El británico invoca a sus musas como bálsamo para afrontar el duelo por la pérdida de su nieta Bebe, una de las víctimas mortales de aquel apuñalamiento masivo en una escuela de danza de Southport en julio de 2024. Y lo hace apartándose de My Darling Clementine y retomando su carrera en solitario, como si necesitase transitar por el dolor en soledad y recorrer de forma íntima el camino del desconsuelo. Algunas de las canciones son anteriores a 2024 y, aunque el sonido pasa por el americana, por Townes Van Zandt y Chris Isaak, hay también destellos power-pop en la onda de Elvis Costello. La ternura de «Sally Sparkles», que tiene algo de nana, el aire western de «Into the West» o los metales de «Grow Old with Me» confieren al disco una diversidad maravillosa, dejando los acontecimientos de Southport para «The Golden Hour», la desgarradora «Nothing Can Hurt Me Anymore» o «La Bamba in the Rain» y logrando así que el antídoto emocional funcione. Lo sabemos: si hay música, hay esperanza.
MIGUEL SÁEZ MARTÍN






