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Arde Bogotá trae de fábrica su tercer disco de estudio: Manufacturas del Club de la Gente Sola

 

Hace unos días, Arde Bogotá le preguntaron al cardiólogo José Abellán cómo sus canciones afectaban al corazón, entonces el doctor les propuso un experimento: “monitorizar en tiempo real la respuesta cardiaca y fisiológica” que sucede al escuchar Manufacturas del Club de la Gente Sola, el nuevo y tercer largo de la banda de Cartagena que, para la ocasión, han viajado hasta Los Ángeles para grabar con Joe Chiccarelli en los EastWest Studios.

Según Abellán, al empezar la canción, el organismo entra en un pequeño “modo alerta” y el ritmo se estabiliza a la expectativa de lo que viene. Esto es el llamado “efecto de orientación a la expectativa”, previo a la siguiente fase: la “respuesta simpática”, que se da en el momento en el que la canción sube de intensidad y cae la Variabilidad de la Frecuencia Cardíaca, “delatando una descarga de adrenalina” y disparando las pulsaciones.

Cuenta el doctor que en algunos resultados del experimento han llegado a ver más de 150 latidos por minuto. De hecho, hay ratos en los que los latidos incluso parece que se sincronizan con el ritmo. “Tu corazón no sabe mentir”, subraya José Abellán. “Cuando la música nos conmueve por dentro, no puedes ocultarlo. Las lágrimas, la piel de gallina y el pulso son la prueba biológica de que la música nos mueve por dentro. Porque nuestro corazón no es solo una bomba de sangre, es el centro de nuestras emociones”.

Algo similar explicaba el pasado martes uno de los trabajadores de la “industria” MCGS durante la presentación del álbum del grupo en la Nave de Motores del Metro de Madrid, marco idóneo –basándose en el antiguo taller de óptica de la Armada de Cartagena– para escenificar el concepto de este cancionero, compuesto de once cortes (fuera se quedaron cuatro canciones más).

Nada más ingresar en la fábrica, por cierto, cada visitante recibía un carnet de afiliación con el año 1986 estampado, el nombre y la fotografía correspondientes. Dentro, después de pasar las taquillas con los uniformes, se accedía a una sala más grande, con televisores, archivadores, planos… y una antigua cabina de teléfono donde se podían escuchar con auriculares las canciones del disco. “Estamos tratando de construir un artefacto que evite el sufrimiento emocional humano. Durante mucho tiempo, hemos asumido que lo que recordamos es inalterable”, pero sus investigaciones parten de otra hipótesis: cuando un recuerdo se rememora, deja de ser el original y dejará una nueva imagen que puede ser alterada. Este procedimiento de ingeniería, de hecho, consiste en intervenir manualmente ese primer recuerdo y someterlo a múltiples ciclos de re-proyección en un sistema de preescritura afectivo. “Cada proyección sustituye progresivamente la respuesta emocional vinculada al recuerdo por una nueva imagen” y así evitar el dolor.

Suena entonces «Instrucciones», la canción que inaugura Manufacturas del Club de la Gente Sola: “Elija con cuidado el material del crucial aparato… Un corazón de estaño no bombea igual que con otro metal… Siga con cariño y con rigor los siguientes pasos… Si se equivoca en el cuarto ya no podrá volver atrás y querrá regresar…”.

Foto: Peter F. Noguera

Por si no habían quedado claras las instrucciones, los cuatro componentes de Arde Bogotá extendían más allá las explicaciones pertinentes de este currela ataviado con una bata. “Bienvenidos a una fábrica donde hemos intentado hacer un corazón que no sienta”, comenzaba Antonio García, vocalista y compositor antes de dar paso a su compañero Dani Sánchez, guitarrista, que agradecía la presencia de los visitantes en la fábrica, saludo que repetiría Pepe Esteban al bajo: “Este disco es un antes y un después para esta banda”.

En cuanto al batería, José Ángel Mercader (conocido como Jota), no perdió la oportunidad de departir sobre su propio experimento: mostrarle a sus padres las canciones, algo que lleva haciendo desde el primer trabajo discográfico de Arde Bogotá, titulado La noche. Es más, su madre escuchó la que fue la primera canción de la banda, «Antiaéreo», cerca de 2018. Le gustó. Otra cosa es el padre, el cual, según su hijo, “no entiende un capullo de música”: “¿Eso lo habéis hecho vosotros?”, le preguntó. Lo mismo sucedió con los siguientes, La noche y Cowboys de la A3, y por supuesto con este último. “Si pasa el filtro de mis padres va bien, y Manufacturas del Club de la Gente Sola lo pasó”, importante para el sentimiento del batería (otra vez la vuelta al corazón, aunque en este caso es un corazón rebelde).

Arde Bogotá se están haciendo mayores. Quien los haya seguido desde el comienzo se dará cuenta del salto cualitativo desde La noche hasta Manufacturas del Club de la Gente Sola, siendo Cowboys de la A3 el disco de inflexión que puso a “los Arde” en el mapa de carreteras que ha conducido a los murcianos por toda la geografía española, parte de la europea y parte de la americana, incluyendo los dos meses de trabajo en Los Ángeles con Chiccarelli, donde tuvieron que poner a prueba ese corazón –del que carecía el Hombre de Hojalata en El Mago de Oz– ante un endurecimiento de su sonido.

Texto: Carlos H. Vázquez

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