
Jason Isbell ha dado un nuevo paso en la batalla de los artistas contra la inteligencia artificial. El músico de Alabama encabeza una demanda colectiva presentada contra Suno, una de las principales plataformas de creación musical mediante IA, a la que acusa de utilizar y explotar comercialmente la identidad de músicos sin su consentimiento.
La demanda, presentada el pasado 31 de agosto en un tribunal federal de Massachusetts, cuenta también con David Lowery, Guy Forsyth y el saxofonista Eduardo Calle entre los demandantes. El caso no se centra únicamente en los derechos de autor de las grabaciones, sino en un terreno distinto y potencialmente muy relevante para el futuro de la música generada por inteligencia artificial: el derecho de los artistas sobre su propio nombre, imagen e identidad artística.
La demanda encabezada por Isbell abre, por tanto, otro frente en una batalla que va mucho más allá del copyright. La pregunta ya no es solo qué canciones han servido para entrenar a una inteligencia artificial. También empieza a ser quién puede utilizar comercialmente el estilo, la voz pública y la identidad artística de un músico cuando todo ello puede convertirse en materia prima para una máquina. Y esa cuestión puede acabar siendo tan importante como la propia música.
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