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Falsos documentales, cuando el parecido con la realidad no es pura coincidencia

Spinal Tap

En el número del 40 aniversario del pasado mes de noviembre publicamos un informe sobre falsos documentales, pero nos reservamos un bonus track que añadimos aquí para redondear el artículo. Aquí la pieza definitiva para pasar un buen rato y repasar esos documentales que tanta risa nos han provocado.

Aprovechamos el regreso cinematográfico de Spin̈al Tap para repasar el género que la película This Is Spin̈al Tap ayudó a popularizar: el mockumentary, o falso documental, dedicado a la música. Casi siempre con un pie en la mofa y el otro en la recreación fidedigna del sujeto a documentar, el mockumentary musical se ha convertido en una categoría por derecho propio y en un refugio para reírnos de esos clichés impuestos en nuestra música preferida. Repasemos las tres películas que ayudaron a consolidar este género, incluso a traspasar los límites de la ficción, y los ejemplos más destacados en varios estilos musicales.

Desde que Orson Welles dramatizara para la radio la invasión marciana de La guerra de los mundos en 1938 y se vieran las consecuencias entre los crédulos oyentes, algunos autores tomaron nota del potencial de los medios de comunicación respecto a la alteración de la realidad en forma de documental. El realizador inglés Peter Watkins, por ejemplo, aportó dos títulos considerados esenciales actualmente: un noticiario sobre la guerra nuclear (The War Game, 1966) y una pesadilla distópica (Punishment Park, 1971). Ya en clave de humor, destaca Woody Allen, que exploró el género en su segundo largometraje, Take The Money And Run (Toma el dinero y corre, 1969), para perfeccionarlo posteriormente en la genial Zelig (1983). En el terreno televisivo, los Monty Python y su Flying Circus (1969-1974) dedicaron varios de sus sketches a parodiar los modélicos informativos de la BBC en situaciones surrealistas. La temática musical no tardaría en hacer su aparición de la mano de uno de sus componentes, Eric Idle.

EL ORGULLO DE RUTLAND

Rutland Weekend Television fue un programa de humor, emitido entre 1975 y 1976 por la BBC2, creado por Idle y con la complicidad del músico Neil Innes, de la Bonzo Dog Doh-Dah Band. En él se parodiaba el canal de TV London Weekend Television, solo que sustituía el centro de emisión londinense por Rutland, el condado más pequeño de Inglaterra. Rutland Weekend Television concentraba parodias de la variopinta oferta televisiva del momento en poco menos de media hora. Una de ellas fue la del grupo más famoso del condado, The Rutles, una indisimulada imitación de The Beatles. Innes y Idle lideraban la banda ficticia, que debutó a finales de 1975 en un gag donde explicaban sus orígenes, muy a lo ¡Qué noche la de aquel día! (Richard Lester, 1964, también considerado como el primer mockumentary musical, pero que de documental, formalmente, no tiene nada), además de presentar la pegadiza «I Must Be In Love», claro pastiche de los de Liverpool.

Gracias a sus colaboraciones con cómicos de Estados Unicos, Idle colocó un par de sketches en el legendario programa Saturday Night Live, y en 1976 hicieron su debut americano. La idea de expandir la historia de los Rutles a un largometraje cuajó entre los responsables del programa, con Lorne Michaels y Gary Weis al frente. Experimentado realizador de recreaciones históricas para el SNL, Weis contó con la codirección de Idle y a un inspirado Innes para las canciones. Así nació The Rutles: All You Need Is Cash (1978), el primer gran falso documental del pop.

Presentado como un noticiario de la BBC, con Idle como presentador sobreactuado, la realización apuesta por el documental clásico, narrando los orígenes, auge y caída del grupo. Innes como Lennon (Ron Nasty), Idle como McCartney (Dirk McQuickly), y los también músicos Ricky Fataar como Harrison (Stig O’Hara) y John Halsey como Ringo (Barry Wom), aportan inconfundibles matices de los músicos originales a sus interpretaciones. Su obra también es objeto de mofa, por ejemplo «Help!» es «Ouch!», «Get Back» se transforma en «Get Up And Go», «Yellow Submarine» recibe un admirable tratamiento en forma de corto de animación bajo el título de «Yellow Submarine Sandwich», y «Living In Hope» condensa magníficamente las puntuales contribuciones de Ringo en solitario.

