
+Synovus Bank Amphitheater at Chastain Park, Atlanta (Georgia), 31 de julio de 2026.
+Ascend Amphitheater, Nashville (Tennessee), 1 de agosto de 2026.
A estas alturas de la película, y más allá de cualquier tópico que pueda preciarse, lo de Bob Dylan es un caso a parte con todas las letras. A sus 85 primaveras, el bardo de Minnesota viene de culminar una gira veraniega de dos meses que ha sumado un total de 35 fechas a lo largo de (casi) toda la geografía estadounidense, paso previo a su regreso a Europa –no a España– en otoño. Nada mal, para un ilustre veterano que ha alterado la historia de la música popular en varias ocasiones y todavía hoy se resiste a mirar hacia atrás.
Atlanta y Nashville fueron respectivamente las paradas finales de una campaña que se recordará, entre otras cosas, por la repentina incorporación de Joel Paterson y todo un señor Julian Lage a las guitarras. Ambos han tomado el relevo del binomio que habían formado durante los últimos cinco años Doug Lancio y Bob Britt –como de costumbre, la marcha de los unos y la entrada de los otros ha generado todo tipo de reacciones en cadena en la red, sin que se hayan llegado a aclarar motivos ni circunstancias–.

De Lage poco se puede decir que no se haya apuntado todavía. Uno de los guitarristas mejor dotados del jazz contemporáneo, con una trayectoria a su nombre que habla por ella misma. Paterson proviene de la escena de clubes de Chicago, donde es reconocido por su versatilidad a la hora de rescatar sonidos añejos de raíz norteamericana. Visto lo visto y escuchado lo escuchado, ambos encajan como un guante en la estética crepuscular pero en ningún caso terminal del Dylan post-Rough and Rowdy Ways.
Chaqueta caqui con capucha
Nuestro hombre salió ambas noches al escenario minutos antes de la hora prevista, ataviado con una chaqueta de color caqui con capucha –que llevaba puesta y de la que no se desprendió en ningún momento–. La peor pesadilla de determinados fotógrafos furtivos, la enésima salida de tono de quien no ha venido a hacer amigos sino a honrar su arte. Arrancó al galope rhythm & blues de “Watching the River Flow” y cerró una hora y media larga de repertorio con una catártica –y bastante reconocible para los cánones dylanianos– “I Shall Be Released”.
Por el camino deconstruyó a su aire perlas del tamaño de “It Ain’t Me, Babe”, un “Soon After Midnight” con fuerte aroma fifties –en Atlanta, Paterson incluso se atrevió a colar la melodía de “Blue Moon” durante su solo– o un “When I Paint My Masterpiece” cuyo acento criollo fue uno de los grandes reclamos de ambos repertorios. También rescató joyas del calibre de “Man in the Long Black Coat” y reivindicó su obra más reciente –el todavía definitivo “Rough and Rowdy Ways”– con el country otoñal de una plácida “I’ve Made Up My Mind to Give Myself to You” o un “Crossing the Rubicon” en clave de blues cubista.
Invitados de lujo
Tanto en la capital de Georgia como en la de Tennessee hicieron los honores dos artistas invitados de auténtico lujo como son Jimmie Vaughan y Lucinda Williams. Abrió sendas veladas el bluesman tejano, respaldado por una banda todo terreno –sección de vientos incluida– con la que repasó cancionero propio, recordó su paso por los Fabulous Thunderbirds y citó a maestros como Rosco Gordon, también a su hermano Stevie Ray con una climática lectura del “Texas Flood” de Larry Davis.

Williams alternó viñetas genuinamente sureñas como “Car Wheels on a Gravel Road” con recortes de su obra más reciente, el todavía flamante “World’s Gone Wrong” –ahí tuvimos “Low Life” y la torrencial pieza titular–. Con el inestimable apoyo de Marc Ford y Doug Pettibone a las guitarras, dedicó toda la rabia contenida en “You Can’t Rule Me”, adaptación de un viejo blues de Memphis Minnie, al innombrable de color melocotón. Y por si no había quedado suficientemente clara la cosa, se despidió invocando a Neil Young con una torrencial “Rockin’ in the Free World”.
En Nashville, quizás para celebrar el final de gira por todo lo alto, Dylan invitó a Vaughan a tocar tres canciones durante su concierto, todas ellas con acento blues: “False Prophet”, “I Can Tell” –versión de Bo Diddley– y “Goodbye Jimmy Reed”. Ojo al dato, porque no es menor. Jimmie Vaughan y Julian Lage, dos de los mejores guitarristas de sus respectivas generaciones, tocaron juntos en el mismo escenario. Nunca antes había pasado, posiblemente no vuelva a ocurrir jamás, y fue el maestro Dylan quien lo auspició. Para que luego le llamen reservado…
Texto: Oriol Serra






