
«The Times They Are a Changin'» cantaba Bob Dylan a principios de la década de los 60. Hablaba de la brecha generacional y la división política de parte de la cultura norteamericana. Y se podría decir que todo es cíclico. Hasta en los géneros más contestatarios y sociales hay brechas y cambios según las generaciones. Kneecap, el trío irlandés que abandera el rap más comprometido social e humanamente (apoyamos eso) visitó Bilbao pero en su gira, después de su aparición en el BBK Live del pasado año.
Entonces triunfaron pero ahora lo hicieron a lo grande, con un sold out en su gira, en sala y creando una atmósfera brutal, intensa y reivindicativa al nivel de los años 80 de por aquí, años muy cargados en todos los sentidos.
Pero la canción de Dylan hablaba de unas cosas y las extrapolamos porque qué es la música y la vida sino una evolución constante. El rap de Public Enemy (la CNN del pueblo negro cuando este era constantemente silenciado, recordemos), la confrontación de N.W.A. en las calles del South Central de L.A. u otros combos como Cypress Hill eran otra cosa, otro sonido y llegaban a otro público. Kneecap son agresivos, intensos, muy reivindicativos y humanos en muchos de sus postulados, pero su música contiene algo que no tenían los grupos de antaño. Y ese algo, ese punto rave puede descolocar a los puristas o los más veteranos, la verdad. Pero todo pega bien, los estilos confluyen en el mismo objetivo, del río hasta el mar, ya que la causa palestina es una de sus banderas (y eso también lo apoyamos).

Tras una breve sesión del músico palestino Fawzi (que luego se les unió en “Palestine”), que entretuvo en su actuación (sonido plagado de graves a más no poder), quince minutos nos hicieron esperar el trío, mal, pero la parroquia no era de las más exigentes en cuanto a puntualidad, cosas de la fiesta. Pero en el momento en que pisaron las tablas Móglaí Bap, Mo Chara y el Dj Próvaí con su pasamontañas con la bandera irlandesa (en un momento se puso otro con la ikurriña, lógico) se desató el esperado sin dios. Dos temas de inicio para explotar la bomba sónica (““Éire go Deo”, traducido “Irlanda para siempre” y “Smugglers & Scholars”) y al desmelene. Con la sala abarrotada y ganas de desfasar el público dio lo que se esperaba al grupo y se retroalimentaron continuamente, con consignas palestinas, vascas y de toda índole. Pero siempre bajo una atmósfera más bailable que otra cosa, lo dicho, más rave que rapera. La gente se reventó a bailar con “Better Way to live”, “Get your Brits out”, “No comment”, la más lenta “Sayonara” o la intensa “Fine Art”, quizás con el mejor audiovisual de la noche, y eso que no hubo tema sin el respectivo apoyo de las pantallas.
El final empalmó pildorazos como “Liars Tale”, “Big Bad Mo” o “Fenian”, que titula su último trabajo (todo tiene su razón, pues es una definición empleada con mala baba para referirse a los irlandeses republicanos que querían acabar con las normas británicas), antes del final que todo el mundo esperaba. Sí, su gran éxito, “H.O.O.D.” y el final con “The Recap”. El pasamontañas irlandés gusta mucho por aquí (como también aquellos de Moscow Death Brigade), su sonido más y no digamos el mensaje… ¿revolucionario? Pues sí, pero es que vivimos tiempos en los que la reivindicación humana y social se ha convertido, por desgracia, en algo revolucionario.
Texto: Michel Ramone
Fotos: Dena Flows






