Veintiocho minutos. Eso es lo que necesita el The Connection Brad Marino para dar otro puñetazo encima de la mesa. Aquí no hay trampa ni cartón (como en ninguno de sus discos), solo velocidad, melodía y actitud a raudales. Brad Marino vuelve a demostrar por qué es uno de los grandes arquitectos actuales del power pop de corte ramoniano, ese que vive entre el garage rock y el punk más luminoso. El disco se mueve como un disparo continuo, sin apenas respiro, con canciones cortas, directas y diseñadas para quedarse a vivir en la cabeza. Se nota la escuela de los Ramones, pero también una querencia por el rock and roll clásico y el power pop más adictivo, con ecos que van de los años 60 al punk más inmediato. Todo tocado con una convicción que evita la caricatura y lo acerca más a la celebración que al pastiche. Directo, divertido y tremendamente eficaz, te reconcilia con el placer puro de una guitarra enchufada y muestra que con el impasse de The Connection no hemos perdido una banda, sino ganado dos solistas tremendos como Geoff Palmer y el mismo Marino.
Eduardo Izquierdo