Su entorno también merece atención: Linda McCartney es recreada por Bianca Jagger y el personaje de Yoko Ono se hace llamar Chastity, con esvástica incluida.

Son incontables los guiños, hechos con ingenio y reproducidos con gusto por el detalle. Tal es el trabajo milimétrico que en ocasiones cuesta distinguir entre las imágenes reales de archivo y las falsificaciones.

Los habituales del SNL John Belushi, Dan Aykroyd, Bill Murray y Gilda Radner se apuntaron a la fiesta haciendo apariciones especiales, incluso los mismísimos Mick Jagger y George Harrison. Este último encajó muy bien la broma, como John Lennon y Ringo Starr. A Paul McCartney le costó más aceptarlo, dicen que cuando le preguntaban sobre la película se limitaba a responder “No comment”.

La película, destinada para la emisión televisiva, no fue muy bien recibida por crítica y público en su momento, pero las sucesivas reediciones en vídeo y DVD, así como su banda sonora, la han convertido en una simpática película de culto, imprescindible para fans de los Beatles, y una plantilla en la se reflejarán futuras parodias.

Y como la realidad también imita a la ficción, Innes y Idle se enfrentaron por la propiedad del invento: Idle quiso sacarle rendimiento por su cuenta con una secuela para olvidar, The Rutles 2: Can’t Buy Me Lunch (Eric Idle, 2003), y Innes traslado el grupo al mundo real publicando un par de discos con canciones nuevas y girando con otros músicos.

LOS MÁS RUIDOSOS Y PUNTUALES

Spin̈al Tap es un fenómeno que ha sobrepasado los límites de la broma inicial. Se ha convertido en una banda real y toda una referencia en la cultura popular.

Como en el caso anterior, Spin̈al Tap hizo su primera aparición en televisión, en el programa The T.V. Show de la cadena norteamericana ABC. Autoproclamados como la nueva sensación del heavy metal inglés de 1979, su actuación en playback iba sobrada de tics (guiños a la cámara, morritos, poses, entusiasmo exagerado, solos de guitarra con la boca, la propia canción «Rock And Roll Nightmare»…).

Los protagonistas eran los cómicos Michael McKean (interpretando al guitarrista y cantante principal, a lo Robert Plant, llamado David St. Hubbins), Chistopher Guest (el guitarrista principal sobrado de ego, sospechosamente parecido a Jeff Beck: Nigel Tufnel) y Harry Shearer (bajista a imagen y semejanza de Lemmy: Derek Smalls). El guionista y actor Rob Reiner, hijo del legendario comediante Carl Reiner, se encargó de dirigir la parodia.

Tras esta primera experiencia, el cuarteto amplió la idea, creando una sólida biografía ficticia para el grupo y un proyecto de largometraje centrado en un momento crucial en su carrera: la desastrosa gira de presentación de su duodécimo álbum, Smell The Glove. Tras exponer la propuesta a diferentes estudios, consiguieron el visto bueno, pero cauteloso, de la independiente Embassy Pictures en horas bajas, lo que condicionó un presupuesto ajustado.

Rodada en tan solo 25 días y con gran parte de los diálogos improvisados, This is Spin̈al Tap se estrenó en marzo de 1984 con una respuesta discreta del público. La crítica, sin embargo, la recibió positivamente, destacando la realización inspirada en el documental fundacional sobre Bob Dylan Don’t Look Back (D.A. Pennebaker, 1967), y cuya filmación en 16mm sonido directo ayudó a aumentar la calidad de las recreaciones. El trío protagonista no solo se dedicaba a la comedia, eran músicos competentes con carreras discretas. El hecho de que tocaran sus propios instrumentos y composiciones añadió un verismo que provocó que parte del público se tragara la broma, además de animar a los actores a trasladar la banda a la realidad.

