Encuentros

Natchet Taylor, un trovador en la encrucijada

 

Son muchas millas, las que separan los clubes de Austin del circuito de salas de Barcelona y sus alrededores. Las mismas que ha recorrido Natchet Taylor, curtido veterano de la escena tejana afincado en la capital catalana, donde ha formado su propia banda con músicos locales.

Recientemente ha publicado «Troubadours of the Swingin’ Doors», su primer álbum al frente de la Natchet Taylor Band. Una colección de canciones que inyectan savia punk a estilos como el outlaw country o el honky tonk de toda la vida, tan aptas para devotos de Hank Willams como de Mike Ness.

¿Recuerdas cómo empezaste a componer canciones?

Desde que tengo uso de razón, siempre me he sentido atraído por la música y siempre he querido crearla. Recuerdo un día en particular, tendría unos dos o tres años e iba sentado en la parte trasera del Ford Pinto de mi madre. Ella, como de costumbre, llevaba la radio encendida. Sonaba rock’n’roll y pregunté quién cantaba. Mamá respondió: «Los Rolling Stones». Me pareció un nombre extraño para una persona y así se lo dije. Ella me explicó que no se trataba de una persona, sino de un grupo. Pregunté qué era un grupo y ella me explicó cómo cada integrante aporta algo distinto a la banda para crear ese sonido. En ese mismo instante, supe que quería formar parte de una banda y dedicarme a ello toda la vida. Cuando tenía cuatro o cinco años, aprendí por mi cuenta a tocar acordes en el órgano de mi abuela. Creo que a los siete años empecé a aprender a tocar la guitarra. Y desde entonces, simplemente seguí adelante.

Te forjaste musicalmente en la escena de clubes de Austin, Texas. ¿Cómo recuerdas aquella etapa?

Crecí en San Antonio, pero me mudé a Austin en cuanto pude. Para mí, Austin era simplemente el lugar más genial del mundo. Habían artistas, hippies, músicos, punks, escritores, bichos raros, lo que fuera. Austin se autodenomina la Capital Mundial de la Música en Vivo, y en aquel entonces era cierto. Todas las noches de la semana podías salir y ver talentos increíbles. Músicos de primera categoría de todos los géneros, un martes a la 1 de la madrugada en algún tugurio, tocando para 20 personas, todos pasándolo en grande. Había una sana competencia que nos mantenía a todos mejorando. Cuando compartes escenario con gente como Jason McMaster (Dangerous Toys, Broken Teeth), Adrian Conner (FEA, Hell’s Belles), el legendario Nick Curran, Sabrina Ellis (A Giant Dog) o Chris Gates (Big Boys, Charter Bulldogs), tienes que estar a la altura o rendirte. Toqué en muchísimas bandas allí. Mis favoritas fueron New Disaster, un grupo de rock y punk que hizo temblar las paredes de todos los bares de Red River Street y me llevó a Europa por primera vez; Nowherebound, un proyecto de folk punk con el cantante Chris Klinck que publicó más de seis álbumes; y Disko Wolves, una locura punk rock que fue una de las experiencias más divertidas que he vivido.

 

¿Por qué te fuiste de Texas? ¿Y cómo llegaste hasta Barcelona?

Había pasado gran parte de mi vida viajando, tocando música, conociendo lugares nuevos y gente maravillosa. Todo eso despertó algo en mí que fue creciendo con el tiempo. Creo que llevaba tiempo queriendo mudarme a Europa, era algo que tenía en mente. Mi esposa es de Europa del Este y vivíamos juntos en Texas. Ella me propuso la idea de mudarnos a Europa, y me entusiasmó. Terminamos en Barcelona porque nos encanta la ciudad, yo ya hablaba algo de español y mi esposa ya tenía la residencia en España. Fue la mejor decisión posible y me alegro mucho de que haya sido así. Me encanta Catalunya.

¿Fue difícil adaptarse al cambio?

