
Pocas bandas han sabido atravesar cuarenta años de historia sin renunciar a su esencia. Desde comienzos de los ochenta, los Hoodoo Gurus han construido una trayectoria ejemplar, siempre al margen de tendencias pasajeras y fieles a una fórmula en la que conviven garage, power pop, punk y rock clásico.
Su influencia puede rastrearse en varias generaciones de músicos australianos, pero su mejor argumento sigue estando sobre el escenario, donde continúan sonando con una vitalidad que muchas formaciones mucho más jóvenes ya quisieran. Aprovechando su próxima visita a España con siete fechas (ver al final) para celebrar cuatro décadas de carrera, conversamos con David Faulkner sobre legado, memoria, canciones y supervivencia.
La historia del rock australiano está repleta de grandes bandas que nunca lograron trascender sus propias fronteras. Sin embargo, los Hoodoo Gurus consiguieron algo mucho menos habitual en los años ochenta: conservar una identidad claramente australiana y, al mismo tiempo, conectar con el circuito alternativo estadounidense, además de encontrar audiencia en el Reino Unido y en toda Europa. Echando la vista atrás, ¿qué aprendiste de la efervescente escena australiana de finales de los setenta y principios de los ochenta? ¿Y qué factores crees que explican que vuestra música lograra conectar con públicos tan diversos pese al aislamiento geográfico de Australia?
Australia siempre ha contado con una escena de rock y pop muy dinámica. Sus raíces se remontan a los años cincuenta con Johnny O’Keefe. Uno de sus éxitos, «Wild One», fue versionado más tarde por Iggy Pop. En los sesenta surgieron bandas tan celebradas como The Easybeats o The Loved Ones, aunque todos ellos no eran más que la punta del iceberg. Existía un espectro enorme de artistas, desde The Seekers hasta AC/DC. Sin embargo, no fue hasta mediados de los setenta cuando nació una verdadera escena underground y alternativa, en parte inspirada por la irrupción del punk rock. The Saints y Radio Birdman fueron sus principales referentes y, poco después, también lo sería The Birthday Party.
Pero, más allá de esos nombres conocidos, por toda Australia estaban surgiendo cientos de grupos impulsados por la necesidad de expresarse musicalmente, sin la menor preocupación por alcanzar el éxito comercial. Mi banda de entonces, The Victims, formó parte de aquella explosión espontánea de energía, al igual que poco después ocurrió con la banda de Brad Shepherd, The Fun Things. La intensidad del punk se expandió durante la etapa post-punk y dio lugar a una auténtica proliferación de artistas con mentalidad independiente, todos ellos creando música original y personal, prestando muy poca atención a su posible atractivo comercial.
Aquella música pudo desarrollarse al margen de la corriente principal porque, en esa época, Australia contaba con una escena de directo gigantesca. En todas las ciudades y pueblos del país había cientos de pubs y clubes que programaban actuaciones para atraer público a sus locales. En el momento de mayor auge era posible tocar siete noches por semana ante audiencias multitudinarias. Los Hoodoo Gurus surgieron precisamente de ese entorno post-punk. Pudimos construir una base sólida de seguidores gracias a los conciertos, sin depender de las grandes discográficas ni de las emisoras de radio comerciales. Con el tiempo, bandas como la nuestra alcanzaron tal nivel de éxito por sus propios medios que la industria musical se vio obligada a reconocer el creciente respaldo que estaba recibiendo aquella escena underground independiente. De lo contrario, corría el riesgo de quedarse completamente al margen. Esa fue nuestra historia, pero también la de muchos de nuestros contemporáneos.
Vuestras canciones siempre han combinado elementos de garage, power pop, punk e incluso hard rock clásico. ¿La búsqueda de ese equilibrio tan particular fue una decisión consciente desde el principio o surgió de manera natural con el paso del tiempo?
