Cuando conoces a alguien desde cuatro décadas atrás, y llevas colaborando con él en alrededor de veinte álbumes, si algo llevas garantizado es la compenetración. Steve Kilbey y Martin Kennedy son como uno de esos matrimonios de antes en el que una simple palabra, una simple idea o gesto de uno es captada al instante por el otro en un entendimiento mutuo construido a base de tiempo y confianza. Y su nuevo trabajo lo deja bien claro desde el principio, desde esa delicada «Reverie» que establece el tono de un álbum totalmente ajeno a todo aquello que no sea su propio universo.
Todas las herramientas y cualidades que cualquier fan de The Church pueda esperar, aquí están. El jangle pop y la neopsicodelia, el folk rock y los crescendos moderadamente épicos, toda la ensoñación y el romanticismo que hicieron de los australianos una de las mejores (y más infravaloradas, todavía a día de hoy) bandas de las antípodas en el siglo pasado, se despliegan en canciones rozando lo perfecto: «Jezebel», «Dysphoria», «Turkey», la propia «Things We Did On Earth» son minuciosos ensamblajes entre la música de Kennedy y las letras (algunas de ellas, de las mejores en su corpus lírico) y la voz de Kilbey, construcciones serpenteantes de un dream pop cuyos arabescos llevan marchamo no sólo de autoría, sino casi de marca registrada.
Suele decirse que la cantidad y la calidad, en lo artístico, no acostumbran a ir de la mano. Lo prolífico del dúo lo contradice, y este disco lo corrobora. Un bonito regalo a archivar entre los mejores momentos de Simon Bonney y Chris Bailey, junto a otros del mismo club.
Eloy Pérez






