
Treinta años de música y magia en Cazorleans
Roza el milagro que una pequeña localidad de Jaén, con poco más de seis mil habitantes, se haya consagrado como una de las mecas europeas del blues cada mes de julio. Y es que la pasión por este género de raíces afroamericanas, sufriente y liberador, ha hecho que el Blues Cazorla, edición tras edición, crezca y se fortalezca multiculturalmente (nada de prioridad nacional, solo amor, respeto y hermanamiento sonoro y vital).
Así, cada verano y durante tres décadas, a golpe mágico de armónica, los campos de olivos jienenses se funden con plantaciones de algodón y, el nacimiento del Guadalquivir en pleno Parque Natural, desemboca y se abraza, en cada una de las calles y plazas de Cazorleans, con el mismísimo río Mississippi.
Jueves
Con una buena amiga como compañera blusera que me estuvo poniendo al día del K-Pop de ayer y hoy on the road, la celebración comienza en el albero precisamente con sabor coreano a cargo de Richiman & Groove Nice (otro ejemplo más de que las raíces y la vida no entiende de límites ni fronteras), power trío de Corea del Sur que rezuma clase jazzística y energía contagiosa en un show al alcance de pocos. Blues con una sonrisa en la cara y pellizco en cada interpretación, intercalando temas propios con clásicos que hacen suyos, de “Soul Sucker” a “Groove Nice”, pasando por un “Good Golly, Miss Molly” que habría disfrutado hasta Little Richard.

Las ascuas están en su punto y desde Houston, Texas, nos llega la estrella que más brilla en esta jornada inaugural, Carolyn Wonderland, acompañada por una banda de relumbrón (con Shelley King como mano derecha a la acústica y segunda voz) y una garganta que es puro fuego, provocando el primer gran temblor de tierra y que la emoción se desborde en Cazorleans. Le corren por las venas las bases mestizas de la música americana, regalándonos un amplio paisaje sonoro de aromas y colores que van más allá del blues, pasando por el folk, el country con aristas honky-tonk o el rock ‘n’ roll. Recorre, eléctrica en mano, gran parte de su sobresaliente “Truth Is” (25), canciones de cosecha propia y personalísimas versiones, de “I Ain’t Going Back” al “Nobody’s Fault but Mine” de Blind Willie Johnson, pasando por una exquisita “Don’t Waste My Time” de su querido John Mayall, quien la eligió guitarrista principal de The Bluesbreakers en 2018 (primera mujer en ocupar ese puesto, previamente desempeñado por leyendas como Eric Clapton, Mick Taylor y Peter Green).
Carolyn nos tiene en sus redes y termina por rematarnos al lap steel, haciendo que salten chispas de sus cuerdas con “Fragile Peace and Certain War”, “Sooner or Later” y “Misunderstood”. Lady Wonderland, poderío y pellizco a raudales que dejan muesca pronunciada en esta 30.ª edición que ya toma velocidad de crucero.