La película está plagada de momentos que ya son clásicos dentro del género y que no necesitan mucha extensión: el disco con la portada negra, el volumen hasta el 11, el grupo perdido en su camino hacia el escenario, el error con la escenografía de «Stonehenge», actitudes propias de Yoko Ono en la novia de St. Hubbins, los bateristas fallecidos, el solo de guitarra con un violín, o la apariciones del propio Reiner, que se reservó el papel de realizador/entrevistador intrusivo, en la línea de Martin Scorsese en The Last Waltz.

Las canciones abarcan los clichés más socorridos por el heavy de los 80, como el sexo más incorrecto (el clásico «Big Bottom», «Sex Farm»), el poder del rock and roll («Heavy Duty», «Rock And Roll Creation») o la mitología sin mucho fundamento (la citada «Stonehenge»), sin olvidar sus primeros singles como grupo skiffle con «Gimme Some Money», y como adalides del Flower Power con «(Listen To The) Flower People». Todos estos temas conforman una brillante banda sonora que podría pasar por verosímil sin conocer el contexto que la rodea.

Muchos artistas se vieron identificados en lo que, dolorosamente, no reconocieron como parodia. Y es que los guionistas sabían muy bien lo que hacían: la escena del camino al escenario era un hecho bastante común en grupos que tocaban en grandes recintos, el concierto en la base militar ocurrió realmente con Uriah Heep, las condiciones del cáterin en el camerino están inspiradas en Van Halen, los fallos mecánicos en las escenografías los sufrió Bowie, y la pose de Smalls tocando el bajo con un brazo en alto es de Saxon, por poner algunos ejemplos.

Contrariamente a lo que dice la leyenda, el error en la escala de los megalitos de Stonehenge no se inspiró en Black Sabbath. Reiner ha repetido en más de una ocasión que fue fruto de la casualidad: This Is Spin̈al Tap se estrenó dos semanas después del inicio de la gira de Black Sabbath presentando Born Again, con una escenografía similar, un lapso de tiempo imposible para rodar y montar la escena, hacer copias y distribuirlas globalmente.

Con los años, la película derivó en un culto impulsado, en gran parte, por los propios músicos parodiados, demostrando muy buen humor y la intención de no tomárselo tan en serio en un género musical tan caricaturesco. Los actores continuaron la broma apareciendo esporádicamente en programas de televisión y consiguieron reconocimiento y estabilidad en sus carreras independientes. McKean se convirtió en un rostro muy popular en la comedia americana, Shearer aprovechó su imponente voz para el doblaje en animación, con una presencia destacada en Los Simpson, y Guest le cogió el gusto al mockumentary, convirtiéndose en uno de sus máximos exponentes, como demostrará años más tarde. Rob Reiner encadenó varios éxitos seguidos de crítica y público, demostrando su versatilidad en varios géneros: Cuenta conmigo (1986), La princesa prometida (1987), Cuando Harry encontró a Sally (1989), Misery (1990) y Algunos hombres buenos (1992).

Desde su presentación en la gran pantalla, Spin̈al Tap se han mantenido como banda real hasta la actualidad. En 1992 editaron su segundo disco como grupo real, el correcto Break Like the Wind (el primero fue la banda sonora), se codearon con los artistas parodiados en conciertos benéficos y festivales, editaron un tercer disco, Back From The Dead (2009), y el pasado mes de septiembre se estrenó la segunda parte del icónico mockumentary, Spin̈al Tap II: The End Continues (Rob Reiner, 2025).

Esta tardía secuela llega después de que los cuatro autores hayan recuperado los derechos de su creación, tras una agria disputa legal con la productora StudioCanal, y que por fin puedan hacer caja. Esta intención se confirma después de su visionado, un descarado ejercicio de nostalgia solo para fans, con pocos momentos brillantes, gags repetidos, y una excusa para una última reunión totalmente previsible. Lo que This Is Spin̈al Tap creó se ha repetido tantas veces, en la ficción y en la realidad, que la autoparodia ya no sorprende.

LA RESPUESTA INGLESA

La producción inglesa Bad News Tour (Sandy Johnson, 1983) se adelantó por un año al estreno de This Is Spin̈al Tap. Sus similitudes dieron pie a la pequeña controversia sobre quién copió a quién. La verdad es que, vistas hoy en día, no importa lo más mínimo. Además, son muy diferentes. Los respectivos responsables declararon que las producciones se rodaron al mismo tiempo, sin conocer la existencia una de la otra, y la coincidencia temática fue pura casualidad. Los dos grupos lograron trascender la ficción por derecho propio y su visionado es una gozada, a la par que complementario.

