
Ciertas conjunciones astronómicas generan pasiones y asombros tan profundos como efímeros, directamente proporcionales a la exposición del sujeto a los medios de masas que dictan lo que ha de ser el contenido de nuestras vidas y la decoración de nuestras almas. Otras pasan desapercibidas y se extinguen en el estigio silencio de lo ignorado sin juicio ni arbitrio. ¿Son Paxareto una simple estrella fugaz o un cometa que iluminará nuestras noches en cíclicas ocasiones? No lo saben ni ellos. Cinco músicos de abultada trayectoria, de Real McCoyson a Amón Ra o los activos y por todos ovacionados Montefurado. Aquí ha sido Diego “Manfred” el que ha llevado el peso de la composición musical y lírica con unas letras en castellano por primera vez que son a la vez un brillante ejercicio de exposición y de contención, de expresión y de proyección. No podía dejar pasar por tanto la oportunidad de verlos en directo y este verano están de gira asturiana así que pegamos el salto al espacio Kuivi Almacenes de Oviedo (espacio que como dijo Manfred si lo descubres en Berlín te quedas flipado y piensas que eso es imposible en tu ciudad). Contra una sobria pared de ladrillo y una iluminación tenue e indirecta fueron desplegando los temas de su disco con una clase al alcance de pocos grupos de por aquí. Las guitarras de Pedro y Diego (Silvertone viejuna y Gretsch pata negra, tela) iban trenzando melodías y arreglos que te llevaban a una costa mucho más occidental que la que teníamos a tiro de piedra. El «Verano Invencible», (guiño a Camus mediante) se presenta ante nosotros con la promesa psicodélica de elevarnos a lugares mejores, aunque en ese momento yo no creo que pudiera estar en un lugar mejor. Historias como «La Extraña», en la que todos podemos ver algún pasaje de nuestra vida o de la mugre emocional (sic) que nos rodea. Hace un año me veía cara a cara al fin con Roger McGuinn y hoy me hallo ante unos aventajados alumnos que en «El Pan, La Sal», quizá mi gema favorita del disco, se lanzan a broncearnos con una poderosa radiación solar. Gran momento también esa suerte de western crepuscular neilyoungiano que es “Cordero De Dios” donde Rubén golpea los parches con mazas de percusión y Héctor mete gigantescas notas de su bajo en una base rítmica excelsa a lo largo de todo el bolo. Todo iba subiendo, como la propia «Bencedrina», en su tema más tenso y afilado. Una versión del S. F. Sorrow de los Pretty Things remataría un bolo sensacional, de los que te reafirma en que tú si que sabes y sobre todo en que no hay que dejar pasar la oportunidad de verlos, porque esta conjunción estelar de talento se ve ahora mismo, pero quién sabe hasta cuándo.
Texto: Raul Young
Foto: Ojoeléctrico






