
Hay músicos que parecen llevar el mapa tatuado en la piel. Luke Winslow-King es uno de ellos. Nació en Cadillac, Michigan, pero su verdadera escuela estuvo en las calles de Nueva Orleans, donde aprendió que el blues no es una pieza de museo, sino una criatura viva que se alimenta de todo lo que encuentra a su paso. Desde allí, y después de años de carretera, escenarios y encuentros musicales, su viaje le ha llevado hasta España, donde continúa ensanchando las fronteras de un sonido difícil de etiquetar.
Blues, jazz, folk, rock… En manos de Winslow-King, las etiquetas sirven de poco. Su música tiene algo de película rodada en 16 milímetros, de madrugada húmeda en el sur y de canción encontrada en una vieja jukebox. Hay guitarras que serpentean con elegancia, una voz rugosa capaz de acariciar cuando menos lo esperas y, sobre todo, una permanente sensación de movimiento. Nada parece estar completamente cerrado: cada concierto es una puerta abierta a la improvisación, al riesgo y al puro placer de tocar.
Con banda al completo, incluido el mago de la slide guitar Roberto Luti, ese espíritu se multiplica. El blues del Delta se cruza con atmósferas psicodélicas, el folk aporta músculo narrativo y el rock pone las ruedas en marcha. El resultado puede pasar de la confesión más íntima a un ritmo capaz de levantar al público del asiento sin pedir permiso. Melancolía y celebración, oscuridad y luz, tradición y aventura conviven en un repertorio construido a base de kilómetros.
Porque antes que un género, lo de Luke Winslow-King es una manera de entender la música: como viaje, como descubrimiento y como conversación con todo aquello que ha encontrado por el camino. Una filosofía que alcanza una nueva dimensión en Coast of Light, un álbum inquieto y explorador que vuelve a demostrar que todavía quedan carreteras por recorrer y canciones que descubrir.
Compruébalo en su inminente gira, para la que avanza un nuevo single, «In The Evening», del que ha hecho también una versión en castellano..
A. Aguilar






