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Diana Krall – Cap Roig Festival (Calella, Girona)

El Mediterráneo volvía a ejercer de telón de fondo. Cuando el sol terminó de ocultarse tras los jardines de Cap Roig y el murmullo del público se convirtió en un respetuoso silencio, solo faltaba una protagonista.

No hacía falta levantar la voz. Nunca lo necesitó. Diana Krall apareció puntual sobre el escenario de Cap Roig acompañada por el cuarteto que la acompaña en esta gira: el guitarrista Marc Ribot, el contrabajista Dennis Crouch y el batería Jay Bellerose.

No hacía falta nada más. Lo que siguió durante las dos horas fue una lección de elegancia y sensibilidad por el jazz, interpretada por una artista que lleva décadas demostrando que la sutileza también puede llenar auditorios.

Los primeros compases de Almost Like Being in Love bastaron para envolver los jardines de Cap Roig en la atmósfera elegante y atemporal que solo la artista canadiense sabe crear. Concluida la primera interpretación, rompió el silencio con una sonrisa y unas palabras que sonaron tan sinceras como espontáneas: «Thank you for coming. I missed you. This is one of my favourite places to play». Una declaración de afecto que el público respondió con una ovación.

Sobre el escenario volvió a aparecer esa dualidad que siempre ha acompañado a Diana Krall. Mientras sus manos se movían por el piano con la seguridad de quien domina cada matiz del jazz y su voz aterciopelada llenaba el auditorio de una sensualidad contenida, entre canción y canción afloraba una mujer discreta, casi tímida. Cada aplauso parecía sorprenderla. Agradecía las ovaciones con una sonrisa contenida y una ligera inclinación de cabeza, como si todavía le costara creer el entusiasmo que despierta. Ella misma ha confesado que nunca se ha sentido cómoda con las ovaciones y que, cuando el público se pone en pie, su primer impulso es pedir que vuelvan a sentarse. Esa combinación de vulnerabilidad y talento es, precisamente, una de las claves que hacen de Diana Krall una artista única.

A partir de ahí, el concierto fue fluyendo con la naturalidad de una conversación entre viejos amigos. I’m Confessin’, How Deep Is the Ocean (How High Is the Sky) y Let’s Face the Music and Dance se sucedieron sin prisas, dejando que cada canción respirara y encontrara su propio espacio. Bastaban un piano, su voz aterciopelada y el talento de los músicos que la acompañaban para mantener al auditorio completamente absorto.

El público necesitó unos minutos para entrar en los códigos del jazz. Los primeros solos de Marc Ribot, Dennis Crouch y Jay Bellerose se cerraron con un silencio respetuoso, más propio de un concierto de música clásica que de un club de jazz. En el jazz, esos aplausos no interrumpen la música: forman parte de ella. Poco a poco, el público fue entendiendo ese lenguaje y comenzó a responder a cada solo con el entusiasmo que reclamaba una banda de semejante nivel.

«Next song, from Bob Dylan», dijo brevemente antes de dejar que el piano marcara el camino hacia It’s All Over Now, Baby Blue. Lejos de imitar el original, Krall lo llevó a su propio terreno, transformando el folk acústico del compositor norteamericano en una delicada pieza de jazz. La canción conservó intacta su esencia, pero respiró un lenguaje completamente distinto.

Pocos clásicos resisten tantas vidas como I’ve Got You Under My Skin. Inmortalizado por Frank Sinatra, el tema de Cole Porter encontró en Cap Roig una nueva piel. Más que cantar, Diana Krall parecía susurrar cada verso al oído de un auditorio entregado, transformando el silencio en parte de la interpretación. El reconocimiento fue inmediato y la ovación, una de las más cálidas y sentidas de la noche.

Hubo, sin embargo, una imagen que sorprendió. Poco después de cumplirse la primera hora de actuación, una parte del público comenzó a abandonar el recinto. Resultaba llamativo, no solo por tratarse de un concierto de jazz —un género que exige escucha, paciencia y la voluntad de dejarse sorprender por lo que ocurre sobre el escenario—, sino también porque sobre ese escenario se encontraba una de las artistas más importantes del jazz de las últimas décadas.

Diana Krall no ofrecía una sucesión de canciones, sino una auténtica celebración del género, sostenida por el respeto al repertorio, la libertad creativa y la extraordinaria compenetración de un cuarteto impecable.

En cualquier caso, aquel incesante goteo de espectadores no alteró lo más mínimo el desarrollo del concierto. Diana Krall y su cuarteto mantuvieron intacta la concentración y el nivel interpretativo, ajenos a cualquier distracción.

Quienes permanecieron hasta el final asistieron precisamente a los momentos de mayor inspiración de una velada que hizo honor a la esencia más pura del género.

Todo parecía haber llegado a su fin con Just You, Just Me. El cuarteto se retiró del escenario mientras el público respondía con una ovación prolongada, convencido de que aún quedaba algo por decir. La espera fue breve. Apenas unos minutos después, Diana Krall y sus músicos regresaron para ofrecer un último regalo musical que terminó de redondear la velada.

El jazz no entiende de consumos rápidos ni de listas de éxitos. No tiene prisa. Respira entre silencios, se alimenta de la improvisación y encuentra su grandeza en los matices. Quien se sienta a escucharlo sabe que la recompensa está precisamente en ese viaje, no solo en el destino.

Diana Krall volvió a recordarlo en Cap Roig con la serenidad de las grandes artistas: sin levantar la voz, sin artificios y dejando que fueran el piano y las canciones quienes hablaran por ella.

Texto: Ben Marcus

Fotos: Gloria Limontes

4 Comentarios

  1. me flipa diana krall. elegante, bonitta vvoz, buenisima pianista, gran eleccion de cancionnes. muy chula en definnitiva. bonnito articulo.-

  2. Totalmente de acuerdo con lo expuesto en el artículo de Ben Marcus
    No me explico porqué hay gente que compra una entrada sin saber ciertamente lo que va a ver o, mejor dicho, a escuchar, pero lo más inquietante es marcharse a medio concierto. Simplemente es de un mal gusto y denota falta de educación ya no solo musical.
    Diana Krall, estuvo, y es, sublime, elegante, discreta y dándolo todo de ella. La banda de una inmejorable calidad.
    Segundo concierto que asisto y, ojalá pueda asistir a muchos a muchos más.
    Thank you Diana, We love you!!

  3. Maria Durán Pueyo

    Mi impresión en directo fue muy distinta. Un repertorio más propio de una sala pequeña y de una duración más reducida. Su voz apagada i ronca que solo podia recitar dos estrofas de cada canción y suerte de los músicos que la arropaban que lo hacía más llevadero. Sus frases inconexas entre canción y canción.
    El público no se fue porque no entendió el sentido del concierto, sino porque se hizo pesado y faltó su voz que es lo que íbamos a escuchar.
    Por cierto el concierto de Madrid del 27 de julio fue cancelado por la propia Diana Krall. Alguna razón habría

    • Totalment d’acord.
      Penso el mateix, no era proposta per un concert tant multodinari…comentaris de poc feeling… Una llàstima

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