
Lo que sigue es una posible lectura -inevitablemente parcial, aunque esperamos que estimulante- de una programación inaprensible que continúa jugándose buena parte de su prestigio en los escenarios del Fòrum. Sobre esos tres días gravita, por tanto, esta crónica. Sin embargo, una vez más quedó claro que el festival comienza antes de que se abran las puertas del recinto junto al mar, concretamente el lunes, cuando Primavera a la Ciutat toma varias salas de Barcelona y las convierte durante una semana en territorio de reencuentros y auténticos descubrimientos (¡90 conciertos!).
Se ha hablado mucho de la jornada inaugural del jueves, cuando el cielo decidió intervenir de manera implacable en la programación. La lluvia impuso sus reglas y obligó a cancelar actuaciones de MASSIVE ATTACK o ALEX G, entre otros, sembrando el evento de carreras hacia cualquier refugio disponible y dejando los horarios hechos añicos. También dio que hablar esa fauna estrafalaria de celebridades, deportistas y (¡ay!) políticos, ajena, como puede suponerse, a la principal virtud de una edición que esta vez ha evitado con notable acierto contrastes poco naturales entre las figuras de los escenarios principales y lo programado en espacios medianos y pequeños, donde en buena medida sigue encontrándose el mejor grano.
Y, como último comentario al margen de lo estrictamente musical, conviene mencionar que ese otro festival paralelo formado por marcas comerciales tuvo un vencedor indiscutible: el logo de las tres hojas de Adidas. Bastaba un vistazo rápido al público para comprobar que nueve de cada diez asistentes lucían alguna prenda de la marca. Incluido, conviene reconocerlo, alguno de estos tres firmantes, que inician a continuación un recorrido más o menos cronológico, agotador pero feliz.

En el ámbito del folk y de las innovaciones sobre la canción de raíz se dibujó, desde el jueves, una de las líneas más sugestivas del festival. Los londinenses CAROLINE (véase el texto destacado) y THE NEW EVES, éstas desde Brighton, demostraron que la música de origen rural puede seguir funcionando como herramienta de experimentación; las segundas, en concreto, son muy prometedoras y genuinas, al mezclar tradición telúrica, post-punk y amenazadores ecos paganos. Podríamos añadir a la angelina ANNAHSTASIA, que, al día siguiente, en el Auditori y acompañada por una banda excelente, conmovió con una propuesta que conecta el folk-rock de los años sesenta y setenta con el soul contemporáneo. También resultó revelador comprobar la vigencia del universo dream pop, aunque el asunto comenzara con unos MEN I TRUST cuya delicadeza termina por situarse peligrosamente cerca de lo insustancial.
En plena falsa calma de la tormenta, AGRICULTURE convirtió la zona del puerto en un torbellino de ecstatic black metal: pogo entre chubasqueros y un clímax desbordante gracias a esa pieza ya mítica que es “Bodhidharma”. Pero la meteorología jugó en su contra, arrasando el sonido y obligando, tras varios parones técnicos y solos de batería, a dar por concluido el concierto. Aun así, la lluvia no diluyó el carisma de JOSH TILLMAN/FATHER JOHN MISTY, crooner posmoderno e incorregible, que se movió por el escenario con la elegancia de quien sabe que sus canciones son más grandes que cualquier climatología. Clase y voz.
El viernes retomamos, además de un tiempo más agradecido, nuestras reflexiones sobre el dream pop gracias a NEWDAD, que trasladan también el lenguaje shoegaze a coordenadas más contemporáneas, aunque con poco más que corrección, y a SLOWDIVE, todavía una referencia prácticamente inalcanzable en lo que se refiere a su dominio de las atmósferas, la textura y la emoción suspendida… aunque faltó un poco de volumen. Por su parte, la reunión de RILO KILEY supuso una reivindicación plena, y las melodías de Jenny Lewis, intactas y aún vitales, sonaron como si nunca se hubieran ido.

