
Es muy complicado hacer una reseña de un concierto de Daddy Long Legs sin recurrir a los tópicos rockeros. Pero es que el cuarteto estadounidense los reúne todos y cada uno de ellos. Sin embargo, los convierte en realidad con una intensidad y una entrega arrolladoras. Por eso, cada nueva visita deja la sensación de que es mejor que la anterior. La pasada noche, en una Upload sudorosa y bullanguera, volvió a ocurrir.
El público respondió con entusiasmo a la descarga que los de Brooklyn desataron desde las tablas, creando el clima perfecto para que la combustión fuera inmediata. Brian Hurd acapara todas las miradas. Ejerce de chamán, se mezcla con el público y pone la sala en ebullición cada vez que sopla la armónica. Tras él, Murat Aktürk arranca chispas de sus seis cuerdas; Josh Styles vuela tras la batería, marcando ese ritmo tribal imposible de dejar de seguir; y Dave Klein aporrea su teclado, maneja la pandereta y contribuye a afianzar una puesta en escena tan caótica como perfectamente medida.

Su propuesta es ideal para cualquiera que ame el rock & roll, capaz de aglutinar a rockers, amantes del rhythm & blues y devotos del garage. Citar a los primeros Dr. Feelgood no es baladí: Hurd y sus cómplices comparten el mismo espíritu que guio a los británicos en su momento, el de tomar esas raíces musicales e inyectarles urgencia punk y adrenalina en vena. Más de cinco décadas después de que los Feelgood echaran a andar, la fórmula sigue funcionando a las mil maravillas.
Sin medias tintas, ejecutan un repertorio que nunca pierde el pulso, ya sea acelerando hasta el vértigo o bajando las revoluciones sin que decaiga la tensión. Pero lo verdaderamente meritorio es que no viven únicamente de la intensidad escénica. Su cancionero está repleto de composiciones con entidad propia, como demuestran sus discos, pero es sobre el escenario donde encuentran su máxima expresión. «Long John’s Jump», la contagiosa «Nightmare», «Death Train Blues», «Pink Lemonade», «Evil Eye» o «Motorcycle Madness» son un vendaval, por no hablar de sus selectas versiones, caso del «Ramblin’ Gamblin’ Man» de Bob Seger System, o la explosiva lectura del «Fire & Brimstone» de Link Wray. Unos auténticos jefazos. Bandas como Daddy Long Legs son necesarias para mantener viva la llama. Si pasan cerca, no hay excusa que valga, no te los pierdas.
Manel Celeiro
Foto: Eduardo Izquierdo






