
Sabiendo que Robert Fripp no tiene intención de volver a la carretera con King Crimson, ver a BEAT es una experiencia totalmente gratificante. Cierto es que, independientemente de tu etapa o discos preferidos, has de tener una clara sintonía con la encarnación de la banda de los años 80, porque de esto trata BEAT. Y no es simplemente una “banda de tributo”, porque aquí tenemos a dos pesos pesados no solo de esa formación sino de los Crimson de etapas posteriores: el siempre extrovertido Adrian Belew (voz y guitarra) y el versátil Tony Levin (bajo, stick y coros). Contar además con otros dos talentos como Steve Vai (guitarra) y Danny Carey (batería) hace que todo suba de nivel.
Y esta elección no es casual: aparte de profesar ambos admiración por la música de KC, conviene recordar que Vai, igual que Belew, fue alumno de Zappa, por lo que sabe lo que significa enfrentarse a música de alto riesgo. Y Carey es el batería de Tool, grupo que estuvo de gira con KC y con los que comparten ADN de un progresivo poco convencional.
Así pues, era bien sabido que iban a abordar la trilogía de los años 80: Discipline (1981), Beat (1982) y Three of a Perfect Pair (1984). Y aunque el primer disco suele figurar como el preferido de esa etapa, lo cierto es que el nivel general de los tres es muy similar. Tienen en común temas complejos y a menudo nerviosos, guitarras circulares, secciones minimalistas, canciones más o menos accesibles (aunque hay que entrenar un poco el oído), ritmos con influencias africanas y tecnología punta: guitarras sintetizadoras, batería electrónica y ese instrumento extraterrestre como es el Chapman stick, mucho más que un híbrido entre bajo y guitarra. A todo ello hay que añadir unas estupendas e imaginativas melodías de Belew.

Arrancaron con cuatro piezas de Beat, la demencial “Neurotica” (si había algún despistado que no sabía de qué iba la cosa, igual se largó por piernas), “Neal and Jack and Me”, “Heartbeat” (uno de los pocos ejemplos de KC de “canción convencional”) y “Sartori in Tangier”, con un gran trabajo de Levin al stick. Luego Belew presentó temas de Three of a Perfect Pair que apenas interpretaron en su momento: el pop bizarro de “Model Man”, la marciana “Dig Me” (con una de las letras más originales de Belew), “Man with an Open Heart” (con un toque japonés), la instrumental “Industry” (uno de los momentos estelares de la noche, con excéntricos y sabrosos solos de Belew y Vai) y la arrolladora tercera parte de “Lark’s Tongues in Aspic”. Carey ha manifestado que es una de las piezas de KC más difíciles de abordar, pero la verdad es que su interpretación fue impoluta. Tiene lo mejor de ambos mundos en cuanto a tendencias percusivas de KC: la sutileza de Bruford y la contundencia de Pat Mastelotto.
Tras un descanso de 20 minutos (y música ambiental de fondo tipo frippertronics) Carey volvió a lucirse con “Waiting Man”, al que se le añadió Belew con un entramado percusivo de aúpa. Luego, otro viaje sonoro, la instrumental “The Sheltering Sky” (la primera pieza de la noche de Discipline), con más solos estratosféricos a cargo de Belew y Vai. A este respecto, comentar que aquí Vai estuvo muy desatado, hasta el punto de llegar casi al onanismo haciendo shredding, pero partiendo primero de momentos elegantes y reminiscentes del desaparecido Jeff Beck. Uno de los momentos más aplaudidos de la noche. Luego llegó el turno de la discotequera “Sleepless”, con un bajo de Levin tremendo, seguida de una de las mejores piezas de la esta trilogía, la dinámica “Frame by Frame”.

El ambiente hacía ya rato que estaba más que caldeado (aparte del calor que ha asolado toda Europa estos últimos días de junio), así que dieron un respiro con la balada “Matte Kudasai”. Después, otros dos grandes temas: “Elephant Talk” y “Three of a Perfect Pair” (Belew sigue haciendo unos agudos limpios que da gusto). La parte final del concierto estuvo destinada a la cacofónica “Indiscipline”, que conectaba muy bien con la pieza inicial de la noche, “Neurotica”. Y los bises dejaron el ambiente todavía más caliente: la musculosa “Red” (un recuerdo a los KC de los 70, con Belew dando gracias a Fripp y Bruford) y “Thela Hun Ginjeet”.
En definitiva: para quienes no pudimos ver nunca a los Crimson de los 80 (por edad, la inmensa mayoría del público), ver a BEAT en directo es un pequeño/gran regalo que atesoraremos durante mucho tiempo. Eso sí, sería deseable que estos cuatro portentos llegaran a hacer un disco en estudio, porque los resultados serían muy prometedores. Además, BEAT es una manera de sacarse la espinita al no haber podido apenas saborear la música de esta trilogía en subsiguientes giras de KC, que obviaron casi totalmente estas canciones (para rememorar anteriores visitas del grupo, dos enlaces: https://www.ruta66.es/2016/11/vivos/king-crimson-auditori-del-forum-barcelona/ https://www.ruta66.es/2019/07/vivos/king-crimson-teatre-coliseum-barcelona/).
Y un par de apuntes finales. Como música incidental, antes de que empezara el concierto sonó por los altavoces una pieza de lo más apropiada: Music for 18 Musicians, de Steve Reich, uno de los máximos exponentes del minimalismo. Fue precisamente en un concierto de este disco en 1980 cuando, gracias a David Bowie, Belew conoció a Fripp… Y cuando apenas faltaban un par de minutos para que BEAT salieran al escenario, todavía con luz de día, un par de gaviotas sobrevolaron la plaza, casi como anunciando los sonidos que Mr. Belew extraería de su marciana guitarra en temas como “Matte Kudasai”.
Texto: Jordi Planas
Fotos: Marina Tomás Roch