La electrónica ofreció una lectura generacional peculiar. En un extremo, brillaron los históricos UNDERGROUND RESISTANCE, antecesores galácticos del techno contemporáneo y miembros ilustres de la mejor electrónica de Detroit. En el otro, y sin demasiado rigor, FAKEMINK, representante de una chavalada amamantada por estímulos digitales que parte de la electrónica para hacerla colisionar con el rap, el hyperpop y un desconcertante gusto por el autosaboteo y la memez. PINKPANTHERESS es otra voz de esta generación de la impaciencia y las pantallas, pero la británica sí demostró, en un recinto desbordado de público, que sus resultonas recreaciones de UK garage, drum and bass y pop etéreo pueden funcionar de manera excelente en un directo que exalta lo femenino con encanto y frescura. Con todo, algunos de los firmantes preferimos destacar a los curtidos KYLESA y su ejemplar -y felizmente recuperado- sludge metal, planteado con seriedad, precisión y solidez. Un ejemplo de lo provechosos que resultan a veces los géneros más pesados cuando se dejan contaminar por residuos garajeros y efluvios psicodélicos.
Tercera jornada y, ya de entrada, volvemos a percatarnos del privilegio de poder asistir en el Auditori -con su extraordinaria acústica, comodidad y capacidad para realzar propuestas de especial riqueza sonora- a grandes o pequeñas sorpresas como la de ST. FRANCES, que, sobre una puesta en escena sencilla y bella, se encamina hacia territorios silenciosos e intrigantes, casi lynchianos. Estupendo concierto de sobremesa. Inmediatamente después, y en el mismo lugar, THESE NEW PURITANS, junto a la soprano canadiense Patricia Auchterlonie, rubricaron una obra hipnótica en la que música, voz, percusión, visuales y escenografía se fundieron en un espectáculo a medio camino entre el ritual y la vanguardia. Al mismo tiempo, con el mar ante nuestros ojos, el pop más heterodoxo se debatía entre la nada despreciable chispa de GRACE IVES, que actualiza el pop de los ochenta con cierta contundencia, y THE SOPHS, que recogieron parte de aquella herencia alternativa para lanzarla contra el garage rock, el cowpunk y la americana más desaliñada en un concierto apabullante, algo sobreactuado, pero más orgánico que su disco de debut.

BIG THIEF confirmó una vez más todas las expectativas depositadas en ellos. Adrianne Lenker tiene ese carisma carcelario de quien ha tocado fondo y ha regresado de allí con canciones. Su estética de tipa invulnerable choca con esos medios tiempos de otro mundo, auténticas heridas abiertas con forma de melodía. Una lástima tanto el enorme escenario como la temprana hora de su actuación, que deslucieron ligeramente el conjunto.

Mientras tanto, el pop alternativo seguía desplegándose en esos parajes coloreados en los que nace la fantasía hipercreativa de GELLI HAHA, responsable de una pimpante performance pop donde conviven de manera arrebatadora el humor infantil y el synth-pop de baile más inspirado. Por otro lado, y recorriendo vías muy distintas, las noruegas SMERZ flirtean imperturbables con la vanguardia desde el minimalismo y un R&B gélido. En un espacio intermedio podría situarse DIJON, que confirmó sus promesas en una lección de soul verdaderamente contemporáneo, aderezado incluso con sutiles ráfagas ruidistas.

Cercana a lo extraordinario estuvo también LITTLE SIMZ, que ofreció un show construido sobre dos texturas muy marcadas. Por un lado, lideró una banda de sonido poderoso, alejada del formato clásico del rap sobre bases, moviéndose con naturalidad entre el soul, el jazz, el funk y el rock. Como contrapunto, asumió también momentos en solitario, rapeando sin acompañamiento e incluso ejerciendo de DJ, evocando por momentos -en nuestra opinión- aquel olvidado legado de Arrested Development.
MY BLOODY VALENTINE siempre han estado rodeados de un aura de misterio, alimentado tanto por una trayectoria casi fantasmagórica como por lo difícil que resulta coincidir con ellos en directo. En contra de la leyenda, su sonido no necesitó de tapones en los oídos para soportar el volumen, y precisamente esa contención acabó siendo uno de los puntos débiles de un inicio que fue creciendo de manera natural entre visuales envolventes y sensación de aislamiento para acabar cultivando un ruido tan denso como elegante.
Torbellino de otro tipo, LAMBRINI GIRLS convirtieron su escenario en un campo de batalla luminoso de punk con propósito y mensajitos, pero también diversión sin cortapisas, ofreciendo un notable contraste. Saltamos desde el escenario más pequeño al más grande con THE XX, que partiendo de la sencillez y el minimalismo construyen algo verdaderamente complejo. Funcionaron mejor cuando exploraron su lado más frío y oscuro en el arranque del concierto, apoyados en los contrastes vocales y una instrumentación muy natural en temas como “Crystalised” o “Islands”, que cuando derivaron hacia un formato más orientado a la pista de baile mediante las composiciones de sus carreras en solitario. El cierre con “Intro” dejó incluso la sensación de cierta prisa por desprenderse de su hit más reconocible.

