Encuentros

Pennywise, punk-rock como núcleo vital

 

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Hay bandas que por su sola integridad artística merecen reconocimiento y admiración. El cuarteto de Hermosa Beach, por poner un ejemplo de ello, hizo oídos sordos a los cantos de sirena de las majors en plena explosión comercial del punk de los 90. Prefirieron mantenerse fieles a la escudería Epitaph Records, como hicieran Fugazi con Dischord Records por esas mismas fechas. Y no les ha ido mal.

Nada mal, de hecho. Han vendido más de 3 millones de discos sin moverse una coma de sus ideales y parámetros para con la industria y los fans. Contemporáneos de Bad Religion o NOFX, su carrera destaca por una estabilidad admirable, pese a sufrir palos como la pérdida de su bajista original, Jason Thirsk, en su pico de mayor popularidad y ventas, a mediados de los 90. Durante el quindenio 1991-2005, despacharon nada menos que 7 álbumes editados cada 2 años, manteniendo elevados estandartes cualitativos.

En 1995 llenaron la barcelonesa sala Zeleste presentando su tercer álbum, About Time. 31 años después vuelven a pisar esa sala (actualmente Razzmatazz, el día 2 de julio), además de La Riviera, en Madrid (1 de julio). Más de tres décadas después tienen arrestos y capacidad de atracción para mantener ese nivel nada desdeñable de aforo en sus conciertos. Y allí estaremos para contároslo, alzando la voz y puño en alto, hit tras hit, celebrando el punk-rock como el faro vital que ha sido y es para Pennywise y sus numerosos fans. Como antesala a su esperada gira, tuvimos la suerte de poder charlar por videollamada con Fletcher Dragge, guitarrista, compositor y alma de los Californianos. Su entrega y generosidad en las respuestas y su pasión por lo que hace, convierten automáticamente una charla distendida (casi más que una entrevista, sí) con él, en una lección de vida. También, en toda una retrospectiva enciclopédica sobre el punk angelino y sus derivaciones posteriores.

 

 

Tú viviste la eclosión del punk angelino en primera persona. ¿Cómo fue estar ahí en ese momento histórico?

¡Oh, buena pregunta! Yo empecé en esto del punk-rock hacia 1980. De hecho, ya en el 78 o 79 me pasaron una casete que un tipo trajo de Inglaterra y me gustó, pero el sonido era terrible. Así que en aquel momento escuchaba más a Devo, B-52’s, Flying Lizards. Ya en 1980 empecé a escuchar Black Flag, Ramones, Dead Kennedys y todo eso. Y entonces me di cuenta de que Black Flag eran de Hermosa Beach, de aquí mismo. Y Descendents, Circle Jerks, Redd Kross, The Disposals… Resultaba fácil empezar a ir a conciertos y fiestas en patios traseros de casas. Black Flag estaban tocando a tres bloques de mi casa. Descendents tocaban en The Strand, gratis. La primera vez que vi a Black Flag con Henry Rollins al frente fue en el salón de una casa, para unas 100 personas. Crecí con todo eso y recuerdo que, en el primer concierto al que asistí, pensé, «yo también quiero hacer eso».

¿Cómo fueron tus inicios tocando?

Le comenté a un amigo que quería tocar la guitarra y me dijo que si me ponía, en tres meses podía estar tocando algunas canciones. Mi reacción fue como, ¿en serio? Así que me pillé una guitarra y formé una banda con un par de amigos del instituto: Con 800. Fue una primera experiencia muy iniciática, muy DIY; ni siquiera sacamos ningún disco ni nada. Eso sería del 82 hacia el 84/85.

Ya habían pasado unos años desde que explotó todo ¿cómo estaba la escena por aquel entonces?