De nuevo nos encontramos ante un producto televisivo realizado por cuatro cómicos británicos, más conocidos por la sitcom The Young Ones (Los jóvenes, 1982-1984): Adrian Edmondson, Rik Mayall, Nigel Planer y Peter Richardson.

La troupe, bregada en los clubs de comedia de Londres, se hacía llamar The Comic Strip y para su salto televisivo en 1982 optaron por dos propuestas que se les ofrecieron casi simultáneamente: The Young Ones, para la BBC, y la que nos ocupa, The Comic Strip Presents… (1982-2016), para el recién creado Channel 4. Esta consistía en episodios monográficos de media hora que parodiaban desde Los Cinco de Enid Blyton, hasta un spaghetti western, pasando por intrigas dignas de Hitchcock.

La consagración de la serie ocurre con el cuarto episodio, el dedicado a la banda Bad News y emitido a principios de 1983. La premisa es sencilla: un equipo documental sigue al grupo durante su viaje en carretera a las afueras de Londres, donde han conseguido una actuación. Ya desde el principio vemos las diferencias notables con Spin̈al Tap: el tono del documental es crudo, estamos ante unos músicos que no podríamos considerar profesionales todavía. Todos tienen su propio trabajo y la música, en este caso el auténtico heavy metal, es lo que más les apasiona en un ambiente gris e inequívocamente Thatcheriano.

Las fuertes personalidades de los miembros chocan, a la manera de los Troggs en su infame grabación The Troggs Tapes, una fuente de inspiración clara. Edmondson (Vim Fuego) es el líder de la banda, en constante confrontación con el resto. Mayall (Colin Grigson) es el sobreactuado bajista, que está en el grupo porque tiene equipo propio. Planer (Den Dennis) parece que interpreta a la versión rockera de Neil, el hippie que popularizó en The Young Ones. Y Richardson (Spider Webb), el baterista que vive en su propio mundo. Como ya pasaba con Spin̈al Tap, todos los actores, excepto Mayall, también tienen un pasado musical, lo que le da más veracidad a las actuaciones, aunque se esfuercen por tocar mal.

La realización sigue a la banda en su furgoneta, con paradas puntuales en la carretera, como el encuentro con una groupie, la entrevista con una periodista, las típicas reflexiones trascendentales del líder en plena gira y el desastroso concierto. Bajo un trasfondo cómico (a destacar esas canciones inspiradas en la NWOBHM) hay una sensación constante de patetismo y fracaso, algo a lo que sabían jugar muy bien The Comic Strip.

El episodio no tardó en convertirse en el más recordado y reemitido de la serie y, viendo el potencial de la broma, no tardaron en darle continuidad. El regreso fue de lo más ambicioso: el salto a la realidad con una actuación en el festival Monsters of Rock 1986 en Donington, un disco producido por Brian May (el recomendable Bad News (1987), con destrucción de «Bohemian Rhapsody» incluida) y un nuevo episodio para The Comic Strip Presents…: More Bad News (Adrian Edmondson, 1988).

La secuela reincide en el tema central de Bad News: la imposibilidad de triunfar. Aquí nos encontramos con un grupo que ha conseguido cierta notoriedad pero con los problemas internos del episodio anterior intactos. Hay más ambición y presupuesto, como los fragmentos de la actuación en Donington, o el rodaje de un videoclip repleto de tópicos. Conscientes de la influencia de los Tap, y de que ellos mismos se han convertido en un fenómeno entre metaleros, parece que se quieren alejar del ambiente deprimente de la primera parte y apostar por una trama más cómica y llevadera.

The Comic Strip no volvieron a aparecer caracterizados como Bad News. Un par de reediciones discográficas de material inédito y varias recopilaciones mantuvieron vivo el legado de una parodia que demostró ser más hiriente que la de sus coetáneos americanos.