GORILLAZ, otro gran nombre del cartel, presentaron The Mountain con la generosidad de quien sabe que tiene un catálogo inagotable. Damon Albarn y su banda virtual construyeron lo que se dice un espectáculo total con colaboradores ilustres, ritmos exóticos y una singularidad pop que pueden reivindicar como propia. Únicos e irrepetibles, y eso no fue una novedad.
Cae la madrugada del sábado y llegan algunas de las propuestas más desenfrenadas: JOEY VALENCE & BRAE mezclan un cierto toque old school al estilo de los Beastie Boys más básicos con un previsible ensamblaje digital, con resultados que a veces son contagiosos y contundentes, y otras explícitamente chuscos. De ahí saltamos al metalcore de KNOCKED LOOSE, que brindó algunos momentos ciertamente feroces gracias a su incuestionable, resultona, exhibición (excesivamente) técnica, tromba devastadora con un efecto verdaderamente turbador sobre una parte del público que empezó y terminó fuera de control. Por su parte, KNEECAP ofrecieron un show ideal para sonar a todo volumen desde un coche tuneado: combativos, políticos, sombríos y profundamente callejeros. Apenas habían pasado tres impactos sonoros cuando apareció sobre el escenario su compatriota Grian Chatten, sí, el de FONTAINES D.C., para cubrirles en “Better Way to Live”. Notable golpe de efecto que funcionó y añadió una marcha más a una actuación contundente y efectiva, aunque, todo hay que decirlo, algo más plana de lo deseable.

Anotemos que el sábado se anunció, con apenas tres horas de antelación, un terremoto: el concierto sorpresa de OLIVIA RODRIGO, celebridad -ésta de verdad, y con sobrados méritos- capaz de conectar con absoluta naturalidad el pop de masas, el rock alternativo (en serio) y aquel desgraciado pop-punk del cambio de siglo del que, contra todo pronóstico, ha sabido extraer una vitalidad y una frescura inesperadas. Imaginamos que Robert Smith, invitado a compartir escenario con ella, no tendría demasiados reparos en suscribir semejante juicio.
10 EXPERIENCIAS DESTACADAS
MOGWAI Miércoles 3 junio – Razzmatazz
Si quien ideó la etiqueta post aplicada a los distintos géneros musicales pensó en alguna banda concreta, ésa bien podría ser Mogwai; en su caso, un post de carácter multidisciplinar. La banda de Glasgow ofreció un show sin fisuras, firmemente anclado en su presente, pero con la capacidad de girar a voluntad sobre su propia historia. De su última obra, The Bad Fire (2025), interpretaron hasta cuatro piezas, evidenciando que su mirada actual se mantiene dentro del manual del post-rock, aunque sin renunciar a pasajes que rozan el dream pop, el shoegaze luminoso e incluso cierto pulso bailable, como demostraron en la excelente ejecución de “Ritchie Sacramento”. Sin olvidar que estaban celebrando sus treinta años de trayectoria, escarbaron también en su legado. Ya sea en ese homenaje encubierto a Kraftwerk que sigue siendo “Auto Rock”, o en los momentos de mayor rabia y densidad cercanos al post-metal, que, aunque tardaron en aparecer, acabaron emergiendo con fuerza en “We’re No Here” y “My Father, My King”. Esta última, ya en el bis, se presentó en una versión extendida, levantando una muralla de sonido que solo ellos saben construir y, sobre todo, domesticar. Óscar Fernández Sánchez

