Encuentros

Micah P. Hinson, canciones para después del derrumbe

 

Micah P. Hinson nunca ha sido un artista cómodo. Desde que irrumpió con The Baby & The Satellite, su figura ha estado atravesada por una biografía extrema –adicciones, accidentes, pobreza, una compleja relación con la religión y la familia– que a menudo amenazó con devorar su propia música.

Sin embargo, a lo largo de discos como Micah P. Hinson and the Gospel of Progress,The Red Empire Orchestra, The Pioneer Saboteurs o The Holy Strangers, el tejano ha ido construyendo una de las obras más singulares y honestas del folk contemporáneo: canciones donde la belleza y el derrumbe conviven en un equilibrio tan frágil como profundamente humano.

Lejos de los relatos de superación al uso, Micah P. Hinson también desconfía de las palabras absolutas –salvación, escape, fe…– y prefiere hablar desde la incertidumbre. “Nada va a salvarme y nada me ha salvado”, admite con honestidad, aunque eso no implique rendición. Es, al fin y al cabo, lo que permanece cuando ya no quedan mitologías a las que aferrarse: la vida, con todas sus contradicciones.

Instalado en España y convertido también en escritor y padre, publicó el año pasado The Tomorrow Man, un álbum menos preocupado por la redención que por la lucidez que presentará el 19 de junio dentro del ciclo Sound Isidro (Copérnico, Madrid), el 20 en la (2) de Apolo de Barcelona (dentro del ciclo Cruilla Concerts), el 23 de octubre en el Teatro Colón de A Coruña en el Ciclo Intermodal y el 29 de octubre en el Festival de Jazz de Cartagena.

“No estoy del todo seguro de que este disco trate sobre la sanación. Creo que tiene más que ver con la claridad”, explica Micah P. Hinson en la siguiente entrevista.

Ahora que has publicado The Tomorrow Man, ¿qué parte de ti crees que ha quedado más expuesta en ese disco: la herida, la lucidez o la necesidad de empezar otra vez?

No estoy del todo seguro de que este álbum trate sobre la sanación. Creo que tiene más que ver, como dices, con la lucidez. Los nuevos comienzos son algo difíciles porque siempre estamos obligados a seguir arrastrándonos por este mundo, así que volver a empezar se parece bastante a una imposibilidad. Pero con lucidez, todo es posible.

En «Think of Me» cantas: “Wind will carry the rain that falls on me” y “Wish for me the words that I can’t find”. ¿Es una canción sobre pedir ayuda, sobre la imposibilidad de decir ciertas cosas o sobre aceptar que a veces la emoción va por delante del lenguaje?

Esta canción, aunque la mayoría de la gente con la que he hablado piensa que es de “amor”, trata más bien sobre la tragedia de nuestras palabras y sobre el peso que tienen. Pasé muchos años de mi vida intentando ser romántico, una especie de visionario del amor, utilizando palabras y emociones que parecían no hacer otra cosa que atraparme. Crecí en la época de The Cure, donde los grandes gestos grandilocuentes dominaban el panorama, pero, al crecer, creo que me di cuenta de que las palabras también pueden ser vacías e inútiles. Para mí, esta canción llama la atención sobre la responsabilidad que tenemos al utilizar nuestras palabras –con nosotros mismos o con los demás– y sobre el precio que implica usarlas.

Menciono a continuación tu libro No voy a salir de aquí, donde creo que hay una sensación constante de huida, pero el propio título afirma lo contrario.

¡Oh, ese libro! ¡Qué ser humano tan joven era! Cuando lo escribí pensaba que yo era el héroe, pero ahora, siendo mayor, me veo un poco más como el villano. Ese título lo eligió la editorial; mi título original era You Can Dress Me Up, But You Can’t Take Me Out (Puedes arreglarme, pero no puedes sacarme de aquí), que para mí sí transmite claramente una sensación de encierro. No veo demasiadas referencias a la huida en el libro. Me sentía atrapado cuando lo escribí y me sentía atrapado mientras vivía todo aquello. Es un libro muy claustrofóbico.

Con los años, ¿has descubierto que uno nunca escapa realmente de sí mismo?

Sí, escapar es inútil, pero la lucha y la batalla que debemos afrontar para convertirnos en las mejores versiones de nosotros mismos –las mejores para nosotros y para los demás– son inevitables. Como decía antes, cuando intentamos escapar seguimos cargando con el peso de lo que somos sobre nuestros hombros. Debemos enfrentarnos a esos pesos que llevamos encima; debemos dejarlos caer; debemos seguir adelante e intentar arrastrar con nosotros la menor cantidad posible de esos atributos destructivos.

En algunas de tus canciones siempre parece haber un equilibrio frágil entre belleza y derrumbe. Pienso, por ejemplo, en la instrumental «Chains/Strings» de The Late Cord, que aunque carece de letra, parece percibirse ese frágil equilibrio entre la belleza y el derrumbe. ¿Te interesa más la canción que se sostiene o la que amenaza con romperse?

Hmm… Supongo que ambas. Estoy de acuerdo en que muchas de mis canciones antiguas tenían esa sensación de derrumbe. Creo que, como ocurre con casi todo lo que hago, siempre va a existir esa sensación de dualidad: la unión y la desintegración. Creo que esos son los dos factores principales de la vida y, si eso es la vida, entonces eso es sobre lo que cantaré; porque, al final, eso es lo único sobre lo que canto: la vida y el hecho de vivirla.