Al principio, el punk rock fue una influencia liberadora, y en cierto modo eso era exactamente lo que debía ser. Pero hacia 1978 el punk empezó a caer en ciertos automatismos. Lo que había nacido como una ruptura con las reglas acabó convirtiéndose en una escena bastante rígida, donde predominaba el seguidismo. Tanto la música como la actitud comenzaron a parecerse más a un uniforme que a una verdadera declaración de individualidad. Cuando The Victims se separaron, sentí la necesidad de abrirme a una multitud de influencias distintas. Personalmente, estaba descubriendo todo tipo de música que me había perdido durante mi adolescencia y no quería limitarme a un género o a una escena concreta.
La música es la música y, para ser sincero, la música de Hoodoo Gurus es simplemente la música que los Hoodoo Gurus hacen. Se convierte en algo propio cuando cobra vida durante los ensayos. Aprendí bastante pronto que nunca podía predecir qué canciones encajarían realmente con la banda. Era el propio grupo quien tomaba esa decisión de forma casi subconsciente. Por suerte, todos tenemos gustos muy variados, y llevamos esa pasión y todo ese bagaje musical a los ensayos. Nuestras canciones recorren territorios muy distintos porque nuestros gustos también lo hacen.
Más de cuatro décadas después de su publicación, Stoneage Romeos sigue siendo no solo uno de los discos más celebrados de Hoodoo Gurus, sino también una obra fundamental dentro de la historia del rock australiano. Echando la vista atrás, ¿cómo ves hoy aquel álbum? ¿Y qué crees que le ha permitido conservar su atractivo para varias generaciones de seguidores mientras muchos de sus contemporáneos han ido quedando en el olvido?
No me corresponde hablar de su lugar en un contexto histórico más amplio; eso es algo que deben decidir otros. Pero ese álbum ocupa un lugar muy especial en mi corazón. Cuando lo grabamos nos sentíamos como niños en una tienda de golosinas. Nos permitimos todo tipo de caprichos, arreglos y experimentos sonoros, como una forma de hacer realidad los sueños que habíamos alimentado durante años escuchando obsesivamente los discos de otros artistas. Queríamos reproducir muchos de los recursos de producción que admirábamos en nuestros álbumes favoritos.
Además, en aquella época nadie esperaba gran cosa de nosotros. La industria musical se burlaba incluso de la idea de que pudiéramos conseguir un contrato discográfico, porque hacíamos música con guitarras, ¡qué anticuado!, cuando lo único que parecía importar en el negocio era el synth-pop. Cuando el álbum salió a la venta, tampoco despertó una atención especial. Pero, con el paso del tiempo, empezó a calar la sensación de que habíamos hecho una declaración artística singular y con una enorme fuerza. No sé exactamente cómo lo conseguimos, pero de algún modo fuimos capaces de atrapar un relámpago en una botella. Y, sinceramente, a mí todavía me sigue sonando fresco hoy en día.
A lo largo de vuestra trayectoria, las canciones de Hoodoo Gurus han exhibido una combinación muy característica de referencias a la cultura popular, humor, imaginería cinematográfica y una auténtica profundidad emocional, equilibrando a menudo lo lúdico con lo profundamente personal. ¿De dónde surge esa mezcla tan singular? ¿Qué experiencias, influencias artísticas u observaciones de la vida cotidiana han alimentado con más frecuencia tu manera de componer a lo largo de los años?
Siempre tengo que reconocer la importancia que tuvo el punk a la hora de moldear mi sensibilidad artística. Para mí, los Ramones representan la máxima expresión de todo lo que me gusta de la música, y en sus canciones están presentes muchas de las cualidades que mencionas: el humor, las imágenes cinematográficas y, sí, incluso ese componente profundamente personal. Además, rebosan melodía y energía, junto con una poderosa actitud irreverente. Creo que incluso una balada sensible puede contener todas esas virtudes, aunque no sea un rock abrasivo a toda velocidad.
