
Como aperitivo a la inminente nueva edición del Azkena Rock Festival, la capital acogió un atractivo doble cartel que comenzó puntual y con el sol aún luciendo alto en las inmediaciones del Manzanares. Costó entrar en la sala ante el atractivo de las cervezas en las animosas terrazas, pero buena parte del público no se quiso perder, y con razón, la actuación del hijo del predicador, Israel Nash, que el año pasado estuvo muy activo en cuanto a producción discográfica, reeditando Rain Plans su disco de 2013, publicando el instrumental Moods y reinterpretando al completo Sweetheart of the Rodeo, el emblemático y seminal disco de los Byrds ya con Graham Parson.
Lo que se trajo aquí fue, el primero de los citados, que interpretó al completo en una hora dominada por el nervio eléctrico y la elegante emoción, entre medios tiempos que se enervaron entre guitarras afiladas y la steel recreando sugerentes melodías. Embaucó de inicio con la emocionante «Woman At The Well» o «Just Like Water», metiéndose al público en el bolsillo con un sonido bastante más fibrosos que la percibida en la original rodaja de vinilo… y es que el de Missouri estuvo muy metido en la actuación, transmitiendo gratas sensaciones entre cadencias que evocaron al Neil Young más luminoso como así sonó, vibrante además en coros, «Who In Time», para acabar desatándose en orgía country psicodélica y progresiva «Mansion» que sonó desbocada cual caballo loco. Una actuación… no sorprendente, porque este tipo siempre crece en directo y no falla, pero sí inesperada por su talentosa ejecución.

Tras el mineral cristalino llegó la roca caliza, para con ambos elementos equilibrar una noche intensa desde diferentes perspectivas sonoras, ya que lo ofrecido por la DeWolff, con sus teclados y coristas fue una frenética muestra de rock psicodélico blusero, rithm&soul sureño y hard rock engrasado. Variado repertorio escogido de diferentes disco, incluidas un par de versiones de su último trabajo de covers Fuego! como «The Fan» de Little Feat en la que se marcaron un extensísimo viaje lisérgico-sideral sin Joe Bonamassa en la guitarra que aparece en la canción grabada en estudio, pero incluso con la aparición en el escenario de un chaval de no más de doce años, al que cedieron una eléctrica para clavarse él solito el afilado solo de guitarra. ¡Inaduito!
También sonó «Faster And Faster» de Eden Rose que trasladó con sus teclados al público hacia el universo Purple. Como contraste sonó «Nothing Changing» acordándose de sus Tascam Tapes de 2020 su disco lo-fi grabado con un cuatro pistas portátil. En definitiva, los neerlandeses apabullaron más por su sonido, que por sus canciones… como así hicieron en el bis con «Rosita» una jam que justifica casi un concierto, para cerrar un apasiona noche de canciones eléctricas y sonidos rotundos.
Texto: Cancho
Fotos: Joe Herrero