¿Quién te rescata ahora cuando te miras por dentro: la escritura, la música, la distancia o la gente que te quiere? Te pregunto esto por el tema «The Day The Volume Won», perteneciente al disco de 2005 The Baby & The Satellite, cuando cantas: “You rescued me from me”.

Oh, joder… Nada va a salvarme y nada me ha salvado. Por supuesto, podemos utilizar la música para encontrar cierto alivio frente a los horrores de la vida, sí, pero encontrar una vía de escape, una vez más, es imposible. Solo podemos cambiar nuestro entorno e intentar cambiar la manera en que afrontamos la vida, con todos sus altibajos. Aun así, ser rescatados es, desde luego, el sueño; es algo que buscamos y una gracia que anhelamos en esta vida. Pero sí, escapar parece bastante inútil. Y, aun diciendo todo esto, no siento que esté siendo negativo; simplemente estoy siendo honesto. Y aunque no exista una verdadera escapatoria, eso no debería impedirnos intentar hacerlo lo mejor posible.

Cuando escribes una canción, ¿sigues buscando la salvación o ya no confías en esa palabra?

Buena pregunta. “Salvación” es una palabra muy poderosa. Está profundamente entrelazada con mi educación en la iglesia cristiana. Me dijeron –y me enseñaron– que la “salvación” era el objetivo número uno de la vida. Sin embargo, para mí, esa “salvación” parecía provenir de una mano invisible que nunca podía ver; por lo tanto, encontrar la “salvación” en algo así nunca tuvo demasiado sentido. Creo que los conceptos de “salvación” y “escape” son muy parecidos. ¿De qué estamos siendo salvados? ¿De qué estamos escapando? ¿De dónde proviene esa supuesta “salvación”? Tengo grandes problemas de confianza debido a cómo fui criado y a lo que me enseñaron a creer, y ha sido un viaje de toda una vida acercarme a aquello en lo que realmente creo y alejarme de lo que considero dañino o falso.

También escribes en el libro sobre personajes que parecen vivir al borde de la desaparición, como si el amor fuera apenas “un patético intento de supervivencia”. Escuchando ahora The Tomorrow Man, ¿sigues creyendo que el amor sirve para salvar algo o más bien para soportar el derrumbe del que hemos hablado?

Yo estaba en un lugar muy distinto de mi vida cuando escribí esa novela. Estaba arruinado, estaba sucio, me costaba mantener un trabajo, me costaba alimentarme, etcétera. Era muy parecido a un niño, y además a un niño perdido. Ahora, desde mi perspectiva actual, sí, creo que el amor es una pieza de magia increíblemente poderosa y que es capaz de cosas extraordinarias y muy potentes. Como le digo a mi hijo: “La vida consiste en intentar soportar los horrores de la existencia”, pero eso no significa que no merezca la pena vivirla ni que el amor que traemos al mundo no sea capaz de ayudarnos. Más bien al contrario: el amor es realmente lo único que tenemos. Debemos utilizarlo correctamente y protegerlo adecuadamente.

¿Sigues creyendo en Dios? En «I Don’t Know God» dices: “Cause I don’t know God, and he don’t know me”. Después de toda una vida marcada por la religión, ¿esa frase suena hoy a ruptura, a alivio o a una forma distinta de fe?

Mi fe en “Dios” no es precisamente la que mi querida madre desearía para mí. Personalmente, no consigo encontrarle sentido a todo ello, especialmente después de haber pasado toda mi vida viendo a personas predicar una cosa y luego salir al mundo y actuar exactamente de la manera contraria. La fe, para mí, ahora parece algo detrás de lo que esconderse; algo que se utiliza como máscara. Fue la hipocresía de todo ello lo que, al final, creo que destruyó la fe que pudiera haber tenido en un “Dios” así. Pero no soy un hombre sin dios ni estoy desprovisto de bondad solo porque no encuentre la “salvación” en esas cosas. Supongo que creo en el poder de la Humanidad y no siento que necesite un libro para decirme qué tipo de ser humano soy, si bueno o malo.

En varias entrevistas has hablado de un “cambio cósmico” en tu vida. ¿Cómo sabes, en tu caso, que una decisión no es solo una reacción al dolor, sino un punto de no retorno?

Eso se sabe cuando debes desprenderte de casi todo lo que hay en tu vida como si fuera la piel de una serpiente. Un cambio cósmico ocurre cuando no existe otra manera de vivir que seguir avanzando. Un cambio cósmico sucede cuando el dolor y la verdad se encuentran. Esos momentos de la vida son innegables y, por lo general, muy dolorosos. Hay muchas decisiones que tomar, e intentar tomar las mejores decisiones puede ser un asunto arriesgado.

Después de tantos cambios y de tu traslado a España, ¿qué significa hoy para ti la palabra “hogar”?

El hogar, para mí, es un lugar donde puedo sentirme lo más seguro posible. El hogar es donde está el amor. El hogar es donde existe la esperanza. El hogar es un lugar donde apoyar la cabeza y no tener que vivir con el miedo de que algo vaya a irrumpir en mitad de la noche y te lo arrebate todo. El hogar puede moverse y cambiar, y también pueden cambiar las personas con las que compartes ese hogar, pero, con una buena perspectiva, espero que encontrar un lugar así pueda ser una fuente de alegría, un lugar de paz.

Texto: Carlos H. Vázquez

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