Se empezó a diluir porque fue una época convulsa en L.A., Hollywood, Orange County y demás, con muchos problemas con la policía irrumpiendo en los bolos, revueltas… Se dejaron de hacer muchos conciertos, no teníamos dónde tocar, así que muchas bandas se separaron, hicieron una pausa o se volvieron más heavy, más comerciales o más rock convencional. Fue un momento deficitario para el punk-rock, especialmente en cuanto a la música en directo. La escena punk-rock de Los Ángeles estuvo bastante muerta entre el 85 y el 88 debido a la que se liaba en los conciertos y cómo las salas fueron censurando los bolos de punk-rock.

¿Cuál fue tu reacción en ese momento tan complicado?

Volverlo a intentar, porque tenía claro que quería tocar en una banda de punk-rock y no quería rendirme hasta alcanzar cierto éxito y poder girar. Quería tocar en San Francisco, Arizona, San Diego… Cosa que no habíamos hecho con mi primera banda, especialmente teniendo en cuenta los problemas que había en L.A.

¿Y cómo fue ese intento?

Era el año 1988. Éramos el batería de Con 800 y yo. Llamé a Jason Thirsk, el bajista, que tocaba en una banda llamada P.M.A. (Positive Mental Attitude), a quien conocía de algunas fiestas por la ciudad. Conseguimos también un cantante y estuvimos con esa formación un año. Al cantante le dio por hacer canciones de amor, así que dije NO. Salieron de la banda el batería y el cantante, y entró Byron McMackan a la batería. Jason nos dijo que creía que Jim Lindberg podría probar como cantante. Todos nos conocíamos del instituto y del barrio. Así que hablé con Jim y le pregunté si quería probar. Vino y en el instante en el que se puso a cantar fue como ¡JO-DER!

Y Pennywise ya era una realidad…

Sí, teníamos como 15 o 20 canciones y empezamos a tocar en patios de casas y sitios así. Le pasamos el material que teníamos a Jim. Se adaptó enseguida y empezó a darle su toque personal a las canciones. Flipamos con él.

Después de tantas idas y venidas, tendríais muchas ganas de avanzar con la banda…

Sí, pero más allá de las ganas de tocar, la razón principal por la que todo empezó fue el aburrimiento. Con todo parado, sin bandas y sin conciertos, necesitábamos un poco de punk-rock y diversión. Nos conocíamos entre nosotros, nos gustaba la misma música, así que nos pusimos a ello con esos primeros conciertos en fiestas por la zona.

Realmente empezasteis muy abajo, sin siquiera tener acceso a tocar en salas…

Sin embargo, la primera vez nos vinieron a ver 15 o 20 amigos. La segunda, 30. La tercera, 50… Empezamos a hacer fiestas con barriles de cerveza gratis y corríamos la voz: «Hey, montamos una fiesta con cerveza gratis y Pennywise tocando». Querían cerveza gratis, claro, pero nos veían tocar y pensaban que no estábamos nada mal. Así que se corrió la voz y empezamos a dar conciertos en fiestas organizadas en patios traseros en Hermosa Beach, Redondo Beach o Manhattan Beach, reuniendo 300 o 400 personas.

Eso ya es otra cosa, vuestra popularidad creció mucho.

El problema es que los polis empezaron a aparecer para cortar cada fiesta. Muchas veces solo podíamos tocar 6 o 7 canciones. Esto nos llevó a acelerar nuestras canciones para poder tocar más canciones antes de que aparecieran. Fue en ese contexto donde empezamos a tocar «Bro Hymn», donde Jim tocaba el bajo y Jason se ponía al micrófono, para dedicarla a algunos amigos que habían muerto demasiado jóvenes. A veces, cuando aparecían los polis la tocábamos con todo el mundo coreando, volviéndose loco.

¿Y cómo terminó esa etapa de conciertos en fiestas domésticas?

En un momento dado, ya con todo ese seguimiento, fuimos a tocar a un club en Hollywood. Para poder hacerlo tuvimos que mentir haciendo ver que no éramos una banda de punk-rock y que no íbamos a reunir tanta gente. Pero lo cierto es que vinieron 300 o 400 personas, incluso con buses organizados previamente para asistir al concierto. Tras lo ocurrido, los de sala nos aseguraron que no volveríamos a tocar allí nunca más.

