La banda australiana aterrizaba en Barcelona para presentar Phantom Island y sus elepés anteriores, después de unos años prolíficos a nivel de publicaciones. Y la seguridad con la que arranca el espectáculo define el resto del directo, con los trece minutos de «Magma». Después de esa apabullante obertura comienzan a desfilar canciones que, si bien parece no encajar en estilo una con otra, hay una coherencia sonora inexplicable. Esto se aprecia en «Road Train» y «Flight b741». El disco se edita como bootleg, sin edición ni tomas posteriores, lo que se escucha es lo que sonó aquel 24 de mayo en el Poble Espanyol. Hay momentos de auténtica locura y otros que, extrañamente, y pasado por el filtro del fuzz y la psicodelia acaban en la locura de bandas como la de Emir Kustirica («Witchcraft»). Todo para desembocar en el cierre con «Gila Monster». El Gizzverso en su máximo apogeo. Brutales. Solo queda escucharlo una y otra y otra vez, aunque se despidan siempre hasta la siguiente noche.
DAVID VÁZQUEZ






