Los escribas de esto del rock and roll tendemos a los chascarrillos. A utilizar de manera recurrente expresiones que, de paso, nos identifican. Una de las mías es “la fina línea que separa el rock americano de cierto tipo de power pop”. Y esa es perfectamente aplicable al nuevo disco de Michel McDermott. La carrera del de Chicago, además de esa, siempre ha tenido otra anomalía. Demasiado rock para el circuito de cantautores. Demasiado personal para convertirse en un producto de radio. Demasiado buen compositor para quedar reducido a una etiqueta (nosotros por eso le metemos mínimo dos). Flowers From The Graveyard vuelve a demostrarlo con once canciones que mezclan experiencia, desencanto y una sorprendente capacidad para seguir buscando luz en terrenos bastante oscuros. Publicado por Pauper Sky Records, el álbum llegó el 21 de agosto y prolonga una trayectoria que ya supera las tres décadas.
Luego, los artistas también tienen frases recurrentes en las entrevistas. Quizá la palma, en un buen entendimiento de lo que es la promoción, se la lleva el “este es sin dudad mi mejor disco”. Pues McDermott la puede utilizar bien tranquilito, porque creo que no se equivoca. Y lo dice alguien que lo sigue desde Out From Under (2018). Ha encontrado un territorio propio que en esta ocasión se sitúa entre el sonido New Jersey de Bruce Springsteen y el power pop de Paul Collins que le sienta de lujo. Ahí están las guitarras eléctricas, los estribillos grandes y esa sensación de carretera americana. Pero también aparecen melodías luminosas, estructuras directas y un gusto por el gancho inmediato que acerca algunas canciones a The Plimsouls, The Rubinoos o 20/20. Pero es una combinación que funciona especialmente bien porque McDermott, ante todo, sabe escribir canciones antes que hacer ejercicios de estilo.
«The Best We Get» abre el álbum con músculo. Es una declaración de principios. Guitarras al frente, batería expansiva y una melodía construida para ser cantada a pleno pulmón. «Always A Ways Away» continúa por una vía similar. Tiene dimensión de himno, pero conserva ese punto de vulnerabilidad que evita que la épica termine resultando impostada. «Nobody» introduce un paisaje más nocturno a lo Willie Nile. McDermott vuelve a fijarse en personajes que sobreviven en los márgenes. No necesita convertirlos en héroes. Le basta con observarlos. Uno de los grandes aciertos está en el equilibrio entre canciones de vocación rockera y momentos más íntimos. «But For The Little Moments» rebaja la intensidad y apuesta por la melodía. «Johnny Sparrow And The Sunset Girl» funciona casi como un pequeño relato cinematográfico. Dos personajes. Una historia. Una ciudad al fondo. En «The Lords Of Lincoln Park» Chicago deja de ser simplemente un escenario para convertirse en parte de la identidad del protagonista. También hay espacio para mirar hacia atrás. «Old Feelings» habla de esas emociones que reaparecen cuando parecían enterradas. «The Struggle Makes You Stronger» condensa buena parte del espíritu del álbum. McDermott entiende que resistir no significa necesariamente vencer. A veces significa continuar. La canción posee una intensidad muy springsteeniana, sin llegar a la imitación. Su voz quebrada y su sentido melódico le otorgan personalidad propia. La rebelión de los modestos.
Eduardo Izquierdo







Esta mañana he amanecido con un mensaje de whatsapp de Michael con el link a esta crítica. Poco más se puede añadir. El álbum es simplemente fabuloso, de esos en que con unos buenos cascos puedes degustar los mil y uno matices que tiene. Como recoge mi amigo Bernardo de Andres en su blog mitocadiscosdual, se trata de «un escritor colosal con la gracia divina de además hacer música». Dejo un enlace a las letras en castellano para quien quiera degustar el álbum en su gloria completa. https://www.dropbox.com/scl/fi/f6grqh92nkunj7glezzt7/flowers_from_the_graveyard_spanish.pdf?rlkey=qiscv2z8ts05ybdkvt3knrhcu&dl=0