Adam Weiner es de esos artistas que apuestan por que en el rock and roll pueden convivir la diversión y la denuncia social, sin que una se imponga sobre la otra. Y en Low Cut Connie, proyecto del que es alma y corazón, lleva jugando con esas cartas desde hace mucho tiempo. Aunque tengo la impresión de que nunca había tenido tan buena mano como en este Livin’In The USA. Hábilmente convierte la indignación en combustible y la energía en una forma de resistencia. Tocando el piano “a lo bruto”, como si estuviera dirigiendo una banda de bar en el que el resto del juego lo ponen dos guitarras que se entrelazan y una sección rítmica en constante efervescencia.
Ya harán notado que este es uno de los discos de rock que más me han gustado en lo que va de año, pero por si no ha quedado claro, dejamos constancia. La inicial «Livin In The USA» marca el tono desde el primer minuto. No hay patriotismo de postal ni discursos grandilocuentes. El título juega deliberadamente con la tradición del rock americano para darle la vuelta y retratar un país dividido, aunque sin caer en el derrotismo. Sí, como «Born In The USA», pero en el siglo XXI. Con la contradicción por bandera, no solo de esta canción, sino de todo el disco. «Get Down» y «Little Freakers» huelen a garaje grasiento, mientras «Can’t Be Wrong» encuentra un equilibrio perfecto entre estribillo contagioso y mensaje desafiante. Hay ecos al citado indirectamente de Bruce Springsteen, pero también al funk de Sly & The Family Stone, de Prince o incluso all rhythm and blues más primitivo. Nunca como una simple suma de referencias. Low Cut Connie utiliza ese legado para construir un discurso propio. La Ironía fluye en «Let Me Speak To Bobby» y «Not My Problem», «Oh Yeah» o «Everybody», mantienen el equilibrio perfecto entre rabia, humor y jolgorio. Siempre con unos coros que se convierten en otro de los elementos destacados de un disco que nos tiene robado el corazón.
Low Cut Connie es una banda diferente, que mira a la a la América contemporánea, marcada por la polarización y la incertidumbre, pero que rechaza instalarse en el pesimismo. Recordando que el rock and roll puede ser divertido, incómodo y necesario al mismo tiempo. Eso sí, negándose de manera continua a escoger entre compromiso y el entretenimiento.
Eduardo Izquierdo