CAMERON WINTER Jueves 4 junio 2025 — Auditori
GEESE Miércoles 3 junio— Paral·lel 62 / Jueves 4 junio 2025 — Fórum
Quien pudo asistir al recital en solitario de Cameron Winter, primer concierto en el Fórum, tuvo el privilegio de presenciar la confirmación de que el neoyorquino es uno de esos artistas que marcan una generación. En un Auditorio excitado y expectante, bañado en penumbra y destellos de luz celestial, este cronista de la cotidianidad posmoderna desplegó una actuación ya legendaria fundamentada en su carisma galáctico, su enorme presencia escénica, una voz potente, clara y sincera; y un cancionero que lo ubica, sin hipérbole posible, como el poeta trovador de nuestros tiempos. Lo que Dylan representó para su generación -esa figura capaz de convertir la palabra en herida y en consuelo simultáneamente- Winter lo encarna hoy con una naturalidad que desarma.
Geese, su banda, se presentó en dos noches seguidas y en dos lugares y estados de ánimo radicalmente distintos. En el Paral·lel 62, la energía estaba algo contenida: Emily Green (guitarra), Dominic DiGesu (bajo) y Max Bassin (batería) tocaron un tanto cohibidos, como si el peso de un cancionero tan admirado ya les impusiera demasiado respeto. El público, en cambio, suplió con creces cualquier duda escénica con una implicación brutal coreando todas y cada una de las canciones.
Al día siguiente, en el Fórum y bajo la lluvia, todo cambió. Las mismas canciones, pero tocadas con furia y desinhibición, revelaron el nivel real de una banda que aún no ha tocado techo -y que probablemente tardará años en hacerlo. El momento mítico llegó cuando insertaron un fragmento de “Interstellar Overdrive” de Pink Floyd en la frenética “1222”, fundiendo dos épocas. Esa melena y camiseta imperio empapadas por la lluvia que se han hecho virales en las redes estos días ya son historia del festival y de la música en esta ciudad. Rubén García Torras

CAROLINE Jueves 4 junio — Auditori del Fórum
Ocho músicos en semicírculo con un corazón mecánico en forma de amplificador de bajos latiendo en el centro del escenario: así se presentan Caroline, el octeto londinense que en apenas dos discos -el debut homónimo de 2022 y el aclamado Caroline 2– se ha convertido en una de las bandas más respetadas e irrepetibles de la escena independiente actual. Ya pudimos disfrutarlos hace unos meses en la coqueta Sala Upload, experiencia única, pero el Auditori del Forum les dio un contexto privilegiado a su sonido y propuesta, y ellos lo aprovecharon con la precisión quirúrgica de quien lleva años construyendo algo que no se parece a nada. Hubo infinidad de pasajes inolvidables, pero el momento cumbre llegó, como es ya costumbre en sus directos, con “Coldplay Cover”: la banda dividiéndose en dos extremos del escenario, dos universos sonoros coexistiendo, rozándose, ignorándose y fundiéndose en uno. Una lección de arquitectura musical que detiene el tiempo. Uno de los grandes conciertos del festival y del año. Sin discusión. Rubén García Torras
PANDA BEAR Jueves 4 junio — Auditori del Fórum
La lluvia y el viento castigaban el Fórum mientras Noah Lennox se afanaba en construir un refugio ideal para confirmar, una vez más, que sigue siendo la figura más relevante surgida del universo Animal Collective. Lo suyo -y lo de un escueto grupo de músicos excepcionales, impecables también en la construcción de armonías- fue una lección sobria aunque absorbente, sostenida sobre un sonido voluminoso, corpóreo y al mismo tiempo extraordinariamente nítido. A partir de bucles rítmicos y melodías circulares, se avanzó hacia terrenos casi experimentales, fundiendo psicodelia luminosa, ecos de folk o pop expansivo para demostrar la categoría de un repertorio que, incluyendo una versión de The Notwist, pone en primer término, ante todo y con orgullo, lo proveniente del extraordinario Sinister Grift. José Luis Torrelavega
TEXAS IS THE REASON Viernes 5 junio — Fórum
Texas Is The Reason jugaron la baza de ser una de esas bandas que hace tres décadas ayudaron a evolucionar y expandir un sonido tan concreto como influyente. Celebraban el 30 aniversario de su legado con una descarga de post-hardcore sustentada en un lenguaje emo-rock construido en aquel entonces desde estructuras eléctricas que llevaron su propuesta un nivel de trascendencia muy superior a la media del género.
Sonaron compactos y sólidos, con ese poso de rock americano que los ha acompañado hasta la veteranía aunque impregnándolo de esencia alternativa. Centraron buena parte del repertorio en el ya clásico Do You Know Who You Are? (1996), demostrando su vigencia tres décadas después. Y, además, lo hicieron con cierta actitud desafiante, saltándose incluso el timing impuesto para no dejar fuera una canción tan perfecta como “Back And To The Left”. Óscar Fernández Sánchez

