
Por aquí empezamos a conocerlo cuando lo de “Sir” no constaba aún en las tarjetas de presentación. Corría el año 2001 y RBA lanzaba al mercado Black & Blue (íd, 1997), en tapa dura y con una resplandeciente cubierta de azul luminoso.

Para los neófitos del rankismo, aquello fue una revelación. No cayó del cielo: el amigo escocés se regaló un atracón de entrevistas en prensa, de las que quedó claro que lo suyo era novela negra; que la presente era la octava entrega de una serie protagonizada por el policía John Rebus y que tuvo comienzo en 1987; que se abría en la ficción el melón del supuesto paradero del muy real serial killer John Biblia; y que al tipo, como al personaje Rebus, le tiraban los Stones cosa mala (de ahí lo de bautizar sus libros con títulos de álbumes de la banda).
A RBA le salió bien la jugada y desde entonces es la casa española donde Sir Ian Rankin (Cardenden, 1960) publica su material. El último, Azul medianoche (Midnight and Blue, 2024), vio la luz en castellano el año pasado y, para pasmo de conversos curtidos, sigue enganchando hasta la última página. Y sí, adereza como suele sus enrevesadas tramas con los paliativos gustos musicales de Rebus y con referencias a la actualidad de Escocia.
Lo de la música en Rebus no es baladí, con más ahínco de Black & Blue en adelante. La escucha compulsiva y litúrgica de un álbum puede poner orden en la investigación policial, hacer saltar la pista necesaria o calmar (y hasta espolear) la ansiedad mental de los personajes. Y ahí caben desde el Defender de Rory Gallagher (con <<Kickback City>> a la cabeza) hasta canciones de Jackie Leven.
Visto con la perspectiva de 2026, a casi cuarenta años del debut del personaje, la lista de logros es apabullante. Más de una treintena de libros (algunos firmados con el pseudónimo Jack Harvey), premios por doquier, el aplauso del público y el reconocimiento la crítica, además de la admiración expresa de colegas o la inclusión de los Rebus Tour en las oficinas turísticas de Edimburgo, que facilitaron que hasta el gobierno escocés votara cambiar la legislación para que policías jubilados pudiesen seguir colaborando con las fuerzas en activo, forzando así la coartada legal para la vigencia literaria de Rebus. Nada mal para un escritor criado en el Cardenden de los sesenta y setenta, donde la única manera de conseguir libros era acercarse a la pequeña biblioteca local fundada por los mineros.
Recientemente confesó a The Times que había malgastado la vida en la ficción y que se había perdido lo realmente importante. Conversando de lo primero con Sir Ian Rankin nos queda claro que la música ha sido para él combustible y asidero, la hiedra anclada a la pared y a la que es inútil tratar de separar por temor a dañar a ambas.

¿Es cierto que usted conocía al guitarrista Stuart Adamson del instituto?
No conocí a Stuart. Él era dos años mayor que yo, pero no fuimos compañeros de clase en Beath High School de Cowdenbeath. Yo estaba en la escuela cuando salió el primer álbum de The Skids (Scared To Dance, 1979), y los vi muchas veces en concierto. En un momento dado me uní a una banda (The Dancing Pigs) y queríamos proponerle a Stuart que produjera nuestro primer single, pero nunca sucedió.
¿Qué supuso para la juventud de su época la aparición de The Skids y la posterior evolución musical de Stuart Adamson con Big Country y aquella explosión de guitarras?
¡Fue tremendo! El punk fue algo enorme. Las estrellas del pop dejaron de ser criaturas extraordinarias que habían aparecido en nuestras vidas venidas de lejanos planetas. ¡Ahora era gente como nosotros! Yo era pobre y de clase trabajadora, pero quería escribir y el punk me permitió pensar que yo podía hacerlo.
Big Country perdió la oportunidad de aparecer en Live Aid, dejando casi únicamente a Mark Knopfler, a Simple Minds, al líder de Ultravox Midge Ure y al actor Billy Connolly como mayúsculos representantes escoceses del evento. ¿Cómo de importante fue el concierto benéfico para usted y su generación?
Recuerdo que vimos la parte británica del concierto en televisión. Era estudiante. Fue un día muy caluroso (13 de julio, 1985) pero nos quedamos en casa para no perdernos ni una actuación. Estábamos orgullosos de pensar que los músicos de nuestra generación intentaban cambiar el mundo a mejor. Las estrellas del pop ya no se contentaban con drogarse y viajar en jets privados por el planeta; querían hacer algo constructivo por la humanidad.
John Rebus no perdona su vínculo generacional y en su piso suenan vinilos de los Rolling Stones, Hawkwind, Rod Stewart, Van Morrison o el John Martyn de Solid Air. ¿Es obvio preguntar si estamos ante un caso de correa de transmisión de gustos entre autor y personaje?
Rebus y yo tenemos gustos similares, pero él no escucha nada grabado más allá de 1975, mientras que yo ando siempre buscando nueva música. Pero pongo tanta música en mis libros porque me hubiera encantado ser músico. Y como consecuencia de esas referencias en las novelas, los músicos han llegado a ser fans y he tenido el gusto de conocerlos y a veces trabajar con ellos en recitales o discos (como con Jackie Leven, por ejemplo, en Jackie Leven Said).

