
Había visto a Hawkwind en vivo; el evento sucedió dentro del marco de la edición de 1997 del Dr. Music Festival. Pero entonces yo no era el mismo y ellos tampoco. Asimilada con mayor profundidad su trayectoria e imponente discografía, puedo afirmar que los Hawkwind de los últimos tiempos no solo vuelan a la altura de la leyenda, sino que han logrado confirmarse como una de las bandas con un directo más poderoso sobre la Tierra.
Resulta curioso: ellos hablan sobre cómo sería dejar este planeta en manos de las plantas, pero lo hacen a base de jams intergalácticas, riffs monolíticos y un sonido para viejos —al once—. Nadie dijo que las plantas debieran vivir entre notas new age y música ambiental.
Debo insistir en que la banda suena relevante. No solo por su trayectoria discográfica en los últimos años —There Is No Space For Us, Stories From Time And Space, All Aboard The Skylark, etc.—, sino por el mero hecho de que los conciertos no son un acto de nostalgia, pues el grueso del concierto que vimos en el mítico Cliffs Pavilion —local al que le dediqué un geo rock en la edición en papel de esta ruta y en el que vimos a Leo Sayer hace un par de años— se basó en canciones de estos últimos tiempos.
Lo cual tiene todo el sentido si eres un tipo creativo e inteligente como Dave Brock, que se sabe capitán de la nave, pero no tiene problema en dejar el control de la misma a los miembros de su tripulación. A sus 85 años —los cumplió el 20 de agosto, un día antes de la celebración de este concierto—, Dave se siente afortunado de estar rodeado de gente que siente la banda como algo suyo, la ha llevado a explorar el espacio y ha vuelto triunfante.
Debo mencionarlos a todos ellos, empezando por Magnus Martin, fabuloso guitarrista, cuyos solos a lo largo de la noche fueron estratosféricos, importantes todos ellos. Luego está el bajista, Doug MacKinnon, cuya presencia al estilo biker y cuyo sonido denso dan una enorme consistencia al sonido general. Tim Lewis es el mago, el que aúna todas las canciones con sus disparos de ruidos intergalácticos y sintetizadores del demonio.
Por otro lado, a Richard Chadwick no le vimos tocar la batería, porque los doctores le han recomendado un poco de calma tras unos sustos provocados por problemas cardíacos, pero se pasó al centro del escenario con sus percusiones y le dio un empuje a la primera fila, animando al público y moviendo su melena al estilo Rosendo Mercado. El joven Dylan Clarke sustituyó a Richard; tocó realmente bien, debo añadir.

En el microcosmos en el que se mueven Hawkwind hoy día —con gente que lleva tatuado algo relacionado con la banda, donde la mayoría de las camisetas exhibidas son del propio grupo y en el que hay fans, como un tal Dave, con el que coincidí en el hotel más cercano al Cliffs, que les ha visto todos los años desde 1973—, tiene sentido que se cruce una canción de 1992, «Right To Decide», con «Steppenwolf», del 76. Igual que la alucinante «Spirit Of The Age», de la época de Robert Calvert, con la nuevísima y emocionante «Changes (Burning Suns And Frozen Waste)».
Solo una cosa pareció evidente: el final con la folkie «Hurry On Sundown», imagino que por aquello de cerrar el círculo, ya que era la canción que abría su disco debut en el 70. Pero nadie pidió «Silver Machine», por mencionarlo. Tampoco «Urban Guerilla», pero no me hubiera importado oírla, dada la intensidad con la que ataca todo lo que se mueve esta versión de Hawkwind.
Personalmente, me tocó emocionalmente que hicieran «Levitation», el tema título del disco en el que Ginger Baker se sentó tras la batería. Ver a Brock en escena, tras esa capa de humo y rayos láser, con su gorra y esa voz tan característica, disfrutando como un niño a estas alturas del partido, fue también hondamente conmovedor. Fue una de esas noches en las que desearías vivir eternamente, levitando entre riffs, flotando en el espacio, entre luces estroboscópicas.
Por desgracia, la realidad nunca está a la altura de nuestras exigencias. Se comenta que la banda no hará ningún concierto durante 2027, lo cual, a la edad de Dave Brock, suena a retirada. Si así lo ha decidido el capitán y no es una decisión médica, hay que respetarlo, por doloroso que resulte. De todos modos: This is Hawkwind, Do Not Panic.
Texto: Sergio Martos
Fotos: Dave Barber






