Discomático

Sick Buzos – Sick Buzos (Happy Place Records)

 

No existe el silencio; apenas un zumbido eléctrico que disimula el vacío. En ese intervalo tenso habita el primer largo homónimo de Sick Buzos, un artefacto sonoro que parece certificar que haber nacido es, en el fondo, un inconveniente imperdonable. Pero ya que fuimos arrojados a este trámite existencial, a la abulia irremediable de «Un miércoles absurdo», qué menos que afrontarlo con la hermosa soberbia de la distorsión.

Gusta, y mucho, poder observar a Chencho Fernández bajo otras hechuras y distintas vestimentas. Ya le habíamos visto enfundado en la chulería de Las Muñecas de la Calle Feria o transitando las exquisitas confesiones de su proyecto en solitario, pero aquí su traje es otro. Su ropaje resulta ser un chaqué de terciopelo, manchado por el hollín de un naufragio en pleno puerto, oliendo al peor champán servido en copa alta de los mejores bares de aquella Sevilla portuaria y subterránea.

Junto a Javi Neria ofician una ceremonia donde nuestra sombra arquetípica asoma bajo murallas de fuzz y un dream-pop somnoliento a cargo de Álvaro Joya al bajo, Jaime Neria a la batería, Pedro Domínguez a piano y teclados y Alberto Pielfort (viola).

No hay salvación posible. Las viñetas líricas huelen a asfalto pegajoso. El primer corte, “Nuevo debut” nos abre el telón hacia el camerino de un club añejo y aterciopelado en el que suenan pianos a  lo lejos con aires del castillo de Nosferatu con vistas a un abismo con las puertas abiertas a un nuevo futuro. Una canción que se mueve como la fragancia de un espirituoso fosforito vagando entre mesas llenas de copas de una taberna cerrada..

Me gusta “Un miércoles absurdo”, ese espíritu que funciona como aquellas canciones nihilistas del maestro Berrio donde hasta lo más mundano y costumbrista se alza desde los engranajes de esta tonada y las grietas de la rutina hacia cúspides vitales extraordinarias tan solo con el único anhelo de encontrarte.

Ahí está Antoñito en «Eh, tú», atrapado en la ratonera determinista de su barrio con un fraseo que invoca la maestría canalla de un Josele Santiago jugando a las cartas con tito Lou Reed y comiendo migas con la sombra de Kiko Veneno . O la inalcanzable «Fani», consumiéndose durante más de ocho minutos majestuosos a mayor gloria del downtown de los Burning y que por momentos me recuerda al «Cuatro Acordes» de los Flying Rebollos, no es raro pues ambas bandas reportan vidas de calle y asfalto con tan solo un par de acordes. Todo fluye bajo una letanía hipnótica que resucita el pulso narcótico de la Velvet  en «Criatura» o la psicodelia terminal de Spacemen 3, vía John Cale, en la instrumental «No sé». Existe un desasosiego perpetuo en sus alambicadas guitarras, una deliciosa bipolaridad que rastrea el espectro del genio roto de Syd Barrett en «Low and High».

Al final, este disco es un refugio atemporal contra la intemperie contemporánea frente a las prisas, Sick Buzos simplemente exigen una vuelta más, otra cerveza apoyada en la barra para su «Lamborghini Woman», clausurando el exorcismo con el caleidoscopio circular e infinito de «Icy, I Love You». Un triunfo brutal para aquellos que siempre preferirán cobijarse en otra vuelta de melodía a costa de una frase más en su historia, sumando ruido y escalando  en cada estrofa otra capa de actitud, sabiduría y buen gusto.

Texto: Sendoa Bilbao

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Contacto: jorge@ruta66.es
Suscripciones: suscripciones@ruta66.es
Consulta el apartado tienda