Dos de los grandes discos de rock de este año tienen un aroma a R.E.M. que tira de espaldas. El primero el de los benditos Drivin’n Cryin, y el segundo este que nos ocupa. El guitarrista de los injustamente valorados The Tragically Hip entrega aquí un disco sereno, elegante y profundamente emocional, de esos que no necesitan levantar la voz para imponerse. Este debut en solitario en formato largo respira madurez y una sensibilidad muy afinada, fruto de una trayectoria larguísima donde siempre ha brillado más la contención que el exceso. La conexión con su banda está presente, claro, pero aquí todo suena más personal, más despojado, como si por fin pudiera hablar con su propia voz sin intermediarios. Y esa voz, precisamente, es la que sostiene un disco que crece con cada escucha. Temas como «Hardly Holding On» o «Into the Night» muestran su talento para la melodía contenida, mientras que la mayoría de temas refuerzan esa idea de diario íntimo hecho música, con letras que observan la vida desde la calma y la experiencia, sin olvidar que esto es rock my friends.
Eduardo Izquierdo