Admito que cuando llegué a Barcelona, ​​no sabía casi nada de la ciudad ni de Catalunya. Me di cuenta de que el idioma, la cultura y la gente eran completamente diferentes del resto de España. Inmediatamente fui a una librería inglesa en Gràcia y compré un libro sobre la historia de Catalunya. Empecé a descubrir la existencia de increíbles comunidades de música country en la zona. Me quedé bastante asombrado. Pensaba que tal vez yo estaba aportando algo nuevo, pero descubrí que eso ya estaba aquí desde hacía tiempo, y me encantó. Fue fácil integrarme y empezar a hacer lo mío, como un pez rojo del Golfo de México deslizándose directamente al Mediterráneo.

¿Cómo se formó la Natchet Taylor Band?

Aterricé en Barcelona y una semana después estaba escribiendo un anuncio en un grupo de Facebook de músicos locales. Mi castellano era muy básico, mi catalán inexistente, no tenía alojamiento, ni papeles para quedarme, ni siquiera sabía cómo moverme por la ciudad, pero en una semana ya tenía una banda formada. Todo salió a la perfección, el universo lo juntó todo, y estábamos en una sala, improvisando y preparando un repertorio en directo. La formación original incluía la sección rítmica catalana actual: Alfons “Hollywood” Foriscot al bajo y Jordi “Randy” Oller (Th’Booty Hunters) a la batería, además de Jules Bastrup a la guitarra, que quizás era británico o belga. Es un hombre misterioso, así que no estamos del todo seguros de sus orígenes. Lo que sí es seguro es que toca la guitarra de maravilla y compone temas fantásticos. Escribió «Pale Rider» conmigo. Sin embargo, se mudó a algún lugar de Suiza, así que ahora tenemos al músico de Chicago Aaron Feder (The Grafeful Nights) en la pedal steel y al catalán Aleix Garriga (Joe Fields & The Folkytonks) en la guitarra eléctrica y la pedal steel.

Recientemente habéis publicado vuestro primer álbum, «Troubadours of the Swingin’ Doors». ¿Cómo surgieron canciones como «Running Out My Wild» o «Texacana Summer»?

Me traje la mayoría de esas canciones desde Texas. Provienen de una época muy intensa de mi vida. Algunas ideas surgieron mientras componía para Nowherebound. Como «Running Out My Wild», que es mi canción rebelde, con letras crípticas sobre épocas salvajes que a veces me sorprende haber sobrevivido.»Sonora» y «Texacana Summer» surgieron de un viaje fatídico y desesperado al desierto del oeste de Texas tras una ruptura particularmente dolorosa. Estuve encerrado en una caravana durante una semana, sudando a mares y volcando todas mis emociones en esas canciones. Hubo bastantes que no entraron en la selección final, ¡y menos mal!

Tu estilo bebe del outlaw country e incluso de pioneros del honky tonk como Hank Williams, pero también del punk. ¿Qué tienen en común el country y el punk?

Harlan Howard dijo que la esencia de la música country eran «tres acordes y la verdad», que también es la esencia del punk. Siempre he creído que es una actitud, más que un sonido o una estética. El antiautoritarismo, la lucha por la libertad individual, el desafío a las normas y el sistema social, la ruptura de barreras, esa mentalidad del «hazlo tú mismo», estas son las cosas que hacen que el punk sea punk. Mucha música country ejemplifica la esencia del punk. Basta con escuchar el sonido de Bakersfield y el country alternativo. Esos estilos eran transgresores y antisistema, un desafío a los estándares arraigados de la industria sobre lo que se suponía que debería ser la música country. Es fácil encontrar artistas que abarcan varios géneros, como Kacey Musgraves, Social Distortion, Hank III, Lydia Loveless y Molly Tuttle. John Coltrane era punk.

 

Texto: Oriol Serra

Fotos: Alexandra Matušková

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Contacto: jorge@ruta66.es
Suscripciones: suscripciones@ruta66.es
Consulta el apartado tienda