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De menos a más: Jack White

Pocos músicos de su generación pueden presumir de una trayectoria en solitario tan coherente y, al mismo tiempo, tan imprevisible como la de Jack White. Desde que puso fin a la aventura de The White Stripes, el guitarrista de Detroit ha utilizado su carrera individual como un laboratorio permanente. Nunca ha repetido una fórmula. Nunca ha buscado acomodarse.

Ha pasado del blues al hard rock, del folk a la experimentación electrónica y del garage más abrasivo a la canción desnuda con una naturalidad desarmante. Lo más sorprendente es que, incluso cuando ha dividido a su público, el nivel de sus discos nunca ha dejado de ser altísimo. No hay un álbum fallido en su catálogo. Solo trabajos más inspirados que otros.

Aprovechando la publicación de Frozen Charlotte, un disco que nos ha conquistado desde la primera escucha – aunque no estemos de acuerdo con los que aseguran que es su mejor trabajo – y que confirma que White sigue atravesando un momento creativo excepcional, repasamos sus siete álbumes de estudio en solitario, ordenados de peor a mejor. Si es que eso es posible. Casi que mejor decir que de muy bueno a excelente.

  1. Entering Heaven Alive (2022)

Jack White - Entering Heaven Alive (2022) | Exile SH Magazine

Publicado apenas unos meses después de Fear Of The Dawn, este suponía el segundo lanzamiento de 2022 y representó la cara opuesta de la moneda. Si el primero era electricidad, nervio y distorsión, aquí White optó por bajar las revoluciones y mirar hacia la tradición de la canción americana. Folk, country, blues acústico e incluso algún guiño al pop clásico se entrelazan en un trabajo elegante y delicado que nunca busca el impacto inmediato. El problema es precisamente ese. Su colección de canciones resulta menos inspirada que la de otros momentos de su carrera y, aunque hay destellos de enorme calidad en piezas como «Love Is Selfish» o «A Tip From You To Me», el conjunto transmite una sensación de cierta dispersión.

Es un disco agradable, muy bien interpretado y con una producción impecable, pero le falta esa chispa imprevisible que convierte a Jack White en un artista único. Incluso en un trabajo menor sigue demostrando una sensibilidad compositiva muy por encima de la media, pero comparado con el resto de su discografía acaba ocupando inevitablemente el último lugar.

  1. Boarding House Reach (2018)

Boarding House Reach: White, Jack: Amazon.es: CD y vinilos}

Hay discos concebidos para gustar y otros irremisiblemente destinados a provocar debate (que se lo digan a los Stones o a los Black Crowes con sus últimos discos). Boarding House Reach pertenece sin duda a la segunda categoría. White decidió encerrarse en Nashville con una vieja grabadora de cuatro pistas, recuperar ideas olvidadas y construir un álbum sin ningún tipo de limitación. El resultado fue una obra caótica, fascinante y profundamente irregular. Blues, funk, spoken word, hip hop, electrónica, rock industrial y soul conviven sin pedir permiso. A veces el experimento funciona de maravilla. Ahí están la fuerza de «Connected by Love», la intensidad de «Corporation», la brillantez de «Ice Station Zebra» o la delicadeza inesperada de «Humoresque».

En otros momentos, sin embargo, el exceso de ideas juega en su contra y algunas composiciones parecen más ejercicios de estilo que canciones acabadas. Pero incluso cuando se equivoca resulta imposible hacer oídos sordos. White nunca ha entendido la música como un ejercicio de comodidad y aquí llevó esa filosofía al extremo. Es un álbum excesivo, caprichoso y desafiante. No siempre convence, pero nunca deja indiferente. Y probablemente esa era exactamente su intención.

  1. Fear Of The Dawn (2022)

Jack White, crítica de su disco Fear Of The Dawn (2022)

Si Entering Heaven Alive mostraba su lado más introspectivo, Fear Of The Dawn, del mismo año, ofrecía al Jack White más explosivo. Desde los primeros segundos queda claro que la guitarra vuelve a ocupar el centro del escenario. Riffs gigantescos, cambios de ritmo constantes y una energía casi descontrolada convierten el disco en uno de los trabajos más intensos de toda su carrera. Lo interesante es que esa contundencia no impide que aparezcan detalles inesperados.

White sigue jugando con sintetizadores (a él se lo permitimos), efectos imposibles y estructuras poco convencionales, pero esta vez lo hace sin perder de vista el impacto de las canciones. «Taking Me Back» se convirtió inmediatamente en uno de los mejores cortes de su etapa en solitario, mientras que piezas como «Hi-De-Ho» o «What’s The Trick?» demuestran que sigue disfrutando llevando el rock por caminos poco transitados. Quizá le falte un gran clásico que sobreviva al paso de los años – ¿aún le pedimos un «Seven Nation Army»?- con la fuerza de sus mejores composiciones, pero el disco funciona como una descarga de adrenalina continua. Es el sonido de un músico que sigue disfrutando ensuciándose las manos.