EINSTÜRZENDE NEUBAUTEN Viernes 5 junio — Auditori
Cercanos a sus cincuenta años de historia, y cuando la lógica temporal dictaría que la dinamita con la que reventaron las convenciones del rock europeo estaría ya destruida por la humedad, los de Blixa Bargeld siguen moviéndose en un territorio que, bajo su apariencia árida e inhabitable, se revela desde hace muchos años acogedor. Ojo, no quiere eso decir que la excitación se haya aplacado, y podría argumentarse que al reivindicar su etapa más inmediata [la que culmina por ahora en el inagotable “Rampen (apm: alien pop music)”] es cuando ese lenguaje propio que transforma la fricción, el ruido y la repetición en una experiencia física, también emocional, se desvela como absolutamente intransferible. El entramado de percusiones metálicas, texturas industriales y resonancias gélidas sigue presente, pero hay cada vez más emoción, y la incorporación de una nueva bajista, Josefine Lukschy, incrementa un pulso rock que, aunque de otra manera, nunca han perdido. De manera coherente, a este bello estruendo le siguió en el mismo escenario otro menos amable, el del japonés MERZBOW. Lo hemos visto más de una vez, pero los quince minutos que presenciamos demostraron que lo suyo es hoy aún más extremo, abrasivo e intransigente que nunca antes. José Luis Torrelavega

THE CURE Viernes 5 junio — Estrella Damm / Fórum
La mayor prueba de la vigencia actual de THE CURE es que lo único verdaderamente reprochable de su concierto fue la escasa presencia de canciones de Songs Of A Lost World (2024). Y eso que la banda construyó de manera coherente un arco emocional que tuvo en “Alone” un pórtico solemne y majestuoso, y en “Endsong” una despedida crepuscular antes de desembocar en un bis glorioso de nueve canciones. Lo más notable es cómo en directo logran trazar un recorrido natural entre su pasado y el presente sin que, mal de tantos otros, impere la nostalgia, sorprendentemente neutralizada por una variedad de edades entre el público que se eleva por encima de toda adscripción generacional. El sonido fue monumental, y aunque es de justicia mencionar a Simon Gallup, Reeves Gabrels o, incluso a Eden Gallup, hijo de Simon, y sustituto del fallecido Perry Bamonte, ya sabemos que aquí todo gira en torno a un Robert Smith cercano, visiblemente emocionado y con la voz intacta. José Luis Torrelavega

