
La mítica banda de thrash metal Megadeth volvió a tierras gallegas (y al Coliseum 15 años después) para despedirse tras más de cuatro décadas de trayectoria con su Farewell Tour. Su concierto estuvo precedido por dos escuderos de mucho nivel: los catalanes Crisix y los albaceteños Angelus Apatrida, teloneros habituales de grandes bandas de metal en el Coliseum (Slayer y de nuevo Megadeth en 2011 y Helloween y Overkill en 2015). Hablando de los teloneros, ambos denunciaron el feo detalle de la organización de obligarles a subir el precio del merchandising para que no fuese mucho más bajo que el de Megadeth.
Con puntualidad británica, alrededor de las 22:00 h apareció sobre el escenario Dave Mustaine, con su característica camisa remangada y muñequeras, tocando el riff inicial de ‘Tipping Point’, uno de los temas del disco homónimo publicado este mismo año. El resto de la banda, Teemu Mäntysaari a la guitarra, James LoMenzo al bajo y Dirk Verbeuren a la batería, se unieron al líder y aquello empezó a coger forma. Cuando Mustaine empezó a cantar se encendieron las alarmas: sonaba desacompasado, perdido. Mal, en definitiva. Era inevitable preguntarse si todo el concierto, en principio el último que veremos de Megadeth, iba a ser así. Por fortuna, con el paso de los minutos el aspecto vocal fue mejorando y cualquier nubarrón negro se despejó, en especial cuando empezó a sonar el icónico riff de ‘Hangar 18’, uno de los grandes himnos de la banda.
Continuó con ‘This was my life’, del disco de 1992 Countdown to Extinction, el álbum al que más recurrió en el concierto de A Coruña: ‘Skin O’ My Teeth’ (el tercer tema), ‘Sweating Bullets’, la canción homónima y, por supuesto, ‘Symphony of Destruction’ completaron el repaso. A pesar de publicar un nuevo disco hace escasos meses, Mustaine solo incluyó tres temas, dejando el grueso del concierto a las canciones más conocidas y esperadas por el público: ‘Peace Sells… But Who’s Buying?’, ‘A Tout le Monde’, ‘Angry Again’, ‘Tornado of Souls’, ‘Trust’… En ese aspecto, no caben muchas críticas a la elección del setlist: podremos echar de menos según qué canciones (‘In my Darkest Hour’, por ejemplo), pero la banda optó por ir sobre seguro y dar al público lo que quería.

Con las últimas notas de ‘Holy Wars’, el tema franquicia de los estadounidenses, se enciendieron las luces del recinto y empezó a sonar música de fondo. No iba a haber bises, el concierto había terminado. La actuación duró exactamente una hora y media y, por las caras de algunas personas del público, a muchos no les pareció suficiente. El eterno debate sobre la duración idónea de un concierto daría para otro artículo, pero en mi opinión es mejor hacer un buen concierto “corto” que uno regular largo (y sino que se lo digan a Guns N Roses y sus casi tres horas y media en su único concierto en Galicia).
Teniendo en cuenta que se trataba de una gira de despedida y que el precio de las entradas no era precisamente bajo, puedo entender cierta decepción por parte de los asistentes, que quizá esperaban más canciones y esa chispa que diferencie un concierto de despedida a uno normal. Eso, unido a que Mustaine no estuvo muy dicharachero (y cuando hablaba tampoco se le entendía), pudo enturbiar un poco la despedida, pero en el aspecto musical (que es el que realmente debería importar) Megadeth ofreció un concierto más que notable, con un sonido poderoso, una técnica intachable y unas canciones de muchos quilates.
Texto: Pablo Vázquez
Fotos: Mattias Monsterkid







Pues totalmente de acuerdo, que más se podría decir. Se echó en falta media hora más, o al menos 3 o 4 canciones. Aun así, me sorprendió que, en nuestra zona de gradas (y diría que en general en todo el recinto), la gente no pidiese bises a gritos. Es como si se aceptase (por alguna razón que yo no sabía) que no los habría y punto.
Pero buena música, valió la pena.
Un saludo.