Qué momento increíble para el punk-rock, sobreviviendo a pesar de todas las dificultades para tocar en salas, la persecución policial. Un momento único.

Fue muy cool. Todo lo que ocurrió fue increíble.

Y entonces apareció Epitaph Records…

El sello ya estaba en marcha con Bad Religion. Habían editado Into The Unknown, que fue un disco bastante raro. Nuestra banda favorita se había vuelto loca (risas). Pero ya con Back To The Known, su siguiente EP, todo muy guay, aunque estuvieron desaparecidos un tiempo.

Y justo en 1988 salió Suffer, un disco que lo cambió todo, ¿verdad?

Estaba en una tienda de discos, vi el Suffer, lo cogí y pregunté al de la tienda qué demonios era eso. Me dijo que el nuevo álbum de Bad Religion y le pregunté si estaba seguro, ya que llevaban mucho tiempo sin editar nada. Me dijo que sí, que acababa de salir. Así que me lo llevé por unos 6 dólares. Llegué a casa, me lo puse y mi cabeza explotó. A los cinco minutos llamé a Jason y le dije: «¡Eh «tío», ven a mi casa inmediatamente; tienes que oír esta mierda»! Se convirtió en la nueva Biblia, «tío». Recuerdo que si te ponías el disco en el coche para ir a Hollywood a un concierto, te daba tiempo a escucharlo dos veces. Dura veintipocos minutos, ¿sabes? Cuando terminaba, lo volvíamos a poner. Todo el mundo en el coche se volvía loco.

¿Y cómo afectó ese impulso a Pennywise?

Tuvimos claro que nuestro sueño era formar parte de Epitaph, el sello que editaba Suffer, y que queríamos que el tipo que producía el disco, produjera a Pennywise. No sabíamos que ese productor, que aparecía acreditado como The Legendary Starbolt, era Brett Gurewitz, guitarra de Bad Religion y capo de Epitaph.

Pero vuestro primer material no se editó en Epitaph.

No, sacamos un single de 500 copias, pagado por nosotros y con portada ensobrada a mano y encolada por nosotros mismos, en mi casa. Llevamos el single a una radio universitaria y cuando le contamos al DJ que nuestro sueño era fichar por Epitaph, nos dijo que conocía a Brett, que le pasáramos una copia, que se la haría llegar. Pero ese single era muy irregular. Tenía algunas canciones rápidas, pero otras con estilos diferentes, porque quisimos meter el material más variado posible en un solo 7″, a 33 revoluciones en lugar de 45. Quisimos meter ahí un poco de todo, a pesar de que teníamos muchas canciones rápidas más en nuestra onda.

¿Y qué dijo Brett?

Que no le gustaba. Que había un par de canciones buenas, pero que no era su rollo. Que lo sentía, pero no nos iba a fichar. Le pregunté si estaba seguro y me dijo que sí, que gracias, pero que no estaba interesado. Fue un palo.

Menuda decepción. ¿Qué hicisteis?

Teníamos mucho material nuevo en el que estábamos trabajando, así que al cabo de un par de semanas le llamé y le dije que teníamos nuevas canciones, que si se quería pasar por el local. Pero nada, declino la propuesta. Así que le propuse ir yo y robarle veinte minutos de su tiempo para mostrarle una demo con algunas de esas canciones, que, creía, le iban a gustar. Ante su negativa, le dije que se enrollara, que aunque fueran solo diez minutos o un par de canciones. Me dijo que OK, que me pasara el martes siguiente.

¡Tu obstinación dio sus frutos! ¿Cómo fue esta vez?

Me presenté con la demo, le puse un par de canciones y me dijo: «Pon otra». Tras esa tercera, me preguntó si el resto de canciones eran así. Le dije que sí, me preguntó que cuántas canciones teníamos, le dije que quince y me dijo: «Estáis fichados».

¡Buenísimo!

