Discomático

Paul Roland – Brighton Rock (Dark Companion)

Paul Roland – Brighton Rock - CrazyMindsVuelve el incansable y polifacético bardo de Kent para entregarnos una nueva pieza en su dilatada discografía. Y lo hace, en esta ocasión, adaptando la famosa novela escrita por Graham Greene en 1938 (llevada al cine por John Boulting diez años más tarde); y decimos adaptando cuando lo más adecuado sería decir reinterpretando, puesto que el reto de trasladar en canciones un drama criminal que pronto cumplirá noventa años sólo puede asumirse desde la experiencia en este tipo de menesteres. Cogiendo el material original y dando tu propia visión. Roland, huelga decirlo, es experto en mirar al pasado y devolvérnoslo hábilmente remozado en exquisitas viñetas del mejor psycho pop.

Hábil narrador, erudito musical y excéntrico a tiempo completo, en esta ocasión nuestro hombre ha rebuscado en sus numerosísimas influencias para detenerse por allá 1965 más o menos, en las guitarras y melodías de esos jovenzuelos que atendían por The Who, Small Faces, Kinks, Yardbirds y demás sospechosos, y con esos mimbres componer diecisiete temas que, sin ocultar sus referencias, son tan propios de su estilo como siempre.

Con una primera parte más centrada en la presentación y dibujo de los personajes principales (Pinkie, Rose y Ida) a través de temas como «Siren Of The Seven Bells», «Hello Fred The Thin Youth»  o «Rose (Two Of A Kind)» y una segunda como nudo y desenlace, Brighton Rock acaba por revelarse, tras varias escuchas, como uno de los discos más peculiares de Roland; no tanto por lo formal, puesto que aquí están prácticamente todas las claves que le han definido como artista, sino en cuanto a concepto. Porque, aunque en muchos de sus anteriores álbumes se haya inspirado y/o basado en infinidad de autores (Stoker, Poe, Lovecraft, Verne y un largo etcétera) y algún que otro de esos discos pueda ser calificado, de un modo u otro, de conceptual –Happy Families (1988), Re-Animator (2007), Grimm (2011)- nunca hasta ahora se había enfrentado a una novela por entero para dar su propia versión.

Todavía operativo y en pleno funcionamiento su rol de juan palomo, con la ayuda puntual de Mick Crossley a las cuatro o seis cuerdas y de Violet the Cannibal tras los tambores, Roland vuelve a demostrar con este disco que su capacidad de trabajo es sólo comparable a su torrente creativo. Y ambos, con los años, no parecen precisamente menguar, sino todo lo contrario. Considerémonos afortunados.

 

Eloy Pérez

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