Seguimos en territorio sonoro americano con Mike Zito y su banda de forajidos bluseros, dándole un volantazo a la noche y ganando velocidad por carreteras secundarias de Saint Louis, Missouri, a base de afilado blues-rock. Maestría total a la guitarra eléctrica, no faltan piezas de su aún humeante nuevo disco, “Outside or the Eastside” (26), de la titular al “Just Like I Treat You” de Willie Dixon, pasando por una “Forever My Love” que nos estruja el pecho y una traca final en la que el cóctel molotov lleva el sello de Led Zeppelin, con “Kashmir” y “Whole Lotta Love” como ojos de un huracán que no nos deja tocar el suelo hasta muchos después de terminar.
El viaje ha sido largo y Will Jacobs & Marcos Coll nos dan las buenas noches con una penúltima tromba de Chicago blues revisitado, sacándole brillo a su flamante “One More Time” (26), con temas que alcanzan combustión instantánea desde el primer parpadeo, de “Hey babe” a “Red hot mama” o un “I Feel Good” shuffle con extra de blues que termina por dibujar la sonrisa colectiva de la jornada inaugural. Sin olvidar a Antonash, jovencísimo pianista (11 años) que deja a todas y todos los presentes con la boca abierta, más Brian a la batería y el omnipresente e infalible Javi Vacas al bajo, que repetirá el sábado como escudero del gran Charlie Musselwhite.
Viernes
Segunda round y toca reencuentros con los nuestros en una Plaza Santa María en plena ebullición, sin importar mucho los casi 40 grados de temperatura, ya que tenemos el remedio y la enfermedad: guerra de agua y música de la buena en el mejor de los ambientes. Nos perdemos a La Vinilo y los 4 Fantásticos, pero nos cuentan que inyectaron blues, surf rock, rockabilly y mucha diversión, seguida de Nola Blues, con los que disfrutamos de una actuación cargada de boogie, jazz y swing cien por cien New Orleans. En el ecuador, Blues Against The Machines nos calan a la primera, con una “Spiders in my cars” como momento cumbre que aún no nos hemos podido quitar de la cabeza; seguidos del power trío liderado por el gran Santi Campillo, con Jimi Hendrix bajo sus alas y en la camiseta. Tomamos nuestra “Ruta 66” y se revientan definitivamente los termómetros con versión de los/sus M-Clan más Black Crowes, “Donde el río hierve”, más despedida muy coreada con “Un buen momento”.

Toca recargar baterías a base de productos de la tierra, ciervo y jabalí en salsa de almendras in the air y darles la bienvenida a los refuerzos sureños.
Pisamos de nuevo albero con Walter Trout exprimiendo su guitarra en la Plaza de Toros, acompañado por una rocosa banda (su hijo incluido), con el “I Can Tell” de Bo Diddley dándonos la bienvenida. El mítico vocalista y guitarrista de New Jersey, que formó parte de la banda de John Lee Hooker, de los Canned Heat y de John Mayall & The Bluesbreakers, demuestra que está de vuelta de todo (sobrevivió a la cuenta atrás de un trasplante de hígado) y ofrece una masterclass sin pausa de blues de altos quilates, reposado y a tumba abierta. De una espectacular “Say Goodbye to the Blues” a la “The Best You Got” final.

Bajamos un poco la intensidad, pero no la calidad, y ganamos un extra infinito de festividad viajando a New Orleans con los all stars Take Me To The River, un espectacular elenco de músicos de Nueva Orleans como Cyrill Neville, Omari Neville, Big Chief Bo Dollis (de The Wild Magnolias), Anjelika “Jelly” Joseph, Ian Neville, Robert Mercurio (de Galactic), Joe Ashlar y el cineasta Martin Shore a la dirección musical. Take Me To The River All Stars nace para preservar el rico legado histórico, cultural y musical que nace a ambos lados del Mississippi, Nueva Orleans y Memphis. “All On A Mardi Gras Day” y comenzamos el carnaval de New Orleans a lo grande, con la banda tocando sobre el escenario, pero no vemos quién canta… hasta que divisamos a un Big Chiefs entre el público, un gran jefe indio, como los que lideran el Mardi Gras de Nueva Orleans para celebrar y honrar a los nativos americanos que dieron refugio a los esclavos huidos; con uno de esos espectaculares trajes coloridos de plumas y cuentas que parecen haber salido de un mundo mágico, cantando y danzando entre el público, hasta que vuelve al escenario y se funde con los demás músicos.