  1. Frozen Charlotte (2026)

Jack White, crítica de Frozen Charlotte en Mondo Sonoro (2026)

Cuando parecía que ya conocíamos todas las caras posibles de Jack White, llega Frozen Charlotte para demostrar que todavía conserva la capacidad de sorprender. Más que una ruptura con el pasado, el álbum funciona como una síntesis de todo lo aprendido durante estos años. Hay riffs demoledores, sí, pero también melodías más elaboradas, arreglos medidos y una producción que sabe cuándo debe sonar enorme y cuándo conviene dejar respirar las canciones.

White encuentra un equilibrio que no siempre había alcanzado en trabajos anteriores. La experimentación deja de ser un fin en sí mismo para ponerse al servicio de las composiciones. Cada tema parece ocupar exactamente el lugar que le corresponde y el disco fluye con una naturalidad admirable. También llama la atención la seguridad con la que afronta cada registro vocal. No necesita demostrar nada y precisamente por eso transmite una confianza absoluta. Es un álbum que crece con cada escucha y que confirma que su creatividad continúa intacta. Puede que el tiempo termine modificando su posición en esta lista, pero las sensaciones iniciales no pueden ser mejores. Eso sí ¿su mejor disco? Ni de coña.

  1. Blunderbuss (2012)

Blunderbuss: White, Jack: Amazon.es: CD y vinilos}

No era sencillo debutar en solitario después de una aventura tan influyente como The White Stripes. Sin embargo, White resolvió el desafío con una personalidad arrolladora. Blunderbuss no intentó reproducir el sonido de su antigua banda. Al contrario. Amplió el foco incorporando soul, country, piano, rock clásico y un gusto evidente por las grandes melodías. Era un disco mucho más variado de lo que muchos esperaban y eso terminó jugando a su favor. «Love Interruption» sorprendía por su contención, «Freedom at 21» recuperaba el nervio eléctrico y «Sixteen Saltines» demostraba que seguía siendo capaz de escribir himnos inmediatos.

Todo sonaba fresco y espontáneo. También había una sensación permanente de libertad creativa. White parecía disfrutar descubriendo hasta dónde podía llegar sin las limitaciones de un grupo. El álbum consolidó definitivamente su figura como artista completo y dejó claro que su talento iba mucho más allá del universo de The White Stripes. Pocos debuts en solitario han transmitido tanta seguridad.

  1. No Name (2024)

Jack White, crítica de su disco No Name (2024)

La publicación sorpresa de No Name fue uno de esos golpes de efecto que solo un artista como Jack White puede permitirse. Pero lo realmente importante llegó cuando empezó a sonar. Porque detrás de aquella estrategia había uno de los discos de rock más vibrantes de los últimos años. White decidió simplificar el planteamiento y volver a la esencia, una vez más, y van… Guitarras afiladas, canciones directas y una producción que recupera la inmediatez de sus mejores trabajos. No hay artificios innecesarios. Todo gira alrededor del riff, la intensidad y la actitud.

Es un álbum breve, explosivo y tremendamente divertido. Cada canción parece construida para recordar por qué White sigue siendo uno de los grandes guitarristas del siglo XXI. Lo admirable es que esa aparente sencillez esconde una enorme riqueza compositiva. Nada suena repetitivo. Todo mantiene una personalidad inconfundible. Después de varios discos explorando caminos muy diversos, No Name demostraba que también podía emocionar regresando a las bases del rock más primitivo sin dar la impresión de estar mirando al pasado. 

  1. Lazaretto (2014)

Lazaretto. Edición Ultra LP: White, Jack: Amazon.es: CD y vinilos}

Todavía me encuentro a gente que duda de esete disco. Y me alucina que así sea ¡El puto Lazaretto es uno de los discos del siglo! Dos años después de un debut sobresaliente, Jack White firmó la que sigue siendo su gran obra en solitario. Lazaretto reúne todo aquello que hace especial al músico estadounidense. Blues, garage, folk, hard rock, country y rock clásico aparecen integrados con una naturalidad asombrosa. No hay sensación de collage ni de exhibición estilística. Todo encaja dentro de un discurso sólido y lleno de personalidad.

La canción que da título al álbum continúa siendo una de las mejores de toda su carrera gracias a un riff inolvidable y una interpretación desatada, pero el nivel apenas desciende durante el resto del recorrido. «Would You Fight for My Love?», «Three Women», «Just One Drink» o «High Ball Stepper» muestran facetas diferentes de un mismo artista que parecía encontrarse en pleno estado de gracia. También es uno de sus discos mejor secuenciados. Mantiene la tensión de principio a fin y combina a la perfección los momentos de fuerza con los de mayor sensibilidad. Es el álbum en el que todas sus virtudes coinciden al mismo tiempo. El equilibrio perfecto entre riesgo y accesibilidad. La demostración definitiva de que Jack White podía construir una carrera en solitario tan relevante como cualquiera de las aventuras que había protagonizado anteriormente. Y lo del holograma del ángel que gira mientras lo hace el vinilo, la guinda. La obra de un genio, en mayúsculas.

Eduardo Izquierdo

 

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