
Desde que se nos fue la gran Sharon Jones, el cetro de reina del soul no tiene una clara propietaria. Alexia Coley interrumpió en 2014 una carrera que parecía impulsada por el estupendo “Drive Me Wild”, Gizelle Smith tiene todos los mimbres y discos soberbios, y Acantha Lang tiene la oportunidad de postularse a tan insigne título con la inminente publicación de su segundo trabajo, tras un Beautiful Dreams sin fisuras publicado en su propio sello, Magnolia Blue Records, en 2023. Para la presentación de su segundo álbum, Salan Producciones se la ha traído de gira por España, recalando en Sevilla, Jerez, Estepona y Valencia.
Poco antes de las diez de la noche apareció sobre el escenario, vestida de negro, elegancia innata, deslumbrante y risueña, la cantante de Nueva Orleans en una Sala Even que no se llenó, algo incomprensible. La línea del concierto fue creciente, comenzando por un tema de su nuevo disco, “Down In The Ghetto”, destilando soul con enjundia a lo Bobby Womack o Donny Hathaway. Acantha se mostró cercana pero contemporizadora al inicio, como guardando fuerzas, midiendo las distancias, confiando en su arsenal y en la banda de acompañamiento, con la que también me iría yo de gira.

A partir de ahí, cautivado por su sonrisa, el público fue siendo mecido y agitado a placer a lo largo de hora y media, dieciséis canciones, algunas de las cuales comienzan con Acantha susurrándote que ya es hora de levantarte, le pides cinco minutitos más y al cabo de esos cinco minutitos la historia ha cambiado y te ves bailando sobre la cama. Ese es el poder, y la sabiduría, de darle vida a las canciones, sin inventar nada, solo a través de ingredientes de sobra conocidos, de sobra fiables: soul de Memphis, Muscle Shoals, The New Mastersounds, Roberta Flack, Aretha –cómo no–, o dos músicos tributados en directo como son Bill Withers y su “Grandma’s Hands” –homenaje a Lula, abuela del cantante, revisitado y sublimado en la versión de Acantha– y O.V. Wright y su “(I’d Rather Be Blind), Crippled, and Crazy”. Entre medias, un homenaje a su propia madre, Lois Lang, “una reina criolla de Nueva Orleans” (“Her name is Lois Lang. But she ain’t have no superman”), guiños a Sevilla y al público, cada vez más entregado y enamorado, y la cantante sin freno de mano, dejando espacio al lucimiento de los miembros de su impecable septeto, con especial mención a Emlyn Francis –guitarrista, arreglista, compositor, escudero y director en la sombra– acolchando y meciendo las canciones con maestría y desatándose sin filtro en los momentos justos.
Así se llegó a la recta final, ya sin concesiones, con dos canciones presumiblemente de su próximo disco: “Step Up” y “Ain’t That The Truth”, dejando el soul clásico a un lado y atacando la parte más funk del asunto, en la línea de The Quantic Soul Orchestra o Average White Band, y terminando con una canción de su primer disco con hechuras de himno y reminiscencias palpables de dos colosos, Marvin y Curtis, titulada “It’s Gonna Be Alright”, serigrafiada en camisetas que se vendían en el merchandising. Tras despedirse de manera fake del público, Acantha y su banda regresaron al escenario porque tenían que tocar la canción por la que ha sido descubierta por mucha gente –yo en su día sin ir más lejos, gracias al bendito Shazam–, ese hit liderado por el riff hipnótico y percusivo, heredero de gigantes como Nile Rodgers o Johnny “Guitar” Watson, titulado “He Said/She Said”, ocho minutos de orgía funk y, cómo no, sonrisa “acanthiana”, que dejó al público satisfecho y agradecido.
Apostamos a que en su próxima visita a Sevilla, que la habrá, la Sala Even ya se quedará pequeña para acoger a Acantha Lang y su banda.
Texto y fotos: JC León






