
No exagero si digo que llevo más de una década escuchando casi cada noche a Ben Howard. Su música tiene algo de compañero silencioso, de lámpara encendida cuando el resto del mundo duerme. Por eso, cuando regresó a la Sala Apolo dentro de su Summer Tour 2026, la pregunta no era si sonaría bien. La pregunta era qué iba a querer contarnos esta vez.
Sobre el escenario flotaba una enorme esfera suspendida, una especie de luna artificial que iba mutando con distintas proyecciones a lo largo del concierto. Un recurso sencillo pero efectivo para acompañar un repertorio que, sin disco nuevo que presentar tras Is It? (2023), funcionó como un recorrido por distintas etapas de su carrera. Hubo espacio para tres canciones inéditas que probablemente acabarán formando parte de un futuro álbum, además de una selección de temas que confirmaron algo que ya sabíamos: Howard sigue avanzando, aunque parte de su público continúe mirando hacia atrás. Y es que las canciones más celebradas volvieron a ser «Only Love» y «I Forget Where We Were». La primera porque pertenece a ese Every Kingdom (2011) que muchos seguimos considerando un pequeño milagro folk. La segunda porque demostró que su siguiente disco también dejó huella profunda pese al cambio radical de estilo. Lo siguiente fue recibido con respeto y cariño, aunque sin alcanzar la misma intensidad emocional.

Howard estuvo especialmente comunicativo. Saludó con un «Bona nit», preguntó si debía decir «Gràcies» o «Merci» —pronunciado con un encantador acento francés— y acabó intercambiando bromas lingüísticas con algún espontáneo mallorquín del público. También reconoció que llevaban tiempo sin tocar juntos y que aquella era apenas la segunda fecha de la gira. «No estamos sonando tan mal», comentó. Y tenía razón. La banda, formada por siete músicos, sonó compacta y envolvente. Las cuerdas (violín y cello) aportaban profundidad, las guitarras construían atmósferas densas y Howard seguía ejerciendo de centro gravitacional de todo aquello. No vamos a descubrir ahora que es un guitarrista acústico extraordinario, que lo sabemos desde 2011. Otra cosa es que el sonido actual, cargado de delays, reverbs y capas ambientales, esconda parte de aquel fingerpicking percusivo que nos dejó boquiabiertos hace años. Canciones como «Only Love» sobreviven a la transformación porque la melodía sigue siendo incontestable. Diferentes, sí. Quizá algo desdibujadas. Pero todavía hermosas. Porque al final el secreto de Ben Howard nunca estuvo en la técnica, aunque la tenga. Ni siquiera en una voz especialmente espectacular, aunque resulte cálida y fiable. Está en las melodías. En esa capacidad para escribir canciones que se quedan contigo mientras intentas dormir.
Pero no todo ayudó a disfrutarlas. La sala Apolo colgó el cartel de sold out y podría haber colgado también el de aviso por calor excesivo, hasta el punto de que hubo un pequeño susto cuando una persona necesitó asistencia en mitad de la pista. La sala incluso abrió el piso superior para absorber audiencia. Y luego estaba el otro clásico contemporáneo: la gente que paga 40 euros por una entrada para pasarse el concierto de cháchara. Ocurrió aquí y ocurrió la última vez que visitó Barcelona. Mucho turista, mucha conversación y muy poco silencio para una música que precisamente necesita de eso para desplegarse. Uno no puede evitar preguntarse cuándo veremos a Howard en un recinto como el Palau de la Música, con el público sentado y dispuesto a escuchar. Más de uno pagaría encantado un poco más por esa experiencia.

Tras una quincena larga de canciones, Howard se despidió. O eso intentó. Los aplausos le devolvieron al escenario para cerrar con «Promise», otro regalo rescatado de Every Kingdom. Y mientras sonaban los últimos acordes resultaba imposible no pensar en la extraña relación que mantiene con aquel debut. Ha celebrado recientemente el aniversario de I Forget Where We Were (2014), pero sigue evitando mirar demasiado hacia ese primer disco que estrenó su carrera. Como si perteneciera a otra persona. Como si aquel Ben Howard ya no existiera. Y puede que para él sea así, pero para muchos de nosotros no. Porque seguimos escuchando esas canciones casi a diario. Seguimos recordando conciertos como el de aquel Bilbao BBK de 2012. Y seguimos esperando que algún día decida volver a abrazarlas un poco más. Si alguna vez ocurre, Ben, nosotros también prometemos estar allí.
Texto: Borja Figuerola






