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The Black Keys – The Pinnacle (Nashville)

 Mucho ha llovido desde que The Black Keys vinieran a contagiar el gusanillo del blues eléctrico entre la generación indie de principios del presente siglo. Dan Auerbach y Patrick Carney han dejado de ser aquel dúo de guitarra y batería que obraba milagros desde un formato minimalista pero muy en boga en su momento, para pasar a comandar una señora banda que suma seis músicos en el escenario –incluidos Barrie Cadogan (Little Barrie) a la guitarra y Jimbo Mathus (Squirrel Nut Zippers) a los teclados–, y que es capaz de desenvolverse con la misma soltura de sus referentes más obvios.

 El ambiente de las grandes ocasiones flotaba en el aire cuando los de Ohio, actualmente radicados en Nashville, cerraron en la misma capital del estado de Tennessee el primer tramo norteamericano del Peaches’N Kream Tour, una gira que dentro de pocos días aterrizará en Europa con una única fecha prevista en España, el 13 de septiembre en Madrid. Jugaban en casa, y salieron a darlo todo con un repertorio de ensueño que alternó menciones a su último trabajo, el álbum de versiones “Peaches!”, con un generoso repaso a dos décadas y media de cancionero propio.

 Arrancaron con el folk rock zeppeliniano de “Little Black Submarines” antes de escalar las rocosas cumbres de “I Got Mine”. Salieron a la pista de baile al contagioso ritmo de “Fever”, antes de enloquecer al respetable con una monumental “Gold on the Ceiling”. La primera cita a sus maestros llegó de la mano de “You Got to Lose”, un viejo blues de Earl Hooker también registrado en su día por George Thorogood. Acto seguido invitaron a Eddie 9V –uno de los últimos fichajes de Auerbach para su sello Easy Eye, quien antes había ejercido como telonero– a tocar “Just Couldn’t Tie Me Down”.

No fue la única aparición estelar de la noche. Ni más ni menos que Marcus King salió al escenario para inyectar una buena dosis de electricidad bluesera al “Where There’s Smoke, There’s Fire” de Willie Griffin. Más tarde, para sorpresa y asombro de todos los presentes, todo un señor Sturgill Simpson se subió a comandar una expansiva revisión de “I Heard It Through the Grapevine”, el clásico de Norman Whitfield y Barrett Strong popularizado a través de voces como las de Gladys Knight o Marvin Gaye.

El clímax de la velada alternó el funk sudoroso de “Tighten Up” con el glam rock bastardo de “Howlin’ For You”, además de una lectura marca de la casa del “She Does It Right” de Dr. Feelgood que puso muchos puntos sobre sus íes. En tanda de bises enlazaron los oníricos contornos psicodélicos de “Weight of Love” con un “Lonely Boy” que desencadenó la ovación más sonora de toda la noche. Fue el gran final de un concierto dinámico y sin apenas fisuras, que sin embargo brilló con mayor intensidad en los pasajes donde el combo se sumergía en sus raíces blues y simplemente se dejaba llevar. 

Texto y fotos: Oriol Serra

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