
El británico es de esos tipos que desprenden la sensación de que la vida a su lado siempre será una fiesta. Esa clase de personas con las que te irías de cañas sin dudarlo con solo que te hiciera un gesto. Eternamente sonriente, vivaracho y feliz. Normal, por otra parte, dado el currículo que atesora. Pocos músicos pueden alardear de haber estado junto a Jeff Beck, de formar parte de The Faces, una de las bandas que hicieron del rock & roll —y de la bebida— un arte, y más tarde encajar como un guante en los Stones, como si hubiera nacido para tocar con ellos, para alegría de Keith Richards, que, por fin, tenía un socio a su altura. Como muestra esos nunca bien ponderados The New Barbarians de tan corta vida.
Como aquel que no quiere la cosa, se ha pasado las últimas cinco décadas convertido en uno de los engranajes fundamentales de Sus Satánicas Majestades. La historia habría sido diferente sin él. Imprescindible como músico, tanto en directo como en estudio, y además ejerciendo de necesario punto de equilibrio entre la dupla al mando del cotarro desde que Bill y Charlie, por las diferentes razones que ustedes ya saben, pasaron a pertenecer al pasado.
También ha tenido tiempo para dar cancha a su carrera en solitario. Un puñado de discos con resultados desiguales —los hay buenos, regulares y de los que es mejor olvidarse— que le han permitido matar el gusanillo durante los habituales parones de la banda madre. La otra vía de escape ha sido la pintura. Porque incluso los músicos que parecen vivir permanentemente enchufados necesitan algo que hacer cuando se apagan los amplificadores.
Ahora vuelve a la carretera. Pero esta vez sin el gigantismo de los estadios, sin ese monstruoso circo acostumbrado a mover toneladas de equipo. La gira apuesta por recintos más pequeños, más humanos, de esos en los que todavía se puede mirar al músico a la cara, donde la distancia se mide por metros y no por pantallas gigantes. Y eso, claro, ha puesto a los fans en estado de excitación.
No es para menos. Cuenta con Imelda May como artista invitada y el repertorio, pues ya se lo pueden imaginar: temas del tándem Jagger-Richards, visitas al cancionero de Faces y una buena tanda de versiones de clásicos. Todo tocado con la solvencia y la sonrisa canalla de un rock ’n’ roller que aún no ha encontrado una razón convincente para bajar del escenario.
Estará el 10 de septiembre en Valladolid, en la Plaza Mayor (Fiestas de la Virgen de San Lorenzo, gratis), y el 12 en Barcelona, en la sala grande del complejo Razzmatazz. Entradas a la venta en Cruïlla Concerts.
Manel Celeiro