CUALQUIER GÉNERO MUSICAL PARODIABLE

This Is Spin̈al Tap popularizó las posibilidades del mockumentary como reflejo cómico de muchos géneros musicales, que se han visto parodiados desde entonces. Repasemos los ejemplos más destacados ajustándonos a las etiquetas más aproximadas.

ROCK

Con Electric Apricot (Les Claypool, 2007) el líder de Primus hizo su debut en la dirección cinematográfica con esta estimable parodia sobre las jam bands y su público. De nuevo nos encontramos con un grupo que padece una crisis que tiene que superar ante dos acontecimientos: la grabación de un disco y la participación en el festival más importante del género, el Festeroo (en referencia al Bonnaroo). Para apaciguar los conflictos internos recurren a una terapia de grupo dirigida por un psicólogo (el efecto de Some Kind Of Monster, de Metallica, era reciente). Claypool también dedica parte del metraje a retratar el ambiente y los fans que rodean a estas bandas, con el Festeroo como gran colofón. Bob Weir, Mike Gordon y Warren Haynes se suman a la farsa.

Brothers Of The Head (Keith Fulton, Louis Pepe, 2005) adaptaba la novela de ciencia ficción homónima de Brian Aldiss, en la que unos hermanos siameses unidos por el abdomen comparten un tercer cerebro durmiente y forman una banda de punk-rock, poca broma. Rodada como si fuera un documental, los directores, protegidos de Terry Gilliam, exploran la carrera de los hermanos desde su adolescencia, el salto a la fama como líderes de la banda y sus respectivas relaciones sentimentales. Una explosiva trama que originará envidias y conflictos.

El rock progresivo también tuvo su merecida parodia a través del personaje de Brian Pern, una creación del cómico inglés Rhys Thomas interpretada por Simon Day. Primero como webserie y luego como serie de 9 capítulos para la BBC, Brian Pern (Rhys Thomas, 2014-2017) tiene una inspiración clara, con nombre y apellido: Peter Gabriel. La presentación de Pern como el inventor de la world music, de los conciertos benéficos, o como el primer cantante que usó plastilina en sus videoclips no deja lugar a dudas. Además, el propio Gabriel se reserva un pequeño papel recurrente. Cada temporada tiene un enfoque diferente. La primera es la peculiar versión de la historia del rock según Pern, en la que casi todo gira en torno a él.

La segunda hace hincapié en sus proyectos actuales, como el inevitable musical basado en los temas de su primera banda, Thotch (imitación de Genesis) y la adaptación de la novela El día de los trífidos para grupo y orquesta (como hizo Jeff Wayne con La guerra de los mundos). La tercera se centra en el regreso por todo lo alto de Pern con Thotch y el intento por conquistar el mercado americano. Llegados a este punto, Thomas y Day decidieron finiquitar la serie y matar al personaje, que no se libró de un episodio-homenaje especial. La serie parodia multitud de tópicos con mucha gracia, pero, sin dejar de ser una sátira mordaz, parece que en ocasiones no quiere traspasar ciertos límites y contentar a todos los públicos. Aun así, se beneficia del inconfundible humor de la BBC y de la interpretación cáustica de Day.

Otra serie que merece especial atención es Documentary Now! (2015- ). Creada por los cómicos del SNL Fred Armisen, Bill Hader y Seth Meyers, proponen 6 episodios por temporada en los que parodian varios hitos del cine y de la televisión documental. Desde intocables documentalistas como Robert J. Flaherty, los hermanos Maysles y Michael Moore, hasta conceptos tan socorridos por la TV americana como las conspiraciones, los asesinatos sin resolver, las sectas o las campañas políticas, Documentary Now! es una pequeña maravilla gracias a la originalidad en el tratamiento de estos temas y el buen gusto en las recreaciones, sirviéndose de tecnologías digitales para imitar el look añejo de las obras originales. En lo que al rock se refiere, han abordado dos parodias, a cuál mejor.

