
Si en la crónica de Marilyn Manson empezaba diciendo que siempre me ha atraído y casi nunca por su música, con Moby me pasa justo lo contrario. Considero al neoyorquino un genio y nunca me cansaré de defenderlo. Un compositor capaz de plasmar como pocos su vulnerabilidad y de hacer que sus canciones se cuelen en lo más profundo de uno.
Hace ya mucho tiempo que Moby tuvo la maravillosa idea de liberar los derechos de sus temas y es por ello por lo que su repertorio forma parte de la cultura popular, pues todos hemos dicho en algún momento eso de “esta canción sonaba en…”. Anoche no fue una excepción.
Se presentó Richard Melville en un emplazamiento muy adecuado para desplegar toda su parafernalia, y aunque los efectos visuales dejaban bastante que desear, con cromas y superpuestos tan cutres como innecesarios, dejó instantes apoteósicos. Curiosamente, esos momentos sucedieron con las canciones quizá menos reconocibles del set, como “Raining Again” o “Disco Lies”, pues Moby en directo gana cuando saca la tralla y el dance.

Escueto en sus discursos, aunque por supuesto no faltó su crítica a Trump y su defensa al veganismo y al animalismo (las imágenes de las vacas y los cerdos durante la interpretación de “Why Does My Heart Feel So Bad” merecen mención aparte), Moby se metió del todo al público en el bolsillo con “Porcelain” la canción que lo encumbró y que uno nunca se cansa de escuchar.
En resumen, un concierto donde se cumplió, muy estandarizado y con algún ramalazo de genialidad. También reconozco que soy de los que piensan que Moby es de esos artistas que llenan más en disco que en directo…y tengo la sensación de que eso es algo que hasta el propio Moby sabe.
Texto: Borja Morais
Fotos: Mauri Buhigas






