
Aunque Malin sigue un orden cronológico a lo largo de los capítulos, Almost Grown no se presenta como unas memorias convencionales al estilo de una autobiografía al uso, sino más bien como una especie de diario personal. El propio autor explica que comenzó a escribirlo en la mesa de la cocina de su apartamento del Lower East Side de Nueva York, tras regresar de los conciertos y mientras todavía conservaba la energía suficiente para recordar historias o desarrollarlas a partir de las notas que había ido acumulando en cuadernos y hojas sueltas.

Todo ello ocurrió varios años antes de sufrir el ictus medular que cambió su vida en 2023. El libro, escrito junto a la periodista y autora Debra Devi, quedó completado en pleno proceso de recuperación. A través de sus páginas, Malin refleja su evolución artística y personal, avanzando de forma natural hacia el lugar en el que realmente quería estar, sin forzarse a permanecer ligado a ninguna escena concreta. Esa honestidad convierte la lectura en una experiencia cercana, permitiendo al lector empatizar con él y percibirlo como alguien que, de una forma u otra, siempre ha estado presente.
Destaca especialmente su capacidad para plasmar el amor hacia su familia sin esquivar los conflictos con la figura paterna, al tiempo que transmite una profunda admiración por su madre. Todo ello aparece filtrado por la mirada de una persona enamoradiza, sensible y con cierto aire canalla. Este retrato se complementa con numerosas anécdotas de juventud y de su etapa adulta, cuando comienza a cuestionarse muchos aspectos de su vida. En ese sentido, la comparación con sus canciones resulta inevitable: la observación, la honestidad y una notable capacidad narrativa son las herramientas con las que construye sus historias.
Esa misma autenticidad se amplifica cuando aborda su vínculo incondicional con Nueva York y el privilegio de haber vivido en primera persona momentos clave de distintas escenas musicales, ya fuera en clubes de dudosa reputación o en lugares míticos como el CBGB. Del mismo modo, una vez consolidado al frente de D Generation, relata su amistad y admiración por figuras como Joey Ramone o Joe Strummer, así como sus colaboraciones con Ryan Adams, Green Day o Bruce Springsteen. Tampoco falta el recuerdo del día en que actuó en el Madison Square Garden como telonero de KISS, ni la anécdota posterior que, según admite, jamás olvidará.
Su faceta emprendedora también queda reflejada en diferentes iniciativas orientadas a impulsar escenas musicales locales, así como en la creación de su propio bar, Niagara, que todavía hoy permanece abierto en el Lower East Side. Del mismo modo, el libro no rehúye un tono más melancólico en su tramo final, condicionado tanto por acontecimientos que marcaron al mundo como por las experiencias más duras vividas por el propio autor. El resultado es una lectura emocionalmente cercana, capaz de generar empatía sin renunciar a un cierto regusto amargo.
Si eres realmente seguidor de Jesse Malin, merece la pena intentar conseguir la edición especial firmada por el propio músico. Esta incluye el volumen complementario Paper Trails, una recopilación de reproducciones de flyers, carteles y otros materiales promocionales que recorren toda su trayectoria artística.
Texto: Óscar Fernández Sámchez