Gentle And Soft: The Story Of The Blue Jean Committee (Alexander Buono, Rhys Thomas, 2015) es la historia de un grupo de soft rock liderado por dos personajes opuestos: el genio apocado (Armisen) y el incompetente aprovechado (Hader). La lucha por el control del grupo después de una canción de éxito (la brillante «Catalina Breeze») marcará el destino del grupo, muy a lo Eagles y Doobie Brothers (Kenny Loggins y Michael McDonald aparecen para ratificar la sospecha). Final Transmission (Alexander Buono, Rhys Thomas, 2016) es una ingeniosa recreación de Stop Making Sense, la célebre película de Talking Heads. Un trajeado Armisen, en la guisa de David Byrne, lidera a Test Pattern en el último concierto de su carrera. Hader se mueve y toca como Tina Weymouth, con canción en solitario incluida. La escenografía, las canciones y los momentos arty hacen de Final Transmission un simpático y respetuoso homenaje a uno de los mejores conciertos jamás filmados.

 

Por último, Ricky Gervais recuperó el personaje que lo hizo famoso, el inepto David Brent de The Office (2001-2003), para convertirlo en lo que más deseaba (en la ficción y en la realidad): una estrella del rock. El esperado regreso no llegó hasta David Brent: Life On The Road (Ricky Gervais, 2016), un largometraje que repetía el estilo documental de la serie original y que lo seguía en su frustrado camino al estrellato. Sobrado de medios, Brent recluta a una banda para que interprete sus canciones en una gira por bares. Las confrontaciones internas, el público hostil o la descoordinación con el mánager no detendrán a Brent. Si hay algo que no se le puede reprochar es su ilusión. La vergüenza ajena, marca de la casa, está garantizada.

 PUNK

Uno de los pocos falsos documentales musicales que no pretende mofarse del género es Hard Core Logo (Bruce McDonald, 1999), una producción canadiense protagonizada por el músico y actor Hugh Dillon, que interpreta al carismático Joe Dick. Hard Core Logo es una banda punk del montón que se reúne para hacer una pequeña gira por el frío oeste canadiense. El motivo es homenajear al gurú de la escena, Bucky Haight, fallecido en extrañas circunstancias. Con una estructura de road movie, la película se centra más en la psicología de los personajes, desvelando las diferentes personalidades de los componentes que, inevitablemente, chocarán en un momento dado. Hard Core Logo fue bien recibida por la crítica y el público canadiense, pero con unos problemas para su distribución internacional que la dejaron relegada a título de culto.

El mismo director recuperó el personaje de Joe Dick para Hard Core Logo 2 (2010), esta vez reencarnado en la cantante de Die Mannequin (Care Failure interpretándose a sí misma). Narrada desde el punto de vista de McDonald, esta secuela se distancia mucho del original. Es un ensayo fílmico sobre la creación artística y un juego de espejos entre la realidad, representada por la cantante, y el impacto ficticio creado por Hard Core Logo, la banda.

COUNTRY

En pleno apogeo del country corporativo popularizado por Garth Brooks, apareció está simpática y modesta producción, Dill Scallion (Jordan Brady, 1999). Un apocado conductor de bus escolar, interpretado por Billy Burke, vive su particular sueño americano cuando consigue convertirse en estrella del country por unos días gracias a una canción pegadiza y a su absurdo baile. El propio director de la película capitanea el equipo técnico que sigue a Dill en su ascenso y caída durante un intenso verano. La aparición de un crédulo Willie Nelson, que parece que no pilla la broma, es utilizada como reclamo. Su intervención se limita a firmarle un disco al actor protagonista, metido en su papel.

FOLK

El debut como director de Tim Robbins, Bob Roberts (Ciudadano Bob Roberts, 1992) sorprendió por su audacia al criticar sin reservas al sector político más conservador de Estados Unidos. Un documentalista sigue la campaña electoral de Bob Roberts, un cantautor de folk metido a político. Sus promesas, proyectos y opiniones, se verán reforzadas por sus canciones, interpretadas en vivo durante la campaña. Algunas letras podrían parecer descabelladas (la película tiene un tono general de sátira) pero la realidad, lamentablemente, ha superado la ficción.