Como puedes ver, no acepto un no por respuesta (risas). Pero sobretodo, es un poco la historia sobre cómo entré en el punk-rock y cómo empezó Pennywise. Sin rendirse. Luego ya vino el fichaje por Epitaph, y el mundo entero dio un giro.

Vuestra relación con Epitaph Records, mano a mano de forma tan longeva, es una rareza en una industria que rara vez funciona así.

Es Brett, ¿sabes? Es punk-rock, principios, ideales y creer en lo que haces. Si lo que amas en la vida, se convierte en tu trabajo, sea lo que sea, no es un trabajo. Si lo haces porque te gusta, pero se convierte en tu trabajo, esa es la forma en la que deberías vivir tu vida. Eso es el punk-rock para Brett. No solo escribe canciones para Bad Religion, es todo el proceso de producir discos, dirigir el sello… Imagínate lo que debió ser para él en su momento recibir demos de bandas como nosotros o Rancid. ¡Wow, es la hostia! «Necesito producir esto y hacerlo llegar al mundo.» Muy gratificante.

Desde luego. Es hacer lo que te gusta, por vocación. Algo puro.

Brett siempre ha hecho todo eso por pasión, no por dinero. El dinero ha venido después. Hay sellos que buscan el mejor single, o el enfoque que más les interesa para vender su producto, fichando bandas que quizás ni les gustan, pero que tienen potencial comercial. Brett nunca firma bandas que no le gustan. Punto. Y eso para Pennywise supone hacer lo que queremos, sin ninguna presión ni grandes exigencias promocionales. Una major igual te diría que vuelvas al estudio, que falta un buen single, que lo sigas intentando. Eso para mí es basura. A lo mejor hemos creado un gran álbum, que quizás no sea suficientemente bueno para la gente del negocio que busca dinero, pero Brett te diría: «Buen álbum chicos; quizás no tiene singles radiofónicos, pero me encanta. Lo vamos a pasar bien con él». Así funciona una relación a largo plazo como la nuestra, basándose en la confianza mutua.

Vuestro último disco es de 2018. ¿Hay música nueva en camino?

La hay, pero tengo como unas 250 canciones. Son demasiadas canciones. Pero el problema, sobretodo, es que a la hora de componer, es como una pelea, en el mejor sentido, en la que todo el mundo participa y da lo mejor de sí. Todas las decisiones musicales, líricas, en una canción, nos tienen que convencer a los cuatro. Buscar ese entendimiento conjunto es muy difícil y ralentiza todo el proceso, pero así es como trabajamos. Eso sí, cuando lo conseguimos, creo que no hay una canción mala en el álbum. No vamos a sacar un disco con solo tres o cuatro canciones buenas y el resto paja. Hay bandas que lo hacen, pero nosotros no somos así. La idea es que escuches el álbum entero sin saltar una canción. Como con Bad Religion en Suffer o en No Control, entre otras muchas bandas.

Los primeros que os exigís mucho sois vosotros, pero se beneficia el fan.

Sí, porque esa sensación, cuando escuchas un disco y piensas que ahora viene tal canción o tal otra, y te encantan todas, es increíble. Por eso queremos hacer un verdadero álbum, no solo unas pocas canciones buenas junto a otras de relleno. Queremos que, si tocamos una canción nueva en directo, junto al viejo material, no desentone y nos anime a tocarla más a menudo.

Cuando ese nuevo álbum vea la luz, será un hito, porque habréis editado música durante cinco décadas consecutivas.

Es muuuy loco pensar eso. La verdad es que mi mente se siente como si tuviera 16 años, aunque ya tengo 60. ¡60 tacos! Físicamente me siento como si tuviera 80, aunque mi mente se siente como si tuviera 16 años! Ya sabes, demasiados años de mosh-pit, skate, pero la música te mantiene joven. Si me hubieran explicado que Pennywise duraría 40 años… ¡Son dos tercios de mi vida! Girando, sacando discos, bebiendo, de fiesta. Cuando salgo de gira son quizás 17 días seguidos bebiendo. Es lo que hago. Nunca maduras cuando estás en una banda.

