
La trayectoria de Joss Stone desafía toda lógica. Siendo todavía adolescente, irrumpió en la escena internacional con The Soul Sessions, un debut de versiones que abrió el camino de discos decisivos como Mind, Body & Soul, Introducing… Joss Stone o LP1, trabajos en los que fue construyendo una voz propia pivotando entre el soul, el R&B, el funk y el pop.
Su último álbum de estudio hasta la fecha, Never Forget My Love (2024), tras un directo y el disco de navidad, producido junto a Dave Stewart, reafirma que la cantante británica afincada ahora en Nashville había aprendido a habitar sus contradicciones sin renunciar al asombro porque, como ella misma dice, “la vida es una sorpresa”. Tal es así que después de la gira europea que la llevará por Barcelona (24 de junio en Blaumarí Music Festival) y Madrid (26 de junio, dentro del ciclo Villanos del Jazz en La Riviera) entrará al estudio para grabar el que será su próximo disco, el cual espera que sea –valga la redundancia– una sorpresa para el público.
¿Sigues necesitando el “beso de una melodía”, como cantas en «Girl (They Won’t Believe It)»?
¿Si necesito el beso de una melodía? Sí, creo que sí. Y creo que siempre, te diría. Me encantan las melodías, son la forma que tenemos de comunicamos.
Si la melodía es la forma en que nos comunicamos, ¿por qué hay gente que piensa que el soul es solo para la gente negra?
Es simplemente ignorancia. Creo que tiene que ver con el marketing o con algo heredado del pasado, ¿sabes? Cuando era más joven me di cuenta de que la gente intentaba explicarlo todo. Escribes, ¿verdad? Pues tienes que poder hablar de las cosas, necesitas palabras para explicarlas. Por eso necesitáis géneros. Necesitáis poder decir: bueno, esto es algo de r&b, soul, funk, hip hop, jazz… Necesitáis contarle a alguien cómo es la música usando palabras. Así que sí, creo que por eso se colocaba a la gente en compartimentos diferentes. Y no sé, no creo que eso sea siempre relevante.
Las etiquetas…
Sí, sí. Es simplemente más fácil compartimentarlo todo. Pero así no funciona la naturaleza.

Para tu primer disco, The Soul Sessions, la discográfica no creía en tus propias canciones.
Bueno, cuando era una niña realmente no tenía canciones propias. Nunca había compuesto canciones. Solo tenía catorce años. Había empezado a escribir justo cuando me ficharon. Tenía escritas algunas cosas, pero no era como si supiera lo que estaba haciendo. No tenía ni idea, de hecho, de lo que estaba haciendo. Sí quería cantar canciones originales, pero ellos tenían la idea de hacer un disco de versiones. Y yo pensaba: “No, no quiero hacer un disco de versiones. Quiero hacer mis propias canciones”. Pero tampoco tenía un montón de canciones y una carrera artística desarrollada. Estaba aprendiendo, era una niña escribiendo pequeños poemas aquí y allá. Creo que habría sido muy diferente si hubiera sido una mujer de 25 años con una enorme colección de canciones y una obra consolidada y ellos me hubieran dicho que no. Pero yo solo tenía catorce años, era una niña pequeña, como te digo, así que no importaba tanto. Y enseguida, después del primer disco, llegó Mind, Body & Soul. Ahí ya pude utilizar mis canciones y mis palabras. E incluso esas canciones estaban escritas junto a grandes compositores. Pero todavía estaba aprendiendo a escribir canciones.
¿Cómo puede sentirse propia una canción que no has escrito tú, que te es ajena?
Creo que tiene que ver con contar historias. He observado algo maravilloso de la música: puedo escribir algo y para otra persona puede significar muchísimo más o algo completamente distinto. La gente viene y me dice: “Esta canción fue la banda sonora de mi vida” o “Esta canción me ayudó a superar una ruptura”. Y me di cuenta de que para eso sirve la música. Es como una medicina de la Madre Naturaleza, que es precisamente lo que esas canciones acabaron siendo para mí, porque podía interpretarlas a mi manera. Cuando cantaba Super Duper Love (Are You Diggin’ On Me) o cualquiera de aquellas canciones, colocaba mi propia historia dentro de ellas. No investigaba cuál era la historia original porque no conocía al compositor –que en este caso es de Willie “Sugar Billy” Garner–, no sabía nada sobre su contexto. Simplemente leía la letra y proyectaba mi propia historia sobre esas palabras, y entonces la contaba.
¿En quién piensas cuando cantas «Wildflowers» de Tom Petty? ¿Cómo la descubriste?