Christopher Guest, ligado para siempre al personaje de Nigel Tufnel, construyó su filmografía como director a base de falsos documentales, con temas tan variopintos como el teatro de aficionados en Waiting For Guffman (El experto, 1996) o las exposiciones caninas de Best In Show (Very Important Perros, 2000). Su regreso a la música fue con la aclamada A Mighty Wind (Un poderoso viento, 2003), la crónica del concierto homenaje a un icono del folk recientemente fallecido. Su hijo hará todo lo posible por reunir a los artistas que más admiraba, como The Folksmen (los mismos intérpretes de Spin̈al Tap), The Main Street Singers (la empalagosa familia cristiana cantante) y Mitch and Mickey (un matrimonio de cantautores, ya divorciados). A destacar la divertida actuación de Eugene Levy como Mitch, trastornado desde la separación. Levy también ha sido el coguionista en la mayoría de la obra de Guest y el creador de un mockumentary pionero junto al añorado John Candy: The Last Polka (John Blanchard, 1985), un especial de televisión sobre el último concierto de los hermanos Shmenge, el dúo de polka más famoso del mundo. 

 RHYTHM AND BLUES

En una operación que buscaba repetir el éxito de los Blues Brothers, el actor Bruce Willis aprovechó su primer minuto de fama para intentarlo con la música en 1987. La fórmula era muy parecida: una banda formada por músicos de primer nivel, una discográfica potente detrás, un repertorio de versiones R&B y un alter ego: Bruno Radolini. Todavía inédito como héroe de acción (Jungla de cristal llegaría al año siguiente), Willis triunfaba como actor cómico. Y qué mejor que acompañar su debut musical con un falso documental narrando la carrera ficticia de Radolini con toques de humor.

The Return of Bruno (James Yukich, 1987), también el título del disco, consta de una primera parte en la que un reparto imponente de estrellas invitadas son entrevistadas y juntos elaboran los orígenes musicales de Bruno, para lucimiento de Willis. Aparece caracterizado como un Beatle, a lo Gene Vincent, actuando en un falso Woodstock o con los Temptations reales. La segunda parte, ya ambientada en 1987, es un concierto. Y esta es la prueba de porqué su carrera musical no prosperó.

 

 

SOUL

Las divas del soul tuvieron su representación en Jackie’s Back! (El regreso de Jackie, Robert Townsend, 1999), un telefilm en el que Jenifer Lewis da vida a Jackie Washington, un trasunto de Diana Ross, con pinceladas de Tina Turner y Pam Grier. Tim Curry se encarga de guiarnos por la turbulenta carrera de Jackie, excelentemente recreada desde unos inicios muy Motown hasta los coqueteos con la Blaxploitation, pasando por unas relaciones familiares conflictivas. En las habituales entrevistas a testimonios directos (Dolly Parton, Liza Minnelli, Patti Austin o Whoopi Goldberg) no todo son palabras cariñosas hacia la homenajeada, y aquí es donde la película es más divertida. Con todo, no evita un final con cierta moralina. 

JAZZ

The Connection (Shirley Clarke, 1961) es una obra pionera en el género dada su marginalidad (en concepción, forma y temática). Un documentalista filma a un grupo de drogadictos que esperan la llegada del camello encerrados en un apartamento, la única localización de la película. Para amenizar la espera, entre diálogos y reflexiones, algunos de los protagonistas interpretan piezas de jazz, ya que el apartamento también es el local de ensayo de la banda (el Freddie Redd Quartet, en realidad). Toda una rareza de espíritu Beatnik que no fue redescubierta hasta 2004 gracias a la reivindicación de su directora.

Por otra parte, el célebre documental sobre Chet Baker Let’s Get Lost (Bruce Weber, 1988) fue parodiado brillantemente por Documentary Now! en el episodio Long Gone (Alexander Buono, Rhys Thomas, 2019). En este caso, narra la vida del guitarrista Rex Logan, con todos los tópicos del músico maldito y una puesta en escena basada en el melancólico original.

POP

El género pop ha estado dominado por las parodias de las llamadas Boy Bands, o grupos prefabricados de jóvenes que se limitan a cantar y bailar. Y a veces no cantan con su propia voz. Un miembro quiere destacar, porque quiere expresar sus propios sentimientos, y desencadena la separación del grupo. Su carrera en solitario es un fracaso y la banda se ve forzada a reunirse tras varios años sin dirigirse la palabra. Así resumiríamos los 3 ejemplos del género: la pionera Get Ready To Be Boyzvoiced (Espen Eckbo, Henrik Elvestad, Mathis Fürst, 2000), todo un fenómeno en Noruega, Popstar: Never Stop Never Stopping (Akiva Schaffer, Jorma Taccone, 2016), obra de cómicos salidos del SNL, y la webserie británica Toyboize (2008-2010), que contaba con la colaboración de Ricky Gervais.

