
Decía Billy Childish (músico, escritor, poeta, pintor y figura clave de la escena garajera británica desde finales de los ochenta) que Downliners Sect eran el secreto mejor guardado de la Inglaterra de los sesenta. Y no solo eso: llegó a comparar el genio creativo de Don Craine, guitarrista y cantante del grupo, con el de gigantes como Ray Davies o Pete Townshend. Childish, que acabaría trabajando con Craine en Thee Headcoat Sect a finales de los noventa, siempre comentaba que, si Craine o Keith Grant, bajista y también cantante de la banda, hubieran formado parte de grupos como The Yardbirds o The Rolling Stones, habrían acabado convertidos en estrellas mundiales, porque talento les sobraba.
Seguramente estemos ante una afirmación exagerada, pero lo que sí es cierto es que Downliners Sect fueron una extraordinaria banda de garaje y rhythm & blues con una personalidad lo suficientemente marcada como para no seguir nunca las reglas del negocio. Y eso siempre jugó en su contra. Una de las grandes leyendas que rodean al grupo cuenta que Rod Stewart y Steve Marriott llegaron a audicionar para la banda y fueron rechazados. Al parecer, Craine y Grant, impresionados por el enorme talento de ambos músicos, sintieron amenazado su protagonismo como vocalistas y decidieron no incorporarlos. Fue una decisión que probablemente marcó buena parte de su trayectoria, porque ni Don Craine ni Keith Grant fueron nunca líderes carismáticos.

Cuando su incendiario debut, The Sect, apareció en 1964 sin obtener el éxito esperado, desoyeron los consejos de amigos como Van Morrison o Phil May, que insistían en que continuaran explorando el camino del garaje más salvaje. Hicieron oídos sordos y, convencidos de que había demasiada competencia dentro del rock & roll, decidieron reinventarse con The Country Sect, un álbum en el que llevaban al extremo sus influencias del blues más primigenio, incorporando además una marcada base de sabor country. Todo ello mucho antes de que otros compañeros de generación, como The Byrds, hicieran algo parecido.
Craine explicó entonces: «Siempre me gustó el country & western y además nos apetecía explorar esa vía y ver hasta dónde podíamos llegar». Tampoco obtuvieron el éxito deseado. El salto desde el garaje cargado de fuzz hasta aquellas melodías campestres fue tan radical que muchos llegaron a pensar que se trataba de otra banda distinta. Ellos, sin embargo, siempre defendieron aquel trabajo, que contenía composiciones realmente interesantes. Además, comenzaron a destacar como compositores, firmando canciones tan notables como «Rocks In My Bed», «Hard Travellin’» o «I Got Mine».
Su productor, Mike Collier, comentó años después en Mojo: «Siempre pensé que The Country Sect fue un disco muy incomprendido y adelantado a su tiempo. Muchos de los conceptos básicos del sonido americana ya los pusieron en práctica Downliners Sect en 1965 y nunca recibieron el reconocimiento que merecían por ello».
Antes de ese álbum habían publicado un EP absolutamente insólito titulado The Sect Sing Sick Songs, donde experimentaban con la psicodelia, el blues, el garaje y los desvaríos de un Don Craine completamente desatado. Estoy convencido de que a Frank Zappa le habría encantado participar en artefactos tan peculiares como «I Want My Baby Back» o «Now She’s Dead». Sin embargo, aquellos constantes cambios de rumbo —por otra parte, muy habituales en unos años de continua experimentación sonora— impedían que la banda encontrara su lugar dentro de una escena que crecía a un ritmo vertiginoso. El EP, igual que su debut, recibió buenas críticas, pero el público volvió a darles la espalda.
En 1966, cuando los grandes nombres del rock británico ya habían publicado algunas de sus obras fundamentales, Downliners Sect lo intentaron una vez más recuperando su sonido original: garajero, ruidoso y directo. Si en The Sect revisaban clásicos de Bo Diddley, Chuck Berry o Jimmy Reed junto a potentes composiciones propias dignas de cualquier recopilatorio Nuggets, en The Rock Sect’s In! retomaron aquella fórmula con resultados magníficos. Escuchar temas propios como «Outside» o «Everything I’ve Got To Give» junto a explosivas versiones de «Hey Hey Hey» de Little Richard o «Don’t Lie To Me» de Chuck Berry sigue siendo toda una experiencia.
Pero era 1966. Ya habían aparecido discos como Revolver, Aftermath, Face to Face, Fresh Cream, The Psychedelic Sounds of the 13th Floor Elevators o Blues Breakers with Eric Clapton. La competencia era sencillamente descomunal y resultó muy difícil que un trabajo tan notable como The Rock Sect’s In! encontrara un espacio propio. Una vez más, excelentes críticas y escasa repercusión comercial.
Lo que encontramos en este cofre, magníficamente remasterizado y reeditado por Grapefruit en colaboración con Cherry Red Records, son todas las grabaciones que la banda publicó entre junio de 1964 y septiembre de 1966. Están presentes sus tres álbumes clásicos, junto con todos sus sencillos y EP, donde también se esconden pequeñas joyas imprescindibles.
Acercarse hoy a esos tres discos resulta casi obligatorio para cualquiera que quiera descubrir una parte esencial del underground británico de los sesenta. Pero, además, esta recopilación recupera también aquellos imprescindibles singles con pequeñas maravillas como «Baby What’s Wrong», «Like Egypt» o «Glendora», además de los legendarios siete pulgadas donde la banda daba rienda suelta tanto a su faceta más experimental como a su devoción por los grandes clásicos del rhythm & blues.
No compartimos del todo el entusiasmo de Billy Childish cuando sitúa a Downliners Sect a la altura de las obras maestras de The Who o The Kinks. Sin embargo, si amas el sonido de aquella época irrepetible, este recopilatorio constituye una oportunidad magnífica para descubrir —o redescubrir— a una de las bandas más singulares, valientes e injustamente olvidadas del rock británico de los sesenta.
Texto: Andrés Martínez