VIAGRA BOYS Madrugada viernes/sábado 6-7 junio— Fórum
A altas horas de la madrugada del viernes, cuando el festival ya pedía tregua, Sebastian Murphy y sus Viagra Boys subieron al escenario y dejaron claro que la noche no había terminado ni por asomo. Panzudo, irreverente, con ese punto de borrachera calculada que lo hace imprevisible, Murphy es hoy lo más parecido a Johnny Rotten que puede encontrarse sobre un escenario. Más Rotten, incluso, que el propio Rotten en sus últimas apariciones: donde el original hace tiempo que finge su leyenda, Murphy la vive de verdad. A su lado, el saxo de Oskar Carls añadió la dosis de salvajismo necesaria para acabar de completar una de las actuaciones del festival. Esos vientos cortantes, urgentes, recordaron los momentos más incendiarios del Funhouse de los Stooges: los metales como gasolina sobre una hoguera que ya ardía sola. Viagra Boys no vinieron a cerrar el viernes, directamente lo aniquilaron. Rubén García Torras
BLACK COUNTRY, NEW ROAD Domingo 7 de junio – Paral·lel 62
El último acorde de nuestro Primavera Sound lo pusieron las voces de Tyler Hyde, Georgia Ellery y May Kershaw junto a sus compañeros de Black Country, New Road. El trío tejió polifonías de una belleza que detuvo el tiempo: tres timbres distintos, tres temperamentos, una sola respiración coral que elevó el recital a la categoría de experiencia litúrgica. El repertorio descansó casi íntegramente sobre Forever Howlong, su tercer álbum, y cada canción demostró que estamos ante uno de los artefactos más luminosos de los últimos años. Es el disco que los ha redefinido y el que prueba que la marcha de Isaac Wood no fue más que una circunstancia necesaria para que el espíritu de Nick Drake y Fairport Convention les guiaran el camino. Aún y así, la noche reservaba un guiño celestial: su versión de “The Ballad of El Goodo” de Big Star tendió un puente entre generaciones y la memoria de Alex Chilton calentó nuestra alma y dio fuerza a unas piernas ya maltrechas después de cinco días de desgaste. Cerrar el Primavera Sound con semejante lección de elegancia, riesgo y emoción contenida es un privilegio de esos que este festival nos suele conceder. Rubén García Torras

DIE SPITZ Domingo 7 de junio – La Nau
Si las chicas de Die Spitz te invitan a salir de fiesta, está claro que, cuando tú estés muerto, ellas seguirán tomándose chupitos. Pocas definiciones encajan mejor con un concierto desbordante de energía, donde las asperezas guturales convivieron con la elegancia de los vestidos de raso, como si el patio trasero de un rancho de Austin se hubiese transformado en una sofisticada celebración metalera y multidisciplinar.
La catarsis fue constante: pogos, stage diving, walls of death e incluso volteretas y verticales de las propias integrantes al cerrar el concierto. Una auténtica fiesta de fin de curso para riot girls de nueva generación, filtrada a través de guitarras afiladas y bañada en ponche barato, con un repertorio extraído de Something To Consume (2025). Desde el arranque explosivo de “Pop Punk Anthem (Sorry for the Delay)” o “American Porn”, hasta el descontrol final de “Throw Yourself to the Sword” en el bis, todo desprendió sensación de caos perfectamente dirigido y divertido. Si Jack White les ha dado cobijo en su sello, será por algo, así que no habría que descartar que sigan creciendo sin perder ni un ápice de esa peligrosa vocación festiva. Óscar Fernández Sánchez
PRIMAVERA SOUND, 2026. TOP 5 DE COLABORADORES
Rubén García Torras
Cameron Winter
The Cure
Geese (en el Forum)
Die Spitz
Caroline
Óscar Fernández Sánchez
Texas Is The Reason
Viagra Boys
The Cure
Geese (Forum)
Mogwai ( Razz)
José Luis Torrelavega (
The Cure
Dijon
Einstürzende Neubauten
Gelli Haha
Panda Bear
Meritxell Rosell
Geese (en Paral·lel 62)
Cameron Winter
Einstürzende Neubauten
Lambrini Girls
Die Spitz
Textos: Óscar Fernández Sánchez, Rubén García Torras y José Luis Torrelavega
Fotos: Meritxell Rosell







Preciosas fotos de Meritxell como siempre, que gran profesional es esta mujer
Felicidades Óscar, Rubén, José Luis y MeriChula!! Ha quedado precioso! Que cobertura TAN TAN TAN apasionada… ¡Me encanta!
Me alegro muchísimo, por vosotros y por toda la familia rutera. Love for ever!
m.