Cuando escribo una canción, quiero que dé la sensación de avanzar, de dirigirse a algún lugar. No me interesan las canciones que se quedan quietas, sin rumbo. También disfruto jugando con las palabras y despistando al oyente, ocultando mis verdaderos mensajes. A veces lo hago escribiendo a través de personajes o narradores ficticios; otras, planteando las letras para que funcionen en varios niveles de lectura. Esa es una de las partes más divertidas de mi trabajo.
Soy una persona muy seria que, al mismo tiempo, procura no tomarse demasiado en serio a sí misma. En el fondo, no me gusta encasillarme. No soy quisquilloso con la comida, disfruto de todo tipo de cocinas, y como compositor me ocurre algo parecido. Hay momentos en los que me apetece ser reflexivo y serio, y otros en los que prefiero dejarme llevar por el disparate y la imprudencia. Pero, por encima de todo, siempre intento escribir una canción memorable. La melodía y la sensación de movimiento lo son todo para mí.
Para las bandas australianas de vuestra generación, construir una carrera internacional solía implicar superar tanto el aislamiento geográfico como la percepción de estar muy lejos de los centros neurálgicos de la industria, es decir, Reino Unido y Estados Unidos. ¿Qué ha significado ser una banda australiana mientras intentabais llegar a una audiencia internacional? Y al revisar hoy el catálogo de Hoodoo Gurus, ¿qué rasgos o perspectivas específicamente australianos sigues reconociendo en vuestra música?
Australia es el país occidental más aislado del planeta, y yo además soy de Perth, la ciudad más aislada dentro de Australia. De hecho, Perth está más cerca de Bali que de Sídney, y entre ambas ciudades se extiende un inmenso desierto. Todos los australianos crecen con una cierta sensación de aislamiento respecto al resto del mundo, pero quienes somos de Perth la sentimos con una intensidad aún mayor. Eso nos ha llevado a hacer las cosas a nuestra manera, principalmente para nuestra propia satisfacción, sin preocuparnos demasiado por ajustarnos a expectativas externas. Esa misma actitud fue la que impulsó la aparición de las escenas punk que florecieron por toda Australia, incluida la de Perth, que se articuló en torno a bandas como The Victims. Probablemente, esa combinación de aislamiento e independencia sea uno de los rasgos más claramente australianos que identifico en nuestra música.
Dicho esto, al final formamos parte del universo de la música, un lugar que no entiende de fronteras ni nacionalidades. Y dentro de ese universo, Hoodoo Gurus es su propia constelación, brillando con una luz particular para cualquiera que decida apuntar su telescopio en nuestra dirección. Nos preste atención el resto del mundo o no, nosotros seguiremos aquí, proyectando esa luz hacia el infinito.

Bandas como You Am I, Spiderbait o Violent Soho suelen citar a Hoodoo Gurus entre sus influencias. ¿Cuándo fuiste consciente por primera vez de que habíais dejado de ser simplemente una banda de vuestra generación para convertiros en un referente para músicos más jóvenes?
La verdad es que nunca he percibido demasiadas muestras explícitas de reconocimiento por parte de otros artistas respecto a una posible deuda musical con nosotros, aunque me gusta pensar que realmente pueda ser así. Siempre nos hemos visto como parte de un continuo musical que se remonta décadas atrás y que, con suerte, seguirá creciendo durante muchas más. Si nuestra música sirve para que otros descubran a los artistas que nos formaron a nosotros y, a través de esa cadena de influencias, encuentren inspiración para desarrollar su propia obra, no podemos pedir más. Al fin y al cabo, todos aprendemos unos de otros.