Y además una banda de hardcore-punk…

¡Especialmente en una puta banda de punk! Te hace sentir con un corazón joven, aunque tengas tus achaques. Por todo eso será un placer sacar otro disco 40 años después. Nunca pensé que diría eso. Me siento muy orgulloso de todo lo que hemos hecho y de lo que significamos para la gente.

Sí, porque además vuestra base de fans se mantiene muy sólida y numerosa.

Si te conviertes en un fan de Pennywise, probablemente nunca dejes de serlo. Puedes parar en una época determinada, de más mayor. O si tienes hijos, o lo que sea, pero nunca olvidas lo que significó para ti. El otro día fui a fisioterapia porque tengo la espalda jodida, cogí el bolígrafo para firmar, y el doctor, que es bastante celebridad «arreglando gente» vio mi anillo con el logo de la banda y me dijo: «Oh, Pennywise, les amo. He pasado épocas de mi vida escuchándoles cada día y, de hecho, ¡les sigo escuchando! ¡Me encanta el disco Unknown Road, me cambió la vida!» Me preguntó si yo solía roquear también. Y cuando le dije que era el guitarra de Pennywise, flipó. También hay fans que vienen a los conciertos con sus hijos, convirtiéndoles en nuevos fans. Nos sentimos muy agradecidos por todo eso.

He visto que en los conciertos previos a esta gira española el objetivo ha sido celebrar toda vuestra trayectoria con los fans, tocando canciones de casi todos vuestros álbumes. Entiendo que eso es lo que nos espera, ¿cierto?

Creo que sí. tenemos una base de unas 20 canciones, a las cuales se suman 6 o 7 más en torno a las cuales vamos realizando variaciones cada noche. Hay material de los álbumes clásicos, por supuesto, pero también alguna cara B, canciones de algún recopilatorio, incluso puede que alguna canción nueva. Hemos barajado canciones como «Unknown Road», pero también canciones como «Anyone Listening», más lenta, más relajada, pero que es una pasada de canción. Tenemos un par de ese tipo, para no estar siempre pisando el acelerador y que todo sea mosh-pit. Relájate, fúmate un porro, tómate una cerveza. Es algo que hemos aprendido de Bad Religion, jugar con esa dinámica. Además es una canción que no habíamos tocado nunca en directo hasta ahora. Y por supuesto no faltarán los hits de Pennywise que todos quieren escuchar, como «Fuck Authority», «Society», «Perfect People» o «Bro Hymn», claro.

Siempre habéis tenido muchos fans en España. De hecho, lleváis más de 30 años tocando para un público bastante numeroso de forma continua, en salas de aforo muy respetable. Creo que es todo un logro para una banda de punk-rock underground, ajena a modas.

¡Es una locura! Como te decía antes, una de las mejores cosas que he tenido en mi vida son los fans de Pennywise. Tener ese efecto en la gente es muy noble. Se que hay gente a la que hemos salvado la vida, literalmente. Sé que generamos mucha lealtad en los fans. Hay mucha gente que conecta con la idea detrás de la banda, de las letras: «Vive tu vida, cada día puede ser el último». «Pueden pasar muchas cosas negativas, pero sigue pensando positivo; estás aquí ahora, así que saca lo mejor de tu día». Una vez conectas con esa idea tras Pennywise, que está en canciones como «Every Single Day» o «Living For Today», te conviertes en un fan. Y una vez lo haces, nunca te vas. Como decía antes, puedes dejar de escucharnos de forma regular, pero seguiremos en ti para siempre. Por eso hay fans que nos venían a ver con 20 años, que quizás dejaron de hacerlo un tiempo, y ahora lo vuelven a hacer con 50 tacos.

Texto: Daniel González

Un comentario

  1. Fotas

    @ruta66 oooh que maravilla
    Sabes si quedan entradas pa madrí?

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