Me la descubrió una amiga que canta música country. Me pareció una canción bellísima. Y cuando la canto, pienso en mi abuela. No sé si ella era fan de Tom Petty, pero deseo que todas las personas a las que quiero estén en el mejor lugar posible. Cuando canto Wildflowers pienso en personas que ya no están aquí con nosotros, como si estuvieran en el mundo espiritual, y eso tiene mucho sentido para mí cuando la interpreto. La verdad es que no sé exactamente sobre qué o sobre quién la escribió Tom, pero transmite una especie de amor muy ligero, muy puro, como diciendo: “Solo quiero que seas feliz, estés conmigo o no”. Es una canción muy profunda y lo siento así cada vez que la canto. Incluso los miembros de mi banda y de mi equipo han perdido a alguien. Todos rezamos y esperamos que esas personas estén entre las flores silvestres. Por eso significa tanto para todos nosotros.
¿Cómo eliges las canciones que decides versionar? ¿Utilizas el mismo criterio para seleccionar el repertorio de tus conciertos?
¿Sabes qué? Antes tenía una lista de canciones que todos conocíamos y las iba escogiendo sobre la marcha durante el concierto. Todavía lo hago un poco, pero durante veinte años funcioné así. Un día, cuando llegué a mi vigésimo aniversario quise celebrarlo, entonces preparé un espectáculo completo. Fue la primera vez que diseñé un show de verdad. Antes no lo hacía, solo salía al escenario, observaba al público, le decía a la banda cuáles serían las tres primeras canciones y luego me dejaba llevar por la energía de la gente, me alimentaba de ellos. Pero cuando llegó el vigésimo aniversario, pensé: “Tengo que preparar un espectáculo que abarque toda mi carrera”. Necesitaba ser algo pensado y organizado. Y me alegro de haberlo hecho, porque me enseñó una nueva forma de dar conciertos. Pensé: “Quizá deberíamos crear espectáculos más a menudo”. Y eso es lo que hemos estado haciendo últimamente. De hecho, voy a empezar los ensayos el lunes, martes y miércoles de la próxima semana. Tengo que crear un nuevo show que haré para vosotros. Quiero darle un aire un poco más disco porque estoy trabajando en un álbum más orientado a ese sonido. También quiero tocar algunas canciones nuevas que todavía no he grabado. Quiero ver cómo reacciona la gente, captar la energía, ver qué funciona… Me parece una buena oportunidad, grabaremos en octubre y necesito recibir comentarios antes de entonces.
«You Had Me» es una canción que nunca abandona tu repertorio. Pero lo que me llama la atención son sus compositores: Betty y Francis Wright, y también Wendy Stoker, tu madre.
Sí. De hecho, es una compositora muy buena. No toca instrumentos ni canta, pero es una gran letrista, es muy buena contando historia y es una persona muy creativa. Creo que en esa canción mi madre aportaba letras inspiradas en sus relaciones personales, yo aportaba las mías y Betty y Francis Wright probablemente aportaban las suyas. Es algo curioso cuando escribo una canción con un colaborador que conoce toda la historia. Por ejemplo, Dave Stewart sabía prácticamente todo cuando trabajábamos juntos. Se toma muchísimo tiempo para hablar conmigo y entender quién soy. Lo mismo pasa con Jonathan Shorten, otro de mis colaboradores y uno de mis mejores amigos. Ellos saben de qué estoy hablando, pero otras veces entro a escribir y no le cuento al otro compositor de qué trata realmente la canción. Simplemente escribo y al final funciona.
¿Qué escuchabas en casa entonces?
Escuchaba a Aretha Franklin cuando tenía unos diez años, pero ya escuchaba más música antes de eso. Cuando era muy pequeña escuchaba la música de mis padres. Mi madre ponía mucho a Anita Baker y mi padre a James Brown y Solomon Burke. Mi madre también adoraba a Whitney Houston. Recuerdo que Melissa Etheridge sonó mucho durante mis primeros años. Esas son las voces que recuerdo. Y también a Linton Kwesi Johnson. A mi padre le gustaba mucho el reggae.
¿Lo haces con tus hijos?
No lo hago tanto. No les pongo mucha música. No sé por qué. Quizá porque yo misma estoy rodeada de ruido constantemente. Si hacemos pequeñas fiestas de baile en la cocina, entonces pongo música, pero ahora ya son mayores para elegir lo que quieren escuchar. No me gusta bombardearlos con ruido, prefiero ver hacia dónde van de forma natural. He observado que cada uno tiene gustos muy propios. Violet, mi hija mayor, adora el pop femenino, ese tipo de pop con cierto aire country. Mi hijo Shackleton prefiere lo que él llama “canciones de chicos”: le gusta escuchar voces masculinas. También le encanta la música orquestal y las bandas sonoras de cine (nunca me lo imaginé). Mi hijo Bear disfruta cualquier cosa con ritmo, como el hip hop, que le encanta, pero también los ritmos africanos, brasileños… y cualquier cosa basada en la percusión, incluso si es un beatboxer. Se incorpora y empieza a moverse. Y Nalima, la más pequeña, sigue mucho a Bear. Es muy natural en ellos. Ninguno me pide que ponga a Aretha Franklin. Me resulta fascinante.