Una de las razones por las que Hoodoo Gurus han seguido siendo una banda tan poderosa en directo es que sus conciertos todavía transmiten la misma energía y emoción que conquistó al público hace décadas. ¿Cuál es el secreto para mantener esa intensidad más de cuarenta años después del comienzo de vuestra carrera? ¿Y cómo ha evolucionado vuestra relación con esas canciones clásicas a lo largo del tiempo? ¿Hay algún tema en particular que haya adquirido un significado diferente sobre el escenario, ya sea por la respuesta del público o porque vuestra propia perspectiva sobre él ha cambiado con los años?
No podemos evitarlo. Nos encanta tocar en directo y, en muchos sentidos, solo somos verdaderamente nosotros mismos cuando damos vida a esas canciones cada noche sobre un escenario. Forma parte intrínseca de nuestra manera de ser; es una forma de relacionarnos con el universo distinta a cualquier otro aspecto de nuestra existencia. Esa sensación de estar completamente inmerso en la música es adictiva, pero más que eso, resulta fundamental para nuestra propia identidad como personas. Por eso no hay ningún secreto ni ninguna fórmula de motivación detrás de ello. Simplemente nos expresamos con absoluta entrega cuando estamos sobre el escenario. No hay mucho más que explicar.
En cuanto a las canciones, para mí siguen sintiéndose plenamente contemporáneas, aunque muchas fueran escritas hace décadas. Sigo siendo la misma persona que las compuso, y los dilemas y cuestiones morales que exploran continúan siendo asuntos con los que todavía hoy sigo lidiando. Del mismo modo, mi impulso hacia la diversión, la espontaneidad y el abandono despreocupado permanece tan intacto como siempre. Ahora bien, también es cierto que algunas canciones adquieren una profundidad distinta con el paso del tiempo, o se contemplan desde una perspectiva ligeramente diferente. En todo acto creativo existe un componente subconsciente que no necesariamente eres capaz de reconocer en el momento de la creación. Hay canciones que, años después, me han revelado cosas sobre mí mismo que ni siquiera sabía que estaban ahí.
Con el paso de los años, España se ha convertido en uno de los países donde Hoodoo Gurus disfruta de una base de seguidores especialmente fiel y duradera, algo que no todas las bandas australianas han logrado. ¿Cómo explicas esa conexión tan especial con el público español? ¿Y qué recuerdos conservas de vuestras primeras visitas al país? Mirando hacia atrás, ¿hay algún concierto, anécdota o experiencia en España que haya permanecido especialmente vivo en tu memoria?
Siempre nos ha encantado tocar en España. Suelo decir que, en Europa, cuanto más al sur viajas más feliz parece la gente. Aunque en Inglaterra la regla funciona mejor justo al revés. Uno de nuestros grandes arrepentimientos es no haber tocado en España con más frecuencia a lo largo de nuestra carrera. Dicho esto, estamos muy contentos de haber regresado varias veces durante los últimos doce años. Creo que, al pasar tanto tiempo alejados, pudo surgir cierto malentendido entre parte del público español y los Gurus.
Es posible que algunos nos vieran como una banda de power pop que, en algún momento, se había desviado del “único camino verdadero”. Pero, como creo que se desprende de mis respuestas anteriores, nunca hemos aspirado a ser una sola cosa. Siempre hemos abrazado influencias musicales muy diversas y, aun así, sentimos que el resultado acaba convirtiéndose en algo inequívocamente nuestro, una mezcla propia que puede variar de un álbum a otro y, por supuesto, también de una canción a otra.
Para nosotros, todas esas influencias conviven con absoluta naturalidad y se conectan entre sí sin ningún conflicto. Entendemos, sin embargo, que esa yuxtaposición de estilos pueda resultar desconcertante para algunas personas. Como decía antes, no podemos evitarlo. Somos simplemente los Hoodoo Gurus y nos gusta ser muchas cosas al mismo tiempo. Dejemos el purismo para otros. Nosotros somos felices siendo nosotros mismos, moviéndonos con total libertad por un paisaje musical muy amplio y diverso.
Texto: Manuel Beteta
Fotos: Christopher Fergusson

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