¿Cree usted que Rebus hubiera conectado tanto con los lectores sin ese anclaje musical con el rock de los setenta y setenta?
Rebus es un personaje complejo. Un héroe, pero también un rebelde, un outsider. Creo que los aficionados a la ficción criminal disfrutan con tipos así.
¿Es usted consciente del poder didáctico que en lo musical tienen los gustos de Rebus? Por aquí muchos descubrieron a Stone The Crows y Jackie Leven gracias a sus novelas.
Sí, y siempre me complace que la gente me diga que empezó a escuchar a Jackie Leven, o Mogwai, o Blue Rose Code porque los vieron mencionados en los libros. La buena música debería ser disfrutada lo más ampliamente posible.
¿Conoce la serie de libros que el escritor irlandés de novela negra Adrian McKinty dedicó al Inspector Sean Duffy ambientados en la Irlanda de The Troubles? Duffy es más mujeriego que Rebus, pero comparten código profesional y similares gustos musicales.
Sí, conozco a Adrian y soy un fan de sus libros. Mi mujer creció en Irlanda del Norte en esos años de disturbios y por eso sus novelas me tocan. Duffy es una creación brillante, y me encanta que Adrian haga referencia en sus títulos a Tom Waits (Gun Street Girl; Rain Dogs, etc).
De entre la amplísima discografía de Van Morrison, ¿por qué escogió el álbum Hard Nose The Highway (1973) para Rebus?
Ese fue el primer álbum de Van Morrison que escuché. Trabajaba para una revista musical (Hi-Fi Review) y sufría de ataques de pánico, así que me fui por ahí. Pillé unos cassettes, mi reproductor y me largué a un pueblo costero donde nadie me conocía. Iba playa arriba y playa abajo escuchando Hard Nose The Highway. Ese álbum significa mucho para mí.
Siguiendo con Van Morrison, me consta que llegó a entrevistarlo. Con su palpable y vastísima cultura rockera, ¿no se anima a dar continuidad a esa faceta de entrevistador a creadores musicales?
A veces me piden que entreviste a cantantes, especialmente si están de gira con la publicación de sus memorias. He entrevistado a Peter Hook (Joy Division, New Order), a Tim Burgess (The Charlatans) y a Mike Scott (The Waterboys). Hace poco me solicitaron entrevistar a Jon King (Gang Of Four) pero yo estaba fuera y no pude… ¡una lástima!
Leí hace años que el Ambient 1: Music For Airports de Brian Eno (1979) le acompañaba en el proceso de escritura. ¿Sigue siendo fiel a Eno o han entrado nuevas musas musicales cuando escribe?
Hay algunos álbumes que me pongo mucho cuando escribo. Me ayudan a crear una suerte de burbuja donde lo único que existimos somos yo y el libro que escribo. Brian Eno funciona bien para eso, especialmente Lux (2012) y Reflection (2017). También suenan Tangerine Dream (sobre todo Ricochet, 1975), Aphex Twin y Boards Of Canada. Nada con letra, únicamente música instrumental. Algo de jazz me funciona también. Mi favorito es Art Pepper.
Texto: Daniel Agudo