El funk, el soul y el rhythm and blues no dejan de latir en Cazorleans, más hermanada que nunca esta noche con la ciudad de Louisiana, de “Party” de The Wild Magnolias, con Big Chief Bo Dollis de nuevo al mando, a la mítica “Iko Iko”, pasando por una coral “Take Me To the River” en la que el Guadalquivir vuelve a desembocar por arte de magia en el Golfo de México. El momento cumbre funky llega con el “No More Okey Doke” de The Meters, con el legendario Cyril Neville al mando, para seguir con ese soniquete funk made in Louisiana de una “Cabbage Alley” que aún nos mueve el cuerpo. Nos ha pasado (¡qué suerte la nuestra!) muchas veces y, una vez más, podremos contar que fuimos al Blues Cazorla y terminamos en Nueva Orleans.
La dosis de soul elegante y descarnado, con un plus de espiritualidad gospel (con siete años ya cantaba en la iglesia) nos llega desde Texas con una de las voces más profundas y enérgicas de esta 30.ª edición, Sugaray Rayford. Carisma a raudales y cuerdas vocales empapadas del espíritu de Otis Redding y Wilson Pickett, tarda segundos en conquistar a la plaza de toros al completo y sudar funky-soul-blues por cada poro de su piel. De la sensualidad de “Blind Alley”, a seguir subiendo las temperaturas con el “Grits ain’t groceries” de Little Milton o el más reposado “Baby what you want me to do” de Jimmy Reed. Nos corta la respiración con la emocionante y desgarradora “Somebody save me” y vuelve a zarandearnos con “Gonna lift you up” y “Time To Get Movin’, para rematarnos con un “(Sittin’ On) The Dock of the Bay” que mece de la primera a la última estrella que cuelga del cielo de Cazorleans.

Tres y media de la madrugada y salen a escena el trío de Boston GA-20, Matthew Stubbs, Cody Nilsen y Josh Kiggans, disparando blues con regusto soul-rock a discreción. A la espera de que lancen su nuevo disco a finales de julio juntos a, nada más y nada menos que Charlie Musselwhite, nos deleitan con los adelantos del mismo: el palpitar acelerado e incendiario de “Crazy love”, la emocionante y contenida “I’ll Change My Style” y la afiladísima “I Can’t Hold Out”. Suenan también muy ganadoras piezas claves de su cancionero como “Cryin’ & Pleadin’”, la magnética “Dry run” o una “Easy On The Eyes” que nos recuerda a los Black Keys primigenios. Retirada y, justo antes de acostarnos, las ondas sonoras y la cercanía de nuestra madriguera cazorleana con los conciertos finales, parece regalarnos un tema endiablado de surf instrumental con aroma fronterizo que tambalea la cama y que, a día de hoy, aún no sé si soñamos o vivimos despiertos.
Sábado
No llegamos a T-Lenoir ni Sergio Freire, pero por lo que nos encontramos, la plaza boca abajo, parece que fueron de notable alto. Última jornada y toca darlo todo en Santa María con Al Dual y su banda, recibiéndonos con “Cadillac Funk” y una balacera de hits que se funden a la perfección con la balacera de agua en hora punta, más nuestra “peña del aspersor” de nuevo a pleno rendimiento incluida. Al Dual nunca falla y pocos dominan los sonidos de la época dorada de la música americana como él, del rockabilly más vibrante y adictivo, al country reposado más auténtico, pasando por el rock ‘n’ roll clásico en toda su amplia paleta de matices. Y claro, suponemos que lo suelen programar en esta plaza, porque su Gretsch siempre está a punto de arder y aquí nunca falta el agua para apagar cualquier incendio.
LaTorre Blues Band, con las raíces bien aprendidas, muy bien rodeado y añadiendo un soplo de brisa fresca blusera, ponen la guinda a una Plaza Santa María que ya echamos de menos. Mención especial para una de sus invitadas, “Paulina del Carmen”, jovén soulera que nos pellizca con su voz y saber estar en las tablas, con reminiscencias a la gran Amy por momentos.

Aunque estamos más muertos que vivos y se hace imprescindible huir un poco del calor y recargar pilas para la gran traca final de la noche en la Plaza de Toros, nos acercamos al Auditorio del Parque, a reventar con La Blues Band de Granada, bandera indiscutible del festival desde sus inicios (formaron parte junto a Caledonia Blues Band del primer cartel del festival en 1994) y en perfecto estado de revista, enganchándonos con una buena tromba de clásicos que no nos dejan volver a casa.
Día grande en el escenario principal y abriendo el mismo la leyenda de esta 30.ª edición, Charlie Musselwhite. Puro Mississippi en su garganta y maestro de maestros a la armónica, dominador total del blues y el rock ‘n’ roll en todos sus amplios espectros y encrucijadas, del blues eléctrico de Chicago al southern rock o el country blues. Se crio en Memphis y absorbió el surgimiento del rock and roll, trasladándose luego a Chicago y codeándose con lo más granado del género, de Muddy Waters a Junior Wells, Sonny Boy Williamson, Buddy Guy, Howlin’ Wolf o Little Walter. Así, solo nos queda disfrutar y agradecer la vida extra que nos regala Musselwhite esta noche, eternamente joven a sus 82 años.

De “Good Blues Tonight” a “My Kinda Gal”, aferrándonos con uñas y dientes a la brisa mágica de una “I,m Going Home” en la que nos habríamos quedado a vivir este verano y el siguiente. Fuego a la armónica y hace que se tambalee la plaza de toros a su antojo en “River Hip Mama”, con el “Gone Too Long” de Billy Boy Arnold o el “Help Me” de Sonny Boy Williamson, pasando por el “Hip Shakin’ Mama”, pieza de su magnífico último disco hasta la fecha, el “Look Out Highway” del pasado año (si no lo escucharon, háganse ese regalo, por favor). Y claro, de cierre un “Christo Redemptor” con la que Cazorleans al completo termina por tocar el cielo.
Si la armónica de Musselwhite es la que más brilla en esta trigésima edición, los fuegos artificiales a la guitarra y el virtuosismo sideral llegan con Eric Johnson, ofreciendo una master class sinigual a las seis cuerdas, mezclando a la perfección rock instrumental con jazz y aromas country-blues y New Age por momentos. Hechizo total de principio a fin, del “Righteous” de apertura, a “Forty Mile Town” o la espectacular versión del “Caravan” de Duke Ellington. Canta y refresca la madrugada con “Desert Rose”, para volver a prender fuego a la luna con una maravillosa interpretación de “Cliffs of Dover” y una incendiaria “Bold as love” que hace suya.

Si Johnson se llevó la corona del virtuosismo este año, tocaba volver a tomar tierra con dos viejos conocidos por estos lares, dos cazarrecompensas que nos devuelven el más puro pellizco blusero, John Primer & Giles Robson Band. Y es que, si Giles Robson es uno de los mejores intérpretes de blues a nivel mundial con la armónica, John Primer es referente total del Chicago Blues, formando parte de la banda de Willie Dixon, como último guitarrista principal de Muddy Waters y en un sin fin de proyectos como líder de los mismos. Desgranan su disco conjunto “Ten Chicago Blues Classics” (24) y nos teletransportan a esas décadas de resplandor blusero en la ciudad. Del “My Babe” de Little Walter, a “Rollin’ Stone” y “Blow Wind Blow” de Muddy Waters, pasando por piezas inmortales de Sonny Boy Williamson como “Let Me Explain” o un “Got My Mojo Workin’” que deja más de una quemadura.

Y si venimos de la electricidad y el fuego de Chicago con Primer y Robson, Ghalia Volt aparece sobre las tablas con un mechero en una mano y en la otra un bidón de gasolina. Broche abrasivo de oro con Ghalia haciendo que arda su guitarra eléctrica y se contonee al completo una plaza de toros que aguanta más despierta que nunca a las cuatro de la mañana. Afincada en Nueva Orleans y nacida en Bélgica, nos gana con su acento cada vez que habla en perfecto español (de abuelos gaditanos y madre motrileña). Del “Talk To Me Baby” de Elmore James a la seductora “Meet Me in My Dreams” y “Espìritu Papàgo”, pasando por una “Wreckin’ & Rollin’” que nos pasa por encima como un canto rodante en llamas. Así, con el fuego en el cuerpo nos vamos y volveremos, a por más música y magia para sentir que, aunque es un soplo la vida, treinta años no son nada.
Texto y fotos: David Pérez Marín








Me sorprende que la crónica no haga ningún comentario a los problemas de sonido de Eric Johnson y su precipitado fin de actuación….
Tampoco se nombran a grupos del escenario de tarde, como el Oso y sus sabandijas, que fueron de lo mejor de esta edición.