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Festival Felicia Pop 2026 – Limodre, Fene (A Coruña)

The Meows

Como cada año desde hace 28, el espíritu del pop tomó el parque de A Hortiña en Limodre, Fene (A Coruña), para constatar que la longevidad del festival Felicia Pop tiene sus bases en la alquimia de un cartel con criterio que rara vez defrauda y en un buen ambiente de comunidad fraternal en un idílico claro de bosque galaico. Repasemos.

Tras el jueves de presentación del festival el 30 de julio, con la actriz y fiel feliciana Isabel Risco y el proyecto liderado por Alfonso Espiño y Cris Fuentes, Que Vida!, de afortunada puesta al día de psicodelia y blue-eyed soul, el viernes 31 abrieron los eumeses Bluesons, finos músicos que presentaron piezas de su disco Ferroblues como Lobisome y otras en la línea de un estimulante blues clásico cantado en galego. Cambió de palo el cuarteto Lunamotos de Cedeira, fuzz y Farfisa generosos en los temas de su nuevo trabajo ¡Whooow! que encandiló al respetable. A ellos siguió el power pop clásico de los milaneses Radio Days, La banda de Dario Persi realizó un espléndido concierto con repaso a los temas más referenciales de su no muy larga discografía, como «Back in the Day», «Walk alone», «Flying high» y se hicieron unas estupendas versiones del «(What’s so funny ‘bout) Peace, love and understanding» de Nick Lowe y del «Teenage kicks» de los Undertones.

The Magnolias

Nuevo cambio de rumbo con la contundencia e intensidad de The Magnolias de Minneapolis, que sonaron perfectos a la hora de interpretar las canciones de su aclamado Off The Hook en su 35º aniversario. Sublimes, para un servidor, cuanto más se parecían a los Only Ones y a los Real Kids. El fin de fiesta obligó a un nuevo cambio de estilo y vuelta al power pop de The Peawees que regresaron al Felicia tras siete años. Intenso y afortunado concierto del cuarteto de La Spezia que interpretó abundantes piezas de su último disco One Ride y versiones como el «Everybody´s gotta live» de Arthur Lee y un «Da-doo-ron-ron» que excitó sobremanera a un agradecido público mutado a esas alturas de la madrugada en peonzas humanas.

The Peawees

La sesión vermú del mediodía del 1 de agosto en A Hortiña tuvo como protagonistas, tras varios intentos y una querencia mutua evidente, a The Homens, la gran banda gallega del indie y power pop que desgranó piezas clásicas y futuros temas de su trabajo aún no publicado. La comunión de Xocas, Le Roi y Martin Wu con un público fiel y abundante fue más que evidente. Una gran noticia este regreso del trío compostelano en la cima de sus poderes.

Ya por la noche, la segunda jornada la abrió la banda ferrolana Todo el Largo Verano que demostró que se puede pasar de las grabaciones domésticas al directo sin morir en el intento. Además hicieron un par de estupendas versiones del «Ever fallen in love» de los Buzzcocks y un «Non sei que faría sen ti» («God only knows» con el uso por vez primera vez sobre el escenario del Felicia de un estilófono!

Bule

Nueva vuelta estilística posterior con el cuarteto Bule que nunca pasa desapercibido ni sobre el escenario ni frente a él. Estes Jam barbudos de Pontedeume excitaron a un público con sus temas llenos de urgencias vitales y sonido post 77. Repasaron su mini LP “Non vale parar!” y se atrevieron con una nueva versión de «Teenage kicks». Siguiendo con el desfile, había grandes expectativas por ver en directo a Lolas y los de Alabama cumplieron en un concierto algo extraño. Llegaron casi directos desde Zaragoza con el tiempo justo y no probaron sonido. Tal vez lo notó la voz de Tim Boykin que tardó algo en afinarse. El caso es que el trío mostró sus poderes instrumentales, coros y defendió unos temas brillantes deudores del espíritu indie de los 90 y la capacidad melódica de los 60. Sonaron desde sus últimos sencillos «Summer smog», «Leave me alone», «Louis Michel», etc, a canciones de su último trabajo grande, Big hits and freak disasters, o piezas de su primer disco como «Lamp of love».

Lolas

Tampoco faltaron versiones primorosas: «David Watts», «Misery», «Shakin´all over» o un delicioso «The summer sun» de Chris Stamey. Todo un lujo. El espectáculo sobre el escenario siguió subiendo bastantes enteros con el concierto de Mi vida Rosa (al parecer los de Castellón no pueden usar el legítimo Los Romeos porque un ser de luz registró su nombre legalmente y el tema está ahora entre abogados).

La banda liderada por Patricia Escoín, y con la formación original de los 90 salvo el desaparecido Pedro López, demostró la fuerza de unos temas que rejuvenecen con los años y son muy agradecidos en directo: «Muérdeme», «Mi vida Rosa» y «Déjame caer», entre otras,  o las versiones espléndidas de sus primeros discos de «Cuando llega mi amor» de Raphael y «El mundo a tus pies» («Sunday girl»), de Blondie. El grupo sonó como un reloj, Patricia Escoín demostró dominio y hubo momentos divertidos como la intervención de Tommy Ramos de Depressing Claim, y por parte de la organización de Belén Méndez, competente corista de Escoín por un tema y en lo físico casi su hermana gemela. La temperatura del suelo de A Hortiña se mantuvo alta con la despedida de The Meows. La poderosa banda barcelonesa de power rock lo dio todo a altísimas horas de la madrugada en un concierto que forma parte de la gira de regreso en temas propios y versiones entre las que no faltó el «Teenage lust» de MC5 entre otros trallazos. De sus filas salió el comentario: “Hay aquí más años que en una pirámide”, y no les faltaba razón. No sabemos si como autocrítica o en referencia a la edad de un público que ciertamente podrá ser lujurioso, pero adolescente desde luego que no.

No debe ser fácil equilibrar un cartel con apuestas tan variadas y que la alquimia funcione, pero tras 28 años haciéndolo, el Felicia Pop y la asociación cultural Felicia parecen tener esa fórmula que hace palidecer a la de la Coca Cola. El elemento humano se nota y se demuestra en detalles como el enorme cartel a la entrada dedicado a Fran Iglesias, un incondicional del festival que falleció hace unas semanas y que estará en el panteón de los felicianos ilustres junto con el siempre añorado José Ardá. Solo por ellos ya vale la pena saludar el esfuerzo de casi tres décadas de la heroica asociación de Limodre.

 

Texto: Nico Estrume

Fotos: Oscar Caamaño

 

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