¿Qué escucha Violet ahora?
Le encanta Spinning Around, de Kylie Minogue porque le chifla dar vueltas sobre sí misma. También le gusta una serie infantil –no sé si la conocerás– que se llama algo así como K-Pop Demon Hunters y la canción titulada Golden, aunque en realidad a todos los niños les gusta. Esa es probablemente su favorita.
¿Violet ha escuchado «You’re My Girl», la canción que le dedicaste?
Pues hace mucho que no la canto. [Joss Stone entonces comienza a cantar: “…You’re my girl, I got a thing for you…”] En realidad la escribí pensando en una de mis mejores amigas, Celine, a la que hace mucho que no llamo y debería llamar. Cuando nació Violet empecé a cantársela a ella.
¿Cómo ha cambiado la maternidad tu perspectiva creativa, la manera de hacer canciones?
Siento que la maternidad no me ha cambiado en lo esencial, que en el fondo sigo siendo la misma. Y la razón por la que hago canciones probablemente tampoco ha cambiado. Compongo porque es mi trabajo. Da de comer a mis hijos, que es una razón importante. Pero la razón realmente importante es que es lo que soy; si no lo hiciera sentiría que una gran parte de mí no está alimentada, me sentiría vacía, así que necesito hacerlo. Ser madre solo significa que tengo menos tiempo. Ese es el único cambio. Pero sigo diciendo las mismas cosas y disfrutándolo de la misma manera.
¿Cómo de feliz puede ser alguien que ha cantado con Tom Jones, Mick Jagger, Ricky Martin… o para Aretha Franklin?
Tan feliz como quiera ser. Creo que nosotros lo elegimos. He hecho muchísimas cosas y siento que he vivido una vida muy intensa, muy plena. Y ahora que tengo hijos, pienso: “Vale, solo quiero cuidar de ellos”. Es lo que más quiero, porque quiero que sean felices. Y mi felicidad depende en gran medida de que ellos estén bien. Sé que algunos terapeutas dirían que eso no es correcto, que no debería basar mi felicidad en otras personas, pero… ¡al diablo! Yo solo quiero que mis hijos estén bien, entonces yo soy feliz. Tenemos una vida preciosa delante de nosotros y podemos elegir las cosas que nos llenan de alegría.
¿Te sentías feliz cuando cantabas disfrazada de salchicha en Mask Singer?
(Risas) Fue el concierto más divertido de toda mi vida, nunca me había reído tanto actuando, y además estaba embarazada de cinco meses de Violet. Fue difícil, pero también increíble. Nos reímos muchísimo. Después, cuando se emitió el programa, todo el mundo me llamaba preguntándome: “¿Eres tú la salchicha?”. No podía parar de reír, todo el país se estaba riendo. Creo que fue una de las experiencias más alegres que he vivido. Fue divertidísima.
¿Cuántos “besos” de una melodía esperas recibir después de esta gira, tus nuevos planes?
Me gustaría terminar un nuevo álbum que ya he escrito. Ahora mismo estoy terminándolo de hecho. Quiero grabarlo en octubre, como te contaba antes. Todavía no está cerrado, pero quiero hacerlo. Cruzo los dedos para conseguirlo. Tengo una idea muy interesante para este trabajo, que será muy diferente a cualquier cosa que haya hecho antes. Habrá dos versiones del álbum: una más reconocible, como un disco de Joss Stone, y otra diferente. Estoy muy ilusionada. Durante esta gira voy a probar dos canciones nuevas y un fragmento de otra, así tendré una idea de cómo reacciona el público. Espero que a la gente le guste, que les dé alegría y les haga bailar. Si todo va bien y Dios quiere, el año que viene estará publicado.
Pero aunque hagas planes, ¿la vida es una sorpresa?
Sí, supongo que sí, que la vida es definitivamente una sorpresa, porque nunca sabes qué va a pasar. De verdad que no lo sabes. Puedes hacer todos los planes que quieras y Dios se va a reír, porque no tienes ni idea de lo que va a ocurrir; no depende de nosotros. Hay que entregárselo al universo. Lo único que puedes hacer es avanzar con positividad, esperar lo mejor y prepararte para lo peor. Es como una partida de ajedrez, tienes que pensar tus movimientos: “Si hago esto, podría pasar aquello”. Esperemos que no ocurra, pero podría ocurrir, así que es mejor estar preparados. La vida es una gran sorpresa.
Texto: Carlos H. Vázquez
Fotos: Tina Turnbow






