Breves

Nos deja Dolly Parton

Durante más de seis décadas, Dolly Parton consiguió algo que parecía imposible. Convertirse en una institución sin dejar de ser una artista. La mujer que salió de las montañas de Tennessee con una guitarra y unas cuantas canciones terminó escribiendo algunas de las páginas más importantes de la música estadounidense. Hoy, a los 80 años, se anuncia en sus círculos más íntimos la marcha de una de las últimas grandes figuras capaces de conectar el country tradicional con el pop, el rock, el bluegrass y la cultura popular.

Parton nunca necesitó renunciar a sus raíces para conquistar el mundo. Su voz podía sonar frágil y poderosa en la misma frase. Su manera de escribir era todavía más extraordinaria. «Jolene» convirtió los celos y el miedo a perder a alguien en una canción de una sencillez devastadora. «Coat of Many Colors» transformó la pobreza de su infancia en orgullo. «9 to 5» llevó las reivindicaciones laborales al terreno del pop sin perder el sentido de la melodía. Y «I Will Always Love You», muchos años de que Whitney Houston la recuperara, demostró hasta dónde podía llegar una buena canción cuando se sostiene únicamente sobre una voz y una emoción.

Esta última tiene además una historia que parece escrita para cerrar un círculo. Parton la compuso como despedida a Porter Wagoner cuando decidió abandonar su programa y emprender su carrera en solitario. No era una canción de muerte. Era una canción sobre marcharse. Sobre agradecer lo vivido y aceptar que algunos caminos tienen que separarse. Décadas después, la citada versión de Whitney Houston la convirtió en un himno planetario. Pero la canción siempre perteneció primero a Dolly.

Ahí reside buena parte de su grandeza. Parton escribía canciones que podían crecer en manos de otros sin perder su identidad. Era compositora antes que estrella. Una artesana extraordinariamente prolífica. Se le atribuyen miles de composiciones y su catálogo atraviesa generaciones, géneros y públicos que normalmente apenas comparten territorio.

También supo entender algo que muchas estrellas olvidan. El personaje no tenía por qué esconder a la persona. El pelo, el maquillaje, los vestidos imposibles, el humor y aquella imagen deliberadamente exagerada formaban parte de Dolly Parton. Pero detrás de todo aquello había una mujer con un conocimiento profundo de la música popular. Una cantante que podía entrar en un estudio y hacer que una canción pareciera sencilla cuando en realidad estaba construida con una precisión extraordinaria.

Su influencia tampoco se mide únicamente en discos vendidos o premios. Parton consiguió que el country dejara de ser una frontera. Entró en el pop sin pedir permiso. Regresó al bluegrass cuando le apeteció. Grabó gospel. Se acercó al rock. Trabajó con músicos de generaciones posteriores. Y siempre volvió a la misma materia prima. La canción.

Por eso su muerte afecta mucho más allá del country. Se marcha una parte de la memoria musical estadounidense. Una artista capaz de representar al mismo tiempo la tradición y la transformación. Una mujer que convirtió su propia historia en repertorio y su repertorio en patrimonio colectivo.

Dolly Parton se va. Sus canciones no. Y pocas despedidas podrían ser más apropiadas para una compositora que hizo de la música una forma de permanecer. DEP.

Eduardo Izquierdo

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