
Las mejores colaboraciones suelen surgir cuando desaparece cualquier intención de demostrar algo. Budapest Days transmite precisamente esa sensación. La de varios músicos que comparten un lenguaje común construido a partir del blues, el folk y la americana, pero que utilizan esos códigos como punto de encuentro y no como una colección de reglas inamovibles. El resultado es un álbum que respira naturalidad, donde cada participante encuentra su espacio sin necesidad de imponerse al resto.
Al frente aparece Ripoff Raskolnikov, veterano compositor y observador privilegiado de la condición humana, acompañado por dos músicos de enorme personalidad como Luke Winslow-King y Roberto Luti. Lejos de plantear una reunión de estrellas, el disco funciona como una conversación continua en la que las guitarras, las voces y las canciones parecen avanzar en la misma dirección. Hay ecos de blues tradicional, aromas folk y destellos de americana, pero todo filtrado a través de una sensibilidad propia que evita los clichés y las imitaciones.
Budapest Days nace de una colaboración con Luke Winslow-King y Roberto Luti ¿En qué momento sentiste que la relación musical surgida durante la etapa de Twilight Tales podía convertirse en un proyecto con identidad propia?
Me resultaría difícil señalar una fecha concreta porque fue algo que se fue desarrollando de manera natural durante los últimos tres años. La primera vez que vi tocar juntos a Luke y Roberto fue en un festival de blues en Hungría, en abril de 2023, y me dejaron completamente impresionado. No solo por la calidad de las canciones, sino también por la intensidad de su interpretación. Al año siguiente realicé una gira por Hungría con mi banda y Roberto participó como invitado especial. De alguna manera, aquella experiencia culminó en las sesiones de grabación de Twilight Tales. Supongo que en algún momento Luke manifestó interés en unirse a la aventura y todo terminó evolucionando hasta este disco.
El álbum se mueve en un territorio donde confluyen blues, folk y americana ¿La dirección artística estaba clara desde el principio o fue tomando forma durante las sesiones?
Teniendo en cuenta la trayectoria de todos los participantes, creo que la dirección artística estaba bastante definida desde el inicio. Dicho esto, muchos de los arreglos se desarrollaron directamente en el estudio y una parte importante del material nació de la improvisación. Por eso creo que puede decirse que el disco refleja realmente el esfuerzo conjunto de una banda de seis músicos trabajando al mismo tiempo.
Luke Winslow-King participa también como productor ¿Qué aportó a sus canciones desde esa doble condición de músico y productor?
Muchísimo. Para empezar, Luke y yo llevamos a cabo todo el proceso de preproducción entre los dos. Hubo un intercambio constante de correos y mensajes, compartiendo canciones, probando ideas y haciendo sugerencias. Ya en el estudio, su aportación fue enorme tanto como músico como coproductor. Nunca había visto a alguien que habitualmente ocupa el papel de líder comportarse de una manera tan perfecta como acompañante. Nunca intenta situarse en el centro de atención. Siempre está añadiendo pequeños detalles que sirven a la canción y la hacen mejor.
Roberto Luti es conocido por su inconfundible trabajo con la guitarra slide ¿Hubo alguna canción que cambiara radicalmente cuando encontró el enfoque adecuado?
Roberto Luti es, sencillamente, mi guitarrista favorito del planeta. Me gusta absolutamente cada nota que toca. No diría que transformó por completo ninguna canción, pero sí consiguió elevarlas todas. Basta escuchar su trabajo de guitarra rítmica en «Strange World» para entender lo que aporta. Tiene una capacidad extraordinaria para enriquecer una canción sin alterar su esencia.
Llevas más de cuatro décadas escribiendo canciones y, sin embargo, este disco transmite cierta sensación de nuevo comienzo ¿Qué ha cambiado en tu manera de escribir y qué permanece intacto?
Si acaso, lo veo más como un regreso a las raíces. Comparado con otros trabajos recientes, este álbum suena mucho más a una sesión espontánea de músicos tocando juntos en una habitación, que es exactamente lo que fue. En cuanto a mi forma de escribir canciones, no creo que haya cambiado de manera fundamental con los años. Espero que haya evolucionado un poco, pero la esencia sigue siendo la misma.
Muchos proyectos internacionales se quedan en un simple intercambio de ideas. En vuestro caso parece haber existido una auténtica convivencia artística ¿Cómo fue el proceso entre un austríaco afincado en Hungría, un estadounidense y un italiano?
Desde el primer momento existió una especie de entendimiento silencioso entre los tres. Venimos de países diferentes, pero compartimos una misma educación musical, admiramos a muchos de los mismos artistas y tenemos referentes muy similares como músicos y compositores. Sinceramente, trabajar con estos caballeros me hace sentir como un niño en una tienda de caramelos. Y me considero muy afortunado de que, al parecer, el sentimiento sea mutuo.
El título Budapest Days apunta claramente a una ciudad concreta ¿Qué papel juega Budapest dentro del disco?
Budapest es el lugar donde viven los otros tres miembros de mi banda, así que, en muchos sentidos, somos una banda de Budapest, aunque yo divida mi tiempo entre Graz, en Austria, y un pequeño pueblo del oeste de Hungría. El título también hace referencia al hecho de que fue allí donde nos reunimos durante casi una semana. Pasábamos los días grabando en el estudio y las noches tocando conciertos, compartiendo tiempo juntos y disfrutando enormemente de la experiencia.
Tu obra suele describirse como profundamente autobiográfica ¿Dirías que este disco es especialmente personal o que la presencia de Luke y Roberto te llevó a mirar más allá de su propia experiencia?
¿De verdad dicen eso? No era consciente. Supongo que algunas de mis canciones pueden describirse como composiciones muy directas, casi como páginas arrancadas de un diario personal. Incluso las historias más ficticias suelen contener elementos procedentes de experiencias reales. Creo que eso ocurre con la mayoría de compositores y artistas honestos. En cuanto a Luke y Roberto, sin duda tuvieron cierta influencia, especialmente Luke, que me ayudó a seleccionar las canciones y además aportó dos juegos de letras para el proyecto.
A menudo se habla del carácter europeo de su aproximación al blues y la americana ¿Tiene sentido en 2026 seguir hablando de fronteras geográficas en una música nacida precisamente de la mezcla cultural?
No sabía que existía esa percepción, pero me alegra escucharla porque lo último que pretendo es imitar a nadie. En cualquier caso, no creo en las fronteras geográficas dentro de la música. Vivimos en una época en la que cualquiera puede escuchar música procedente de cualquier lugar del mundo en cualquier momento. Las influencias circulan libremente y eso hace que las etiquetas territoriales tengan cada vez menos importancia.
Después de esta experiencia compartida ¿ves *Budapest Days* como una colaboración puntual o como el comienzo de una asociación artística más duradera?
Digamos que prefiero verlo como una aventura única… con posibilidades de continuación.
Eduardo Izquierdo