Escapa de esta categoría la parodia sobre Madonna, Medusa: Dare To Be Truthful (Julie Brown, John Fortenberry, 1991), una versión muy personal del documental que se había estrenado ese mismo año, Madonna: Truth of Dare (En la cama con Madonna, Alek Keshishian, 1991). La cómica Julie Brown borda la imitación de la Madonna más chabacana y exagera casi todas las situaciones del original, videoclips incluidos, con momentos brillantes.

Bucky And The Squirrels (Allan Katz, 2015), en cambio, no pasa de la anécdota. Un grupo de pop californiano de los 60 despierta de una hibernación accidental 50 años después. Ni las típicas bromas de tiempos y modas cambiantes mantendrán el interés. El grupo es conocido por una única canción, que es la que interpretarán hasta la saciedad.

 

TECHNO

Fraktus. Das letzte Kapitel der Musikgeschichte (Lars Jessen, 2012) representa al techno lo que This Is Spin̈al Tap al heavy metal. Esta divertida comedia alemana sobre unos ficticios pioneros del techno alemán de los 80 intenta averiguar qué fue de los componentes del grupo después de su separación. Después de 30 años sin hablarse, el equipo del documental consigue dar con ellos, motivarlos para grabar de nuevo y recibir el reconocimiento que merecen (Yello, Trio o Blixa Bargeld se encargan de reivindicar su legado). Las situaciones cómicas entre los integrantes del grupo, todos con su particular personalidad, y el inepto equipo técnico que les sigue mantienen el interés de la acción y su particular modo de entender la música.

Sin movernos mucho del terreno electrónico, destacamos también It’s All Gone Pete Tong (La leyenda del DJ Frankie Wilde, Michael Dowse, 2004), una ficción sobre los problemas a los que se enfrenta un famoso DJ instalado en Ibiza y que va perdiendo progresivamente la audición. Aunque no se trate de un falso documental al 100%, sí que se permite varios momentos de entrevistas ficticias a varios DJs.

HIP-HOP

Otro de los géneros más parodiables es el Hip Hop. Fear Of A Black Hat (Rusty Cundieff, 1993) inauguró los llamados rapumentaries y, aunque no ha aguantado muy bien el paso del tiempo, es lo mejor del género. Una documentalista se dispone a pasar un año en la vida de los ineptos NWH, referencia directa a NWA. Lo que sigue es el habitual auge y caída del grupo, la lucha de egos, la separación, las carreras en solitario y el retorno de la formación original en todo su esplendor. Hay videoclips muy ingeniosos, canciones subidas de tono, conexiones con el gangsta rap y multitud de referencias que solo entenderán los más fanáticos.

Rodada sin apenas medios, Gangsta Rap: The Glockumentary (Coke Daniels, 2007) supo encontrar una audiencia a través de su distribución en vídeo. De nuevo nos encontramos con un grupo inspirado en NWA y salido realmente de Compton, donde se ambienta la película. El director no esconde las referencias a This Is Spin̈al Tap desde un buen principio, con escenas recreadas plano a plano. Parodia de la parodia, Gangsta Rap funciona realmente bien en su modestia.

Por último, I’m Still Here (Casey Affleck, 2010) es el ego trip de un Joaquin Phoenix que quiere mostrarnos la otra cara del éxito a través de un alter ego pasadísimo de vueltas, harto de Hollywood, y decidido a dar su salto al mundo del hip hop. La temática musical está cogida por los pelos, pero es que en sus momentos musicales la película remonta (consideradlo descansos entre la verborrea tóxica de Phoenix, la cual domina todo el metraje). Sus encuentros con el candidato a producir el disco debut, el infame Sean “Diddy” Combs, son de lo mejor de la cinta.

Texto: Josep Calle

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