Encuentros

Santero y Los Muchachos, encender nuevas luces sin dejar de ser uno mismo

Asentados ya como una de las propuestas más personales del rock estatal, Santero y Los Muchachos afrontan un nuevo punto de inflexión con Todas las luces, un disco que marca un desplazamiento natural (o no) en su trayectoria. Si en sus trabajos anteriores predominaba ese poso crepuscular de carreteras al atardecer y refugios polvorientos, ahora la banda se adentra en un territorio más nocturno, emocionalmente abierto y sonoramente expansivo. “Antes íbamos por caminos de tierra y ahora por asfalto”, nos dicen. El álbum, concebido como una búsqueda tanto vital como musical, amplía su paleta con nuevas texturas sin perder el pulso reposado y elegante que siempre les ha definido. Nueve canciones que funcionan como un viaje coherente, donde conviven la introspección y el impulso urbano, y que reflejan la necesidad de cambio en un grupo que, lejos de acomodarse, sigue explorando sus propios límites. En esta conversación con Miguel Ángel Escrivá (voz y bajo), Joseman Escrivá (guitarra) y Soni Artal (guitarra) profundizamos en ese viraje, en sus motivos y en cómo han construido un disco que, más que ofrecer respuestas, propone preguntas que acompañan.

 

Habláis de un paso de lo crepuscular a un universo más nocturno ¿Qué os ha llevado a ese cambio?

Ha sido una suma de factores que se han ido acumulando con el tiempo. Por un lado, después de tres discos teníamos la sensación de haber explorado bastante bien un territorio concreto, ese imaginario más polvoriento y crepuscular que nos ha acompañado desde el principio. Pero llega un momento en el que, si sigues insistiendo ahí, corres el riesgo de repetirte o incluso de aburrirte a ti mismo. A eso se le suma todo lo personal, que al final pesa mucho más de lo que parece. Hemos vivido cambios importantes, tanto a nivel individual como colectivo, y eso inevitablemente te lleva a otros lugares emocionales. La noche, en este caso, no es solo una estética, es casi una forma de estar. Nos apetecía movernos hacia algo más incómodo, menos evidente, donde las canciones pudieran respirar de otra manera y donde también nosotros nos sintiéramos desafiados.

 

¿Ese cambio ha sido buscado conscientemente o ha llegado solo?

Es una mezcla de ambas cosas. Hay una parte que no puedes controlar, que tiene que ver con lo que te sucede como persona, con las experiencias que vas acumulando y cómo eso se filtra en lo que escribes o en cómo tocas. Pero también ha habido un punto de decisión, de decirnos que no queríamos hacer otro disco más en la misma línea. De hecho, cuando empezamos a trabajar en el concepto de Todas las luces, nos dimos cuenta de que algunas canciones que ya teníamos no encajaban en absoluto, que pertenecían a otro momento. Y ahí tomamos la decisión, que no siempre es fácil, de descartarlas y empezar de nuevo. Eso ya implica una voluntad clara de cambio, de construir algo distinto desde la base.

 

¿Habéis trabajado el disco como un concepto cerrado?

Sí, bastante más que en otras ocasiones. Aquí había una intención clara de que todo formara parte de un mismo viaje, no solo en lo musical, también en lo emocional. El propio título nos sirvió como guía. Esos destellos, esas luces que te orientan en momentos de incertidumbre, tenían que estar presentes en todas las canciones. Por eso fuimos bastante exigentes con el material. No se trataba de acumular temas, sino de que cada uno aportara algo al conjunto. Al final quedaron nueve canciones porque eran las que realmente construían ese relato, sin sobrar ni faltar nada.

 

Vuestra música siempre se ha percibido como luminosa. Aquí hay un punto más íntimo, incluso más oscuro ¿Cómo habéis equilibrado eso?

Nosotros no lo vemos tanto como un disco oscuro, sino más bien como un disco más introspectivo. Hay momentos en los que la mirada va hacia dentro, en los que aparece cierta soledad o incluso esa sensación de estar perdido en medio de todo. Pero al mismo tiempo sigue habiendo luz, solo que quizá no es tan evidente como antes. Es una luz más intermitente, más ligada a lo emocional. El equilibrio ha venido un poco solo, porque forma parte de lo que estábamos viviendo. No hemos querido forzar nada, simplemente dejar que convivieran esas dos caras, la más íntima y la más abierta.

 

¿Ha cambiado vuestra forma de componer para ese objetivo?

En esencia seguimos siendo los mismos, pero sí que nos hemos puesto ciertas trampas para no caer en lo de siempre. Hemos intentado incomodarnos, quitar elementos que antes dábamos por hecho, como por ejemplo las trompetas, probar otros caminos. También ha habido más participación por parte de todos en las letras, lo que ha enriquecido bastante el resultado. Y luego está el trabajo de selección, que ha sido más duro que nunca. Hemos descartado muchas ideas porque no encajaban en el concepto, aunque fueran buenas por separado. Eso también forma parte del proceso de crecimiento.

 

Santero y Los Muchachos dan un paso adelante con “Todas las luces” - Hello  ValenciaEl disco introduce nuevas texturas, incluso electrónicas ¿Os generó algo de vértigo?

El vértigo siempre está ahí, pero en este caso era más una motivación que un freno. No hemos querido hacer nada que no sintiéramos como propio. Todas esas nuevas texturas vienen de influencias que ya estaban en nosotros, de músicas que hemos escuchado desde siempre, desde lo que sonaba en casa cuando éramos pequeños hasta lo que descubrimos más adelante. Simplemente hemos decidido abrir ese abanico y dejar que entrara en nuestras canciones. Evidentemente piensas en cómo lo recibirá la gente, pero no puedes crear desde ese miedo. Tienes que ser honesto con lo que te apetece hacer.

 

El primer single ya dejaba claro ese cambio ¿Era una declaración de intenciones?

Totalmente. Queríamos que desde el principio se entendiera que había un movimiento, que no era un disco continuista. A nuestro manager casi le da un patatús. Ese tema quizá es el que lleva más lejos ese planteamiento, pero no significa que todo el disco vaya por ahí. Lo que sí hace es abrir la puerta a ese nuevo universo. Antes teníamos canciones que podían desentonar dentro de un disco, aquí hemos intentado justo lo contrario, que todo sume en una misma dirección.

 

¿Cómo está reaccionando el público?

De momento la sensación es positiva. Hay gente que incluso nos ha dicho que este cambio era necesario, que lo estaban esperando sin saberlo. También hay quien se sorprende, claro, pero eso forma parte del juego. Al final, donde realmente vamos a medir la reacción es en los conciertos, cuando tengamos a la gente delante y veamos cómo conviven estas canciones con las anteriores.

 

Ya que habláis de ello ¿cómo encajarán estos temas con los antiguos en concierto?

Por lo que hemos probado, encajan bien. Al final las canciones se sostienen por sí mismas, más allá del arreglo o de la producción. Hemos tocado algunos de los temas nuevos en formatos más desnudos hace poco y funcionan igual. Eso nos da mucha tranquilidad. La idea no es rehacer las canciones antiguas para adaptarlas a lo nuevo, sino dejar que convivan tal y como son, porque todas forman parte de la historia del grupo.

 

Se ha definido vuestro sonido como un rock reposado y elegante ¿Sigue siendo válido?

Creemos que sí, porque eso tiene más que ver con la esencia que con la forma. Puedes cambiar los sonidos, los arreglos o las atmósferas, pero hay algo en la manera de escribir y de interpretar que sigue ahí. Es lo que hace que, aunque nos movamos, siga siendo reconocible.

 

Las letras dejan muchas preguntas abiertas ¿Es reflejo del momento actual del mundo que nos rodea?

Sin duda. Vivimos en un momento en el que hay más incertidumbre que certezas, tanto a nivel personal como colectivo. Eso se cuela en las canciones de forma natural. No nos interesaba dar respuestas cerradas, sino plantear preguntas que acompañen, que cada uno pueda hacer suyas. Al final la música no está para resolver nada, sino para estar ahí, para ayudarte a transitar lo que sea que estés viviendo.

 

No puedo dejar de preguntaros por la producción.  Habéis producido vosotros mismos el disco ¿Qué os aporta eso?

Para empezar, nadie ha venido nunca a proponernos producirnos un disco (risas). La verdad es que nos da una libertad total. Podemos trabajar sin la presión de un calendario cerrado, probando cosas, equivocándonos y volviendo atrás si hace falta. Eso también tiene su parte complicada, porque alargas mucho los procesos y a veces puedes perder perspectiva. Pero de momento es la forma en la que nos sentimos más cómodos. Aun así, no descartamos en el futuro contar con alguien externo que nos aporte otra visión, que nos lleve a lugares a los que nosotros solos quizá no llegaríamos.

Eduardo Izquierdo

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