Ocho años después de su último trabajo de estudio, los alaveses están de vuelta con Sins, un álbum que no suena a reencuentro nostálgico ni a ejercicio de supervivencia, sino a una declaración de intenciones. Pese a todo, seguimos aquí. The Soulbreaker Company presentan un disco más directo, áspero y orgánico, grabado en los legendarios Electrical Audio de Chicago. Lejos de acomodarse en una fórmula reconocible, han aprovechado el largo paréntesis de tiempo transcurrido para replantear su sonido. El resultado es un trabajo que observa el mundo contemporáneo con una mezcla de inquietud, ironía y desencanto, abordando temas como la manipulación, la obediencia colectiva o la pérdida de referencias en una sociedad cada vez más polarizada.
Con más de dos décadas de trayectoria a sus espaldas, siguen demostrando que la madurez artística no consiste en repetir aciertos pasados, sino en asumir riesgos y seguir en constante evolución. Hablamos con Jony Moreno, vocalista, sobre el proceso de creación de Sins, su evolución como banda y el lugar que ocupa este nuevo disco dentro de una de las carreras más singulares del rock estatal.
La primera pregunta es obvia, han pasado nada más y nada menos que ocho años desde vuestro último álbum. Un periodo que da para muchas cosas, nuevas situaciones personales, laborales, cambios de formación… ¿Qué resumen haríais de lo sucedido en la banda durante este tiempo?
Han sido ocho años intensos, que no se resumen solo en términos musicales. Ha habido cambios personales, laborales y también de formación…. La banda nunca ha desaparecido, aunque durante un tiempo haya funcionado a otro ritmo. Desde la pandemia, que nos cogió con el pie cambiado, hicimos la gira de celebración de los 20 años y después compusimos Sins y más tarde fuimos a grabarlo, desde que lo terminamos hasta que finalmente ha salido casi han pasado otros dos años por lo que te diría que solo hemos estado parados dos años de pandemia y otros dos de edición del nuevo álbum. Con el ritmo que llevábamos antes, eso quiere decir que tendríamos cuatro discos más (risas)
Ya te digo, seguro. (Risas) Entre los cambios que citamos hay algunos de peso, como cuando tras la pandemia Asier y Andoni, fundadores y piezas clave, dieron un paso al lado. Ya solo quedáis tú y Daniel de los que empezasteis… ¿Cómo se han ido asentado y que han aportado los músicos que se han ido sumando al proyecto?
La salida de Asier y Andoni fue importante, porque no hablamos solo de músicos, sino de amigos y de gente que ayudó a definir lo que era la banda desde el principio. Pero los cambios se han dado de forma natural, y es de agradecer que cuando vieron que les iba a ser imposible compaginar sus vidas con otra gira y otro disco decidieran no seguir, en ese sentido creo que han sido generosos, pero no me esperaba menos de ellos. Piensa que, aunque solo estemos Dani y yo desde el principio, Javi e Illan llevan tanto o más que algún miembro original, en este sentido la forma de componer no ha cambiado mucho, pero sí que se nota en el toque personal de cada uno, tanto en el técnico como en el creativo, y creo que es acertado pensar que aun así mantenemos nuestra esencia original.
En la actualidad, la industria musical cada vez está más dominada por la inmediatez y por el impacto instantáneo. Obviamente sois un ejemplo de que se puede seguir creando y tocando sin tener esa presión encima, por el puro placer de seguir juntos. ¿Se puede continuar haciendo música sin mirar constantemente al mercado? ¿Cuál es el secreto?
Aunque creo que cada vez es más difícil, se puede, pero debes tener muy claro por qué haces música. Si estás constantemente pendiente de la respuesta inmediata, de las cifras o de cómo funciona el algoritmo, es fácil perder el foco. Nosotros nunca hemos sido una banda pensada para correr detrás de una tendencia. El secreto, si lo hay, es mantener una relación honesta con lo que haces y con la gente con la que lo haces. Tocar porque lo necesitas, porque te sigue emocionando entrar en un local y hacer música juntos. Eso no quiere decir que tengamos garantizado mantenernos como hasta ahora solo con buenas intenciones, esta claro que hay que adaptarse, como en todo en la vida, pero es que nosotros somos una banda de seis miembros con una trayectoria de casi veinticinco años, no va a ser tan sencillo …(risas)
Todas las reseñas que he leído hasta el momento coinciden en hablar del nuevo álbum como un trabajo más directo, menos denso que sus predecesores. Algo en que coincido. ¿Ha surgido de forma natural o es algo que habéis buscado? ¿Abre Sins una nueva etapa dentro de la banda?
Ha surgido de forma bastante natural. No nos sentamos a decidir que queríamos hacer un disco más directo, pero sí es verdad que las canciones pedían menos capas y menos rodeos. Como te decía antes, la forma de componer no ha cambiado mucho, y esta vez también queríamos dar una pequeña vuelta de tuerca. Me gusta que hagamos cosas distintas en cada trabajo, y Sewed With Light fue un disco muy ambicioso, donde quizás tengamos varias de nuestras mejores canciones si me apuras, pero no queríamos repetir la formula, nunca lo hemos hecho, por eso creo que tampoco es que abramos una nueva etapa con Sins, estoy seguro que en el próximo disco el cuerpo nos pedirá no repetirnos, y me parece bien siempre que seamos reconocibles y coherentes con la banda.
¿Hasta qué punto el hecho de grabar en los estudios Electrical Audio condicionó el sonido final del álbum? ¿Qué os atraía del legado de Steve Albini y de cómo trabajan allí?
Electrical Audio condiciona desde el primer minuto, pero no en el sentido de imponerte un sonido, sino de obligarte a estar presente. Allí todo tiene algo muy físico: las salas, la forma de grabar, la sensación de que lo que estás tocando queda capturado de verdad. Nos atraía mucho esa filosofía asociada a Steve Albini: grabar a una banda sonando como una banda, respetar la dinámica, no pulirlo todo hasta que pierda carácter. Queríamos que el disco respirara así, con cierta crudeza y sin muchos sortilegios, algo parecido a lo que hicimos con Graceless, pero con más experiencia y con un equipo técnico mucho más adaptado a nosotros.

Todo y así ha tardado algo más en estar disponible ya que no terminabais de estar satisfechos con las mezclas finales. ¿Dónde está para vosotros la línea en que consideráis que una obra ya está terminada?
Cuando se masteriza de una puñetera vez (Risas). Somos bastante meticulosos, aunque más que perfeccionistas en un sentido frío, diría que somos insistentes con la idea de ser fieles a lo que la canción necesita. Cuando vuelcas tanto tiempo y tanta energía en un disco, cuesta conformarse si sientes que algo no termina de representar del todo lo que llevas dentro. A veces eso retrasa las cosas, claro, pero también forma parte del proceso. Preferimos tardar un poco más y sentir que el resultado nos pertenece de verdad antes que cerrar una etapa con la sensación de habernos quedado a medio camino.
Es importante resaltar que, pese a que habéis grabado en diferentes estudios y países, la producción siempre ha corrido a cargo vuestro. ¿Es algo que tenéis muy claro?
Sí, lo tenemos bastante claro. Nos gusta trabajar con gente y que entienda el lenguaje de la banda, pero la responsabilidad final de las decisiones siempre ha sido nuestra. No por una cuestión de control enfermizo sino porque son canciones que conocemos bien, que generalmente forman parte de un todo, meter mano a eso nos pone un poco nerviosos la verdad. Eso no quiere decir que no nos dejemos aconsejar, han salido cosas geniales gracias a los técnicos del estudio, pero siempre pensamos en producir nosotros a nuestras criaturas.
Las letras parecen retratar un mundo en crisis permanente: guerras, polarización, desigualdad, manipulación… ¿Es un disco más concienciado globalmente que los anteriores?
Probablemente sí, aunque no lo planteamos como un disco panfletario. Las letras parten de una sensación bastante compartida: la de vivir en un ruido constante, con demasiada información, demasiada tensión y muy poco espacio para pensar. Hay guerras, desigualdad, discursos extremos, manipulación emocional… y todo eso acaba entrando en las canciones porque forma parte del paisaje. No pretendemos dar respuestas, pero sí reflejar lo que hay. Es curioso que, desde nuestro debut, Hot Smoke & Heavy Blues (2005), me da la sensación de que el mundo es igual e incluso un poco peor en ese aspecto.
Siguiendo con lo mismo, hay canciones como «Ant Row» que cuestionan el seguimiento ciego de líderes, discursos o dinámicas colectivas. ¿Creéis que vivimos una época especialmente propensa al pensamiento único, a la conciencia de rebaño?
Sí, y además de una forma muy contradictoria. Parece que tenemos más herramientas que nunca para informarnos y pensar por nosotros mismos, pero al mismo tiempo vivimos rodeados de mecanismos que nos empujan a reaccionar en bloque. «Ant Row» habla un poco de eso: de la comodidad de seguir la fila, de repetir consignas, de sentirte protegido dentro de una masa, aunque no sepas muy bien hacia dónde va. No es una crítica desde una supuesta superioridad, porque todos caemos en eso. Es más bien una advertencia hacia nosotros mismos.

Si tuvierais que elegir un tema que represente mejor el espíritu de este nuevo trabajo… ¿Cuál sería y por qué?
Seguramente elegiría «The Right to Hush My Sins» porque resume bastante bien varias cosas del disco: la tensión, el punto oscuro, un poco de existencialismo. Tiene una energía especial, sin ser necesariamente la más popular del disco. Como anécdota es algo que decía mucho mi abuela, que era muy católica, menos en la parte de contar sus pecados, desconozco el por qué (risas).
Primera vez que trabajáis con Discos Macarras. ¿La búsqueda de como editarlo ha sido parte también de ese retraso en la salida? ¿Contentos de la relación con el nuevo sello?
Cómo editarlo tuvo su parte en el retraso, sí. No queríamos sacar el disco de cualquier manera, y de nuevo ha pasado tiempo y las cosas son distintas a antes de la pandemia para esto también. Con Discos Macarras la relación ha sido muy natural desde el principio. Hay cercanía, confianza y una manera de trabajar que encaja con nosotros. Después de tanto tiempo, necesitábamos sentir que el disco salía acompañado por gente que creyera en él de verdad.
Tras más de veinte años de carrera, y habiendo empezado como una banda de colegas del instituto ¿Qué balance hacéis de toda la trayectoria? Si os vale mi opinión, haber salido a tocar más a manudo fuera de nuestras fronteras hubiera estado bien. Crea que sois una banda muy exportable. Pero claro, cada uno sabe sus circunstancias….
El balance es muy positivo, sobre todo porque seguimos aquí. Empezamos como una banda de amigos, casi sin pensar demasiado en el futuro, y más de veinte años después seguimos teniendo canciones nuevas y ganas de defenderlas. Es verdad que quizá podríamos haber tocado más fuera, y seguramente la banda tenía margen para moverse más en otros circuitos, pero cada etapa tiene sus circunstancias. Tampoco hemos sido la banda con más promoción del planeta. Preferimos mirar la trayectoria con cariño y no desde lo que pudo haber sido. Haber llegado hasta aquí ya nos parece algo bastante valioso.
– Y para terminar… ¿Como preparáis la gira de presentación? La pandemia y otros asuntos, especulación inmobiliaria, cansancio de los propietarios, presión municipal, han acabado con varias de salas que, por formato y capacidad, visitabais cuando salíais a tocar… La última el Gruta 77 de Madrid…
La gira la estamos preparando con muchas ganas, pero también con realismo. El circuito ha cambiado mucho y cada vez es más difícil encontrar salas medianas que funcionen bien para bandas como la nuestra. El cierre de sitios como Rocksound, aunque no la menciones, duele porque no eran solo locales: eran espacios de cultura, de encuentro y de resistencia. Aun así, queremos presentar el disco donde se pueda y en las mejores condiciones posibles. No se trata de hacer una gira enorme, sino de tocar en lugares donde tenga sentido, con buen sonido, buena compañía y público dispuesto a compartir ese momento.
Manel Celeiro
Fotos: Jon Usual






