Hay artistas que no admiten biografías convencionales. Prince pertenece a esa categoría donde la música, el mito y la contradicción avanzan siempre mezclados. Por eso resulta interesante encontrarse con dos libros recientes que, sin pisarse demasiado, acaban dialogando entre sí. Dos aproximaciones distintas a un artista imposible de encerrar. El volumen de Gascón (tiene su podcast propio) funciona casi como una escucha guiada. Más que una biografía al uso, propone una inmersión en la evolución artística del músico desde For You hasta Dirty Mind, analizando cómo Prince construyó su propio universo sonoro a partir del funk, el soul, el pop y una ambición creativa fuera de control. El libro tiene algo de ensayo apasionado y de mapa para oyentes obsesivos: contextualiza discos, conecta influencias y explica cómo aquel chico de Minneapolis empezó a romper las costuras de la música negra y blanca de finales de los setenta. Se nota amor por el detalle y una clara voluntad pedagógica, pero sin caer en el tono académico seco.
Este es el primer volúmen. Podría haber más. El alquimista púrpura, en cambio, apuesta por un retrato más humano y narrativo, una bio al uso. Frisach se acerca al personaje desde la fascinación, pero también desde sus sombras: el perfeccionismo enfermizo, la espiritualidad cambiante, el hermetismo y esa sensación permanente de vivir varios pasos por delante del resto. El libro fluye con ritmo periodístico y logra capturar bastante bien la dimensión casi mística de Prince sobre un escenario. Leídos juntos, ambos títulos ofrecen una imagen complementaria: uno explica el laboratorio creativo de una primera etapa compositiva; el otro, el hechicero que vivía dentro. Dos puertas válidas para entrar -o volver a entrar- en el universo púrpura.
JORDI SÁNCHEZ






