitantos años. Y eso es algo maravilloso. Una ventana a lo que pasaba por mi cabeza en un momento determinado de mi vida, que algún día podré volver a abrir en Spotify o donde sea. ¡Ja, ja!
Eduardo